Tenemos que hablar.

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- Sí, ya hablaré con él y lo solucionaremos. ¿Podemos ir a cenar ya? Me muero de hambre. - Dije cortante.

Laura tenía razón, pero creo que era mejor que las cosas se quedasen como estaban. Por mucho que quisiera que Gavin y yo tuviéramos algo, no creo que de ahí saliese nada bueno, sinceramente.

- Claro, vamos.

Caminamos en silencio hasta la pizzeria y cuando llegamos allí, no nos quedó más remedio que cortar aquel incómodo silencio para decidir que era lo que queríamos cenar.

- Dos pizzas carbonara medianas, por favor. - Le indiqué al cocinero.

Nos sentamos en una de las mesas y cuando iba a sacar algún tema para charlar, vi a través de la puerta de cristal que Gavin iba a entrar.
Laura debió de darse cuenta de mi cara de vergüenza porque se giró rápidamente para mirar qué pasaba.

- No me lo puedo creer... - Murmuró mientras se partía de risa.

- Shhh, cállate idiota. Nos va a escuchar. Haz como si no pasara nada.

- Ya claro, eso tendría que decirte yo a ti. - Continuó riendose.

Por suerte, Gavin no vino a saludarme. Se dirigió directo al mostrador para hacer su pedido, después se sentó unas mesas más allá y sacó el teléfono móvil para disimular. Aunque disimulaba horriblemente mal, porque no paraba de mirarme divertido.

- Tia, ves a saludarle o a decirle algo. ¡No para de mirarte! - Me dio una patada por debajo de la mesa, a lo que yo le di otra todavía más fuerte, haciendo que la mesa se moviese.

- No seas ridícula, seguro que le molestaría. - Hice un ademán con la mano para que se callara, pero Laura siguió insistiendo.

- Tú eres la ridícula. Te ha dicho que le gustas ¿Cómo narices le va a molestar que vayas a saludarlo? - Parecía que estaba empezando a enfadarse.

- Al único sitio que voy a ir es al baño. - Dije agobiada.

- Muy bien, ya me quedo yo vigilando a tu novio. - Lo dijo cuando yo ya estaba caminando hacia el baño, por lo cual, utilizó un volumen de voz que era muy probable que Gavin lo escuchara.

Me giré mientras seguía caminando y le chisté furiosa. Miré a Gavin, quien estaba tratando de esconder su risa.

Entré al baño y fui hasta el lavabo para mojarme un poco la cara.
No quería ilusionarse con Gavin, ¡pero es que me lo encontraba hasta en la sopa! Y los comentarios de Laura no me ayudaban para nada...

- ¿Es que no quieres ni saludarme? Parece mentira que ayer durmieras en mi cama... - Gavin había entrado al baño de chicas y se estaba acercando a mí como si nada.

- ¿Te quieres callar? Alguien podría escucharte.

- Aquí solo estamos tu amiga, tú y yo. Bueno y el pizzero, pero está metido en la cocina y es imposible que nos escuche. Y apuesto a que ya le has contado eso a tu amiga. ¿Por qué es tu amiga, verdad?

- Sí, no tengo ni novio ni novia, pero ¿y a ti qué más te da eso? - Siempre conseguía liarme y llevar todo a su terreno.

- ¿Tú puedes molestarte si yo salgo con alguien, pero yo no? - Inquirió molesto.

- A mí no me molesta si tu sales con alguien. - Mentí.

- Ya claro. - Gavin se acercó más a mí, pero justo en ese momento, Laura entró en el baño y él se apartó rápidamente.

La miré alucinando... Yo la quería mucho, pero era muy inoportuna.

- Lo siento, no quería interrumpir. - Mintió entre risas.

- No interrumpes nada, solo se ha equivocado de baño.

Gavin me miró alzando una ceja, casi podía escucharle diciendo "no había otra excusa peor"

- ¿Qué pasa, ya están las pizzas? - Pregunté enfadada.

- Sí, para eso venía. - Dijo Laura.

- Pues venga.

Los tres salimos del baño, Laura y yo volvimos a nuestra mesa y comenzamos a comer.
Gavin se marchó en cuanto su pizza estuvo preparada.

Saqué el móvil y le envié un mensaje a Gavin.

- Gavin, tenemos que hablar.

Detective Reed. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora