Gerard Way es popular y un imbécil con las personas de su escuela, un día fija su atención en un chico un tanto "especial". Su misión será pervertir a Frank para su beneficio, pero no todas las cosas saldrán como esperaba.
Me encongí de hombros, Ray negó y se golpeó la frente con la palma de su mano. Creí que actuaría fatal, que me agarraría del cuello de la playera y me diría miles de cosas pero en cambio fue:
—Tú no aprendes, ¿Uh?
Sonreí como un niño. Su mirada había pasado de ser dura a blanda en cuestión de segundos por la misma acción. Me sentí un tanto aliviado, caminábamos hacia mi casa para jugar en la consola ya que ambos teníamos la tarde libre y no habíamos podido hablar en días por la excesiva cantidad de tareas que nos habían dejado. Ni siquiera podía ver a Gerard por mucho tiempo porque estábamos extremadamente ocupados.
La universidad llegaba a ese punto donde nos consumía todo el día a todos los estudiantes y era extremadamente agotador.
—Esta vez sí va en serio.
—Creo recordar que eso dijiste la primera vez.
Rodé los ojos.
Debía comprenderlo, había tenido la misma actitud al principio de esto. Me causaba gracia la forma tan sobreprotectora que mi amigo tenía, no podría elegir a alguien mejor a mi lado. Era como una madre, mi madre, inclusive utilizaba el mismo shampoo con esencia de coco que tenía Linda en el baño.
—Lo sé, pero papá dice que todos merecen una segunda oportunidad.
—Cheech no conoció a Gerard realmente. Sí lo hubiese hecho...
—Él cambió, lo hizo por su bien. Y de forma egoísta quiero imaginar que también lo hizo por mí.
Apretó los labios y asintió.
—Una última pregunta Frankie, ¿Cómo sabes que esto no es sólo para un acostón y que luego volverá a botarte? Porque no quiero pasar por lo mismo una y otra vez.
Nos detuvimos en uno de los semáforos y me mordí el labio para encontrar las palabras adecuadas. Yo mismo me había preguntado eso millones de veces antes de acceder a salir con Gerard de nuevo.
—Supongo que sólo queda esperar, pero francamente presiento que será distinto. Todas las relaciones humanas (tanto amistosas, familiares y amorosas) tienen sus altibajos y eso está dentro de lo que es correcto, para eso estamos aquí, para vivir, ¿Qué sería de nosotros sin esas llamadas pruebas? Sólo nos queda seguir y dejarnos sorprender a partir de ahora. Creo firmemente que esa es una clave para ser feliz y estar bien.
Ray entrecerró los ojos y por fin nos tocó pasar la calle.
—Estás muy enamorado de ese idiota.
Volví a sonreír.
—En efecto, mi querido Rayito.
El viento nos pegó en la cara y su cabello se alborotó. Parecía una de esas princesas de Disney, algún día tendría la suerte de tener un cabello tan genial como el suyo. Cuando me miró fijamente hizo un ademán de querer vomitar y yo sonreí.
—A veces te desprecio.
Reímos y pasé mi brazo por sus hombros para acercarlo, alboroté aún más sus rizos y él movió la cabeza de lado. Me soltó un golpe flojo en el brazo y entramos a la casa de los Iero.
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—Ya me aburrí del GTA.
Ray dejó el control a un lado de la cama y se levantó, pasó una mano por su cara para después dejarse caer en el Puff rojo que estaba en el suelo boca abajo.
—Yo también, ¿Qué hacemos ahora?
Apagué la consola y me terminé de recostar en la cama. Me dediqué a ver el techo.
—Mi primo ha estado jodiéndome desde hace una semana para que le compre un skin del Fornite, ¿Cómo te quitas de encima un niño de doce años?
—No lo sé, no he convivido con niños.
—Esas mierdas son demasiado caras y sólo es un juego.
—Cámbiaselo por comida, en eso sí vale la pena gastar.
—Obviamente.
Mi pantalón comenzó a vibrar dándome a conocer un nuevo mensaje, rápidamente saqué el aparato y leí el nombre del pelirrojo.
—¿Entonces vamos a buscar algo de comer?
—Claro —respondí viéndolo de reojo.
Desbloqueé la pantalla y una sonrisa apareció en mi rostro. Ray salió de la habitación.
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Así me pongo cuando espero un mensaje tuyo invitándome a almorzar.
Salí del chat y abrí el registro de llamadas, busqué su número y presioné el ícono verde. Segundos después me contestó.
—¿Quieres ir a almorzar a las seis y media de la tarde?
Una risita atravesó la línea.
—Podemos desayunar en la noche si quieres.
—Dime la hora y el lugar.
Ambos reímos.
Hablar con él se sentía como estar en un sueño, uno lindo. Compartimos unas palabras más y prometí hablarle en cuanto se fuera mi amigo, seguramente nos quedaríamos toda la noche despiertos. Al bajar las escaleras observé que Lois se encontraba con mamá pues ella la estaba acariciando y entonces entendí porqué no se había parecido en toda la tarde, cuando me vio alzó las orejas moviendo la cola.
—No, ahora te quedas conmigo —le dijo Linda a lo que Lois le respondió lamiéndole la cara.
—¿Ray está en la cocina?
—¿Ray está aquí? No dejes que se termine el pay que hice.
—¿Hiciste pay? —Asintió. Debía correr. —Okay.
Abrí la puerta movible de la cocina y lo detuve antes de que le diera la primer mordida. El del afro hizo un puchero. Ni yo podía meter las manos en el postre porque era especialmente de papá, mi mamá tenía un enorme favoritismo en ocasiones.
—Linda va a matarte si ve la ausencia de un pedazo.
—Era uno pequeño.
Le miré alzando una ceja y después rodé los ojos. Los dos sabíamos que no era verdad.