Salir de la cama.

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- Hannah, lo siento. - Le costaba hablar y no dejaba de temblar. Verle así me desgarraba por dentro, nunca pensé que me encontraría en una situación como esta. Yo también estaba muy asustada... Si no hubiese reaccionado, Gavin estaría muerto.

- No pasa nada, amor. Venga, tenemos que ir al hospital. - Coloqué mis manos sujetandolo de las mejillas, asegurándome de que captaba toda su atención.

- No, no es necesario. Sólo necesito descansar. - Sé apresuró a decir.

- ¡Joder! Pareces un zombi, necesitas un médico.

- Sólo te necesito a ti...y a mi cama. Te necesito a ti en mi cama. - Bromeó finalmente.

- ¡Demonios, Gavin! No es el momento para eso ahora.

Se encogió de hombros y suspiró exhausto.

- Por favor, quiero irme a casa.

- Está bien, vamos.

Le rodeé el cuello con mi brazo mientras que con el otro le rodeé la cintura. Dejé que apoyase su cabeza sobre mi hombro y lo arrastré como pude hasta el interior de un taxi. Cuando llegamos a su casa, lo primero que hice fue ir a por el botiquín de primeros auxilios para limpiarle las heridas.
Estaba sentado en el borde de la bañera mientras yo ejercía presión sobre la herida que tenía en la mejilla. De verdad que intentaba hacerle el menor daño posible, pero él no paraba de tensar la mandíbula nervioso.

- Nunca te he preguntado sobre la cicatriz que tienes en la nariz y no sé si ahora es un buen momento para hacerlo, pero siento mucha curiosidad por saber más. - Acaricié con cuidado aquella cicatriz y él cerró los ojos entristecido.

- Me metí con el tipo equivocado. - Sé limitó a decir cansado.

Decidí que aquella noche, no quería atosigarle con preguntas sobre eso. Me limité a curarle las heridas, le ayudé a ducharse, a ponerse el pijama y lo tumbé sobre su cama. Caminé con vagueza hasta su armario, me quité la ropa y cogí una de sus camisetas para usarla de pijama, pero él se levantó y y apoyó sus manos en mis hombros. Las deslizó lentamente hasta posarlas a cada lado de mi cadera.

- Gracias por salvarme, princesa... Y lo de necesitarte en mi cama iba totalmente en serio. - Susurró en mi oído antes de que su boca viajara hasta mi cuello. No pude evitar suspirar de placer. Cerré los ojos para olvidarme de todo y simplemente dejarme llevar por sus caricias y toqueteos. No tardó demasiado en deshacerse de mi sujetador y me agarró con fuerza de las caderas para llevarme de nuevo a su cama. Me indicó que me tumbase y eso fue lo que hice. Después se tumbó encima de mí, dejó un camino de besos desde mis pechos hasta mi vientre, agarró el borde de mis bragas y las deslizó por mis piernas.

- ¿Quieres que pare? - Sé acercó a mí boca y me preguntó entre besos.

Negué con la cabeza, pero al parecer, aquello no le bastaba.

- Dime que quieres que haga y lo haré.

No era capaz de decir en voz alta las cosas que se me pasaban por la mente en aquel momento, así que simplemente quise continuar besandole para hacerle saber que no quería parar.

- No, no. ¿Qué es lo que quieres? - Está vez, su voz sonaba más dura. Como si estuviera molesto.

- Te quiero a ti - Susurré nerviosa a la vez que arqueaba ligeramente la espalda.

Negó con la cabeza y sonrió con maldad. Iba a separarse de mí cuando le agarré con firmeza del brazo. - Gavin, por favor. - No pude evitar gemir frustrada. Después de haber comenzado aquel juego tan placentero no tenía intenciones de parar tan pronto. Le quité la camiseta y él tiró los calzoncillos a la otra punta de la habitación.

- Está bien, princesa. - Estiró el brazo hasta alcanzar el cajón de la mesilla de noche para coger un envoltorio de color plateado. Lo mordisqueó hasta sacar el preservativo y después se lo colocó.

Le rodeé las caderas con mis piernas y arqueé la espalda mientras él me penetraba lentamente. Mis manos se posaron en sus brazos y enseguida le agarré con fuerza cuando él aceleró el ritmo de sus embestidas.
Yo le deseaba con todas mis fuerzas y con la mayor intensidad posible. Estaba segura de que solo él podía brindarme tanto placer.

- Mírame - Gruñó frustrado y penetrandome con más fuerza.

Clavé mi mirada sobre la suya y suspiré moviendo mis caderas, acompañando cada uno de sus movimientos.

- Gavin... - Gemí enterrando mi cara en su hombro.

- Mírame. - Me ordenó de nuevo. Esta vez con más firmeza que la anterior.

Me separé un poco de él para mirarle, me agarró de las manos y las colocó encima de mi cabeza, juntandolas para que no pudiera zafarme de su agarre.

- Eso es, princesa. - Murmuró mientras yo aumentaba el volumen de mis gemidos y gritaba su nombre desesperada. Estaba totalmente descontrolada, no podía pensar con claridad y me daba igual cuanto ruido estuviéramos haciendo. Pero probablemente, todo el vecindario podría estar escuchándonos.

Se adentró en mi interior una última vez y se quedó ahí durante unos segundos mientras nuestros cuerpos temblaban culminados de placer. Me soltó las manos y se tumbó a mi lado.
Me coloqué de medio lado y le abracé por la cintura con cuidado. Me quedé observándolo durante un par de minutos hasta que nuestra respiración agitada volvió a la normalidad.

- Menos mal que no vives aquí porque si lo hicieras, no te dejaría salir de la cama.

Detective Reed. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora