6.- Lo que tú desees

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—Harás una gran inversión, ¿no lo crees? —preguntó Pete antes de irme. Asentí y me acomodé el cabello viéndome en el retrovisor. El dinero era lo de menos. 

—Valdrá la pena, estoy seguro. Le propondré mi idea y le daré una oportunidad de que me diga que no, para que vean que no soy tan malo. De algo me tiene que servir la tarjeta que me dio mamá, ¿cierto?

—Estoy de acuerdo con Lynz, pero bien, es tu vida. Cuida a Betty.

—Que sí —contesté y arranqué.

Justamente a las nueve de la noche estacioné el auto en frente de la casa de Frank. Era una vivienda normal, bastante bonita, pequeña y nada ostentoso. Suspiré para prepararme mentalmente, no tuve que esperar mucho porque un minuto después Frank salió de su casa vistiendo un horrible pantalón negro y una chaqueta que le quedaba bastante grande. Obviamente no era de él. Vi como su madre lo despedía desde la entrada. La mujer en cambio, se veía hermosa, lástima que su hijo no tenía el mismo estilo.

Frank se acercó tímidamente y golpeó con delicadeza el vidrio del copiloto, entonces le abrí con una sonrisa un poco forzada.

—¿Nos vamos?

Él subió y le hizo una seña a su madre de despedida, no sabía si eso me había causado ternura o simplemente estaba impresionado.

¿Frank sería gay o bisexual?

Da igual, ya estaba conmigo.

—Buenas noches Gerard.

—Buenas noches.

Prendí el motor de nueva cuenta y manejé hacia nuestra primera parada.

En el camino nadie dijo ni una palabra pero podía sentir la mirada del castaño sobre mí, eso logró que me sintiera más seguro y me permití ser soberbio. Sabía perfectamente que me encontraba bellísimo. Como siempre.

—¿Te gusta lo que ves, Frankie? —pregunté y él se sobresaltó.

—Perdón —dijo desviando su mirada a la ventanilla.

—Iremos a un sitio tranquilo que hay por acá y te diré lo que quiero, ¿Okay?

Frank asintió, aceleré el paso y pronto llegamos a un parque a las afueras, uno donde había llegado un par de veces porque me gustaba el ambiente que se formaba y casi nadie pasaba por aquí. Me estacioné y me volví hacia Frank quién ya parecía que se estaba ahogando de lo rápido que respiraba, ¿acaso todo esto era demasiado para él?

—Tranquilo Frankie, no te voy a morder —sonreí.

—Lo siento, es que esto es muy nuevo para mí... ¿Qué es lo que hablaremos?

Me le quedé viendo un momento imaginándolo con otra ropa, otro peinado y realmente me convencí que había hecho una excelente elección. 

—Tienes unos ojos hermosos, ¿te lo han dicho? —pregunté sin medir mis palabras.

Se ruborizó.

—Gracias. Tú también tienes unos ojos muy lindos —contestó sin mirarme.

—Okay, al grano —dije buscando un cigarrillo en mi chaqueta. —¿Fumas? —le pregunté a lo que respondió negando nervioso. Sería todo un reto. —Siempre he sido muy directo, así que te diré las cosas como son; me gustas y quisiera que tuviéramos una oportunidad para pasarlo bien tú y yo... Ya sabes, una relación sin compromiso.

Encendí el tubito y lo miré abriendo los ojos como platos.

Que gracioso.

—Pero tengo que hacer algunas cosas —volví hablar. —Me gustaría que cambiaras de look, también ver la posibilidad de que no utilices esas horrorosas gafas. 

Frankie  |Frerard|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora