Capítulo 4: El plan (parte III)

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No sabía muy bien el motivo, pero se sentía completamente atraído a Oriana y no podía dejar de pensar en ella. «¿Cómo voy a hacer? , todavía no consolidaba un plan pero sabía que en cualquier momento encontraría la manera de contactarse con ella. Además debía apurarse ya que según sus visiones ella estaba en peligro.
«¿No se y si son sólo paranoias mías?», «No, no son paranoias, hay algo raro», los pensamientos de Milton iban y venían, lo invadían y se contradecían.

—Amor —la voz de Kinta asomaba tiernamente mientras entrelazaba su pierna con la del joven—. Estas raro... Desde que fuimos a cazar, te noto disperso. ¿Estás bien? —refunfuñó al ver que Milton esquivaba su pregunta volteando y dejándola con su espalda—. Mañana pasarás todo el día con Taniel... veremos si te trata mejor que yo.

«¿Con Taniel?». No le tenía miedo, pero si lo creía más atento y pensaba que le resultaría imposible escapar del rey sin que éste se dé cuenta.
De todas formas, Milton pensaba que llegado el momento, si lo descubrían, no le harían nada. Él se creía importante y es que ese rol era el que le daban, sin embargo al joven le faltaba mucho por entender.

Después de una noche de muchos pensamientos, planificaciones y estrategias, Milton ya tenía su plan armado. Desde que se había despertado estaba recordando el camino que en su visión recorría «si o si hoy».
El joven, aun sin darse cuenta, estaba inmerso en este nuevo mundo. Pocas veces se preguntaba o recordaba su pasado, en estos días había logrado amoldarse a su nueva vida. El problema surgía a partir de estas visiones, le molestaba pensar que quizá se estaba equivocando o que quizá Taniel era un tirano, como aparecía en sus sueños.

Allí estaba él junto a Gena, parecían estar esperando a alguien. Ambos en la puerta de salida del castillo, donde Kinta había dicho al muchacho que el rey lo esperaría.

—Mirá —decía Taniel amistosamente a Gena señalando a Milton—. Ahí viene nuestro Rasat, mi mano derecha —al joven le impresionaba la cara de Gena, ahora que lo tenía cerca y podía observarlo. Contaba con unas cuantas cicatrices y sus dientes eran como los de un tiburón según lo describía Milton— Oh, no tengas miedo. Es amigable y un fiel guerrero —refiriéndose a Gena, quien no parecía querer interactuar ni mostrarse inofensivo, sólo se mantenía callado.

—¿Qué haremos hoy? —preguntaba algo tímido el joven.

Taniel le explicó que irían al bosque a buscar un Sthiguel, ya que estos tenían una particularidad que ayudaría en el entrenamiento de Milton.
Mientras Gena se retiraba, el joven pudo observar en los rostros de los guardias que estaban alrededor, denotaban miedo al ver pasar al Ghetar. Como no tenerle miedo se preguntaría Milton en un futuro cuando se enterase que esta raza se caracteriza por el canibalismo y su forma cuasi satánica de exterminar a sus contrincantes.

—¿Se iban sin mí? —asomaba la voz de Kinta a lo lejos.

El rey se echaba a reír y el joven, de compromiso, tuvo que hacer lo mismo. «Ahora sí que estoy vigilado». Su plan comenzaba a complejizarse y creía que quizá no llegaría a tiempo. Pero fue en ese momento, en el que el rey le dio el pie justo.

—Podrías intentar montar un Gaper —dijo Taniel mirando al joven. Era su oportunidad. Con una montura, en la que él vaya solo, podría escaparse en cuanto estén distraídos.
Milton intentó inútilmente unas cuantas veces. El animal se movía, lo desafiaba. No era nada fácil montar un Gaper, aunque fuesen domésticos, oponían resistencia. «Es fácil —se decía a sí mismo—. Como dijo Kinta, agarrar un poco de pelo de aquí, saltar así —mientras tomaba impulso para consecuentemente terminar en el piso». Las risas de quienes estaban allí y de los guardias lo abrumaban. La montura también parecía burlarse de él. Finalmente el rey ordenó a un guardia que lo ayudara a montar y juntos emprendieron su camino. «Siempre haciendo el ridículo Milton —pensaba regañándose—. Nunca siendo suficiente».

Fhender: La rebelión de los Vahianer ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora