34.- Un nuevo aire

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Gerard:

Cuando llegué a casa Mikey estaba bajando desde el segundo piso con su instrumento, recordé que aún seguía asistiendo a esas clases así que sólo sonreí cuando se detuvo al final de las escaleras.

—¿Quieres que te acompañe?

—Me iré en autobús.

—Si, lo sé.

Michael ladeó la boca y caminó hacia el sofá para dejar el bajo, me hice el cabello hacia atrás siguiéndolo con la mirada y divisé a Helena en la cocina. Todo estaba en orden, todo iba de acuerdo a la rutina que se había formado. Por ende quería cambiarla, y qué mejor que acompañar a mi hermanito para hablar un poco sobre todo.

—Creo que no iré, repentinamente quiero pasar tiempo contigo.

Solté una carcajada y me dejé caer en el sofá individual, Mikey se sentó a un lado de su bajo, me estaba aguantando la mirada sin hacer ningún otro movimiento. Sólo nos estábamos evaluando sin ningún tipo de intención doble.

—Me parece perfecto, ¿Qué quieres hacer?

—No lo sé, he estado hablando con el primo Dylan todo este tiempo y me ha estado mandando fotos de casi todo el lugar.

—¿Ya puedes reconocer las calles de Ohio?

—Algo así, nuestra facultad es bastante grande, y digo nuestra porque Dylan también estudiará leyes. Me alegra pensar que no estaré solo en ese lugar.

Dylan era un chico parecido a Mikey, hijo único y recordaba que tenía una afición a coleccionar cómics. No podría escoger a alguien mejor para cuidar a mi hermano. Lo miré directamente de nuevo, cuando él se fuera no sabría que haría después, es decir, toda mi vida la he pasado a su lado, podía sentir que Mikey se estaba haciendo el fuerte pero lo conocía y sabía que por dentro tenía miedo, casi tanto como yo.

Habíamos hablado sobre esto dos veces pero nunca cerrábamos el tema por el temor de lo que pasaría luego. Lo extrañaría mucho, de eso no habría dudas pero, ¿y si algo cambiaba con el paso del tiempo? ¿Y si nos distanciábamos?

Sólo lo tenía a él y a Helena.

—Te veo bastante ilusionado.

—Lo estoy, siempre es bien recibido un nuevo aire.

Desvíe la mirada, estaba jugando muy bien sus cartas y eso de ser positivo le ayudaba mucho. Jodido Mikey, lo amaba.

—Promete visitarnos pronto.

—Por supuesto, todas las vacaciones.

—No te queda de otra.

Las pocas veces que reía de verdad habían sido porque yo decía algo o estando junto a mí. Me sentía único en ese sentido ya que Mikey no solía hacerlo seguido, su porte era tranquilo pero el sarcasmo nunca hacía falta. Me pregunto qué estarían pensando sus amigos con respecto a esto, también deseaba que encontrara a unos allá lo antes posible. Serían un gran reconforte para él.

—Aún no me voy y ya te estoy extrañando.

—Lo sé, todos me aman.

—Yo no, me das asquito.

—¿Qué?

•∆•∆•∆•∆•


Estar con Lindsey era volver a nuestros días de parloteo y risas descontrolables. A excepción de hoy ya que en cuanto llegó a mi casa me llevó a mi habitación y cerró la puerta con seguro. Ni siquiera a Mikey le dio tiempo de seguirnos.

—¿Qué pasa? —había preguntado un poco alterado.

La última vez que la vi tan seria fue cuando nos dijo lo del embarazo, hace una semana exactamente.

—Soy una idiota.

—¿Y ahora qué?

Me senté en la cama. No estaba preparado para nada, ¿Qué se supone que debería hacer?

¡No era bueno en estos temas!

Ni siquiera pude decirle algo sobre el bebé, de hecho me costaba sacar plática cuando eso estaba más que evidente, ¿Qué me esperaba ahora?

—Soy irregular, eso pasa —dijo y yo fruncí el ceño aún más confundido. —Tenía retraso.

—No te entiendo Lynz.

—Falsa alarma Gee, no serás tío. No por el momento.

Pude haberla golpeado, gritado, insultado, un millón de cosas por jugar con esto, por tomarlo tan a la ligera o por ser descuidada.

¡Hace unos días se estaba muriendo de los nervios!

¿Qué sucedía exactamente con ella?

Porque esto me resultaba muy extraño.

—Quieres matarme de un susto, ¿No?

—Fue mi culpa, sí. Me dejé llevar por una prueba casera.

—¡¿Qué pasa contigo?! No eres la Lynz que conozco, no estás consciente de lo que estás diciendo incluso, ¿Por qué mierda sólo hiciste una pruebita? ¿Por qué esperaste tanto?

Lynz finalmente se sentó a mi lado y entrelazó nuestras manos, todo esto era imposible.

—Estoy loca.

—Sí, estás delirando.

Empezó a reír y recostó su cabeza en mi hombro, joder, en serio que mi mejor amiga estaba demente. Pero siendo así la amaba demasiado, era la mejor persona que había conocido y sinceramente no tenía idea de qué haría si algún día la llegase a perder.

—En serio creí que estaba embarazada, lo pensé demasiado. Pensé en todo. Incluso me ilusioné por un instante, pero no estoy lista.

—Realmente nadie está listo cuando se trata de la maternidad, es algo que se aprende con el tiempo y aún así nadie es perfecto en esa profesión.

—Lo sé.

Acaricié su cabello.

—Algún día, cuando seas madre, serás la mejor de todas. Eres maravillosa Lynz y cualquiera que comparte tiempo contigo lo sabe, sólo tenemos que esperar al indicado y esperar que el tiempo sea el indicado. Te falta mucho por recorrer, muchas cosas por hacer.

—Tienes razón.

—Por supuesto que la tengo.

Frankie  |Frerard|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora