20.- Aléjate de mi

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Las fiestas en la vida de Gerard Way eran bastante rutinarias, era como si fuese algo muy importante en su vida, y lo aprendí de una forma no tan grata. Recuerdo que ese día por la mañana me había marcado muy emocionado porque Pete había organizado una en su casa y decía que era para decirle algo muy importante, seguramente sería algo personal y bastante privado pero no aguantaba las ganas de saber qué era tal cosa.

Yo sí lo sabía, y no sabía si sentirme mal o no.

Entonces para perder el tiempo hasta la hora en que dicha fiesta se llevaría a cabo salimos un rato al centro comercial y fuimos a una heladería, en ella hablaríamos y comeríamos casi pareciendo una pareja normal. Y es que, quién sea que nos hubiese visto en ese instante podía repetir lo mismo que yo pensaba.

Tonteamos, reímos, nos emocionamos porque habíamos pedido el mismo sabor y surgieron pequeños besos de por medio.

Todo iba excelente. Maravilloso para ser verdad.

En la tarde decidí buscar lo mejor que tenía para usar, busqué otra forma de peinarme y limpié mis botas dejándolas extremadamente relucientes. Todo iba perfecto. Me metí a la ducha y me encargué de quitar cualquier rastro de suciedad que tenía en el cuerpo (que no era mucho realmente). Después mi mente se encargó de hacerme recordar todos los encuentros que había tenido con Gee hasta la fecha.

Todas aquellas veces en las que Gerard había logrado ponerme lo suficientemente lujurioso en la semana como para llegar a hacerlo una vez en los baños de la universidad.

¿Hasta a donde había llegado?

Reí como loco y terminé de enjuagarme.

Al salir me sequé tan rápido como pude y me vestí cuidando cada detalle, luego tardé un rato poniéndome los lentes de contacto. Ray me mandó una selfie por mensaje y le contesté con un emoji de luna negra, esa que tenía cara de pervertida, a lo que él me contestó que éramos unos completos "Don Juan".

Sí, él al igual que muchas personas de la facultad estaban invitadas.

Me miré por última vez en el espejo y bajé estando satisfecho con el resultado. Esta vez decidí esperar a mi amigo ya que nos iríamos juntos, hice un poco de plática con mi papá y cuando llegó el momento de partir me despedí de ambos con dos besos en la mejilla.

—Cuídate amor, no regreses tan tarde.

—Trataré.

—No, hazlo. Todavía no estoy contenta por ese tatuaje, y de hecho no debería dejarte ir.

—Mamá —hice un puchero y ella entrecerró los ojos.

—Déjalo ir Linda, yo quiero ver una película contigo. Además ese dibujito se le ve bien.

Papá llegó a mi rescate abrazándola por la cintura y dejando un beso en su cabello. Ya era hora de irme antes de que me dejaran un trauma de por vida.

—No tan tarde.

Asentí y salí como rayo para subirme al auto donde Ray me esperaba. Él con una risa arrancó y partimos hacia la casa del castaño. 

—¿Qué nos depara esta bella noche? —preguntó apretando el volante y me miró cómplice.

—No lo sé, pero tengo un buen presentimiento.

—Yo sólo quiero conocer chicas.

Unas cuantas calles más y llegamos a la hora adecuada. La música se escuchaba incluso en la otra cuadra, las luces salían por las ventanas y la gente hacía fila para entrar. Era una locura.

Salimos del vehículo, me aferré a mi chaqueta contando hasta diez para no desesperarme y esperamos pacientes para entrar. No había prisa alguna, Gee me había marcado para informarme que ya estaba dentro. Sonreí.

Frankie  |Frerard|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora