Canadá.

701 80 23
                                        

Gavin corrió las cortinas dejando que la luz se colara a través de la ventana. Me incorporé en la cama y bostecé cansada. Gavin había salido de la ducha hace un par de minutos, ya que llevaba una toalla anudada a la cintura.

- Te he preparado el baño. Haré el desayuno mientras te duchas. - Sé acercó a mí y me dio un beso en la frente antes de marcharse a la cocina.

Me levanté de la cama arrastrando la sábana que rodeaba mi cuerpo y me metí en el baño. Gavin me había dejado un par de toallas apoyadas en la encimera y mi ropa de recambio.

Casi pego un grito ensordecedor cuando el agua helada cayó sobre mis hombros.

- Hannah, ¿estas bien? - Gavin entró preocupado y yo corrí la cortina avergonzada.

- Sí, sí. El agua sale helada. - Expliqué.

- ¡No me jodas, otra vez no!

-¿Qué pasa? Yo no he tocado nada.

- No, no es por ti. ¡Es esta puta casa que se cae a pedazos, joder! -  Enfurecido, dio un golpe en la pared.

Me tendió una de las toallas y me cubrí con ella.

-Gracias. - Murmuré cuando me ayudó a salir de la ducha.

- Vamos a desayunar, después te llevaré a tu casa y ahí podrás ducharte.

Caminamos hasta la cocina y servimos la mesa para después desayunar como si aquello fuese un concurso de "a ver quién come más rápido"

Gavin me llevó a mi casa y después de ducharme, me senté junto a él sobre mi cama. Sumo estaba durmiendo a sus pies mientras él jugaba con el móvil.

- Ahora que tu ducha está estropeada puedes ducharte en la mía. - Le guiñé un ojo imitando su comportamiento.

- No creo que a tu padre le haga mucha gracia verme paseando en toalla por su casa. - Bromeó y yo reí al imaginarme la situación.

- ¿Hoy vendrás a mi casa?

- No sé si es buena idea, ya parece que vivo ahí. - Me puse la camiseta, los vaqueros y me arrodillé frente al armario para buscar unas deportivas.

-¿Y cuál es el problema? Porque yo creo que estamos muy bien - Enfatizó en lo de "estamos muy bien" y sonrió de manera traviesa.

- ¿No querrás que me vaya a vivir contigo o algo así, no? - Me burlé con ironía.

- ¿Y por qué no? - Preguntó confuso.

Le miré sorprendida y él sonrió esperanzado.
Me iría a vivir con él si no fuera por mi padre, si se enterase de que me voy de casa y encima con él, seguramente nos acabaría matando a los dos.

- Estaría genial, Gavin, pero no puedo. - Aparté la mirada avergonzada y él se acercó rápidamente para cogerme de las manos. Volví a mirarle y él me dio un beso en la mejilla.

- Siento si te he asustado, igual piensas que voy muy rápido, pero al menos quédate conmigo esta noche.

- Vale, pero solo esta noche. - Dije finalmente. - Ahora vamos a la comisaría. Mi padre me ha llamado hace un par de minutos y dice que es urgente.

- Sé habrá acabado el whisky de su petaca. - Sé burló molesto y yo le miré alzando las cejas a modo de advertencia.

Después de que Gavin me entregase el casco, me subí en la moto y rodeé su torso con mis brazos. Arrancó el motor y condujo con rapidez hasta la comisaría.

Habíamos quedado en que yo entraría primero y él minutos después para que mi padre no sospechase nada. Mi padre estaba tomándose un café en la sala de descanso, parecía muy cansado y triste. Connor le miraba con expresión de preocupación.

- Hola, ¿qué tal va todo? Siento no haberte devuelto la llamada, pero como dijiste que era urgente pensé en venir a verte.

Mi padre se bebió de un trago lo que le quedaba en el vaso de café, se acercó con vagueza a la papelera y lo tiró. Connor tenía agachada la cabeza y a pesar de que por la situación se entendía que algo malo había pasado, nadie decía absolutamente nada.

- Teniente, yo...

- Sé lo diré yo. - Le interrumpió cortante mi padre.

- ¿Qué ocurre, papá? - Pregunté asustada.

- Estamos fuera del caso, cariño y no sé como decirte esto... Debería habértelo contado la primera vez que lo pensé. Esta ciudad está muerta para mí, ya no nos queda nada. Desde el accidente de Cole y desde que se marchó tu madre ya no le encuentro sentido a nada.

Fue como si se parase el tiempo y al principio no pensé que había escuchado aquello realmente, pero así era y por mucho que quisiera negarlo,  todos sabíamos que era lo mejor.

- Nos mudamos a Canadá.

Gavin apareció detrás de mí y se quedó de piedra, ninguno de los dos conseguíamos reaccionar y en ese momento, no nos importaba ni lo más mínimo si mi padre podía sospechar algo o no.

Detective Reed. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora