¡Sumérgete en el fascinante mundo de Fhender y déjate llevar por una aventura inolvidable!
En esta apasionante novela, conocerás a Milton, un joven huérfano que se embarcará en un viaje lleno de misterios y descubrimientos asombrosos. A medida que d...
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—Rigal —hablaba su hermano con los ojos cerrados, cortando el pacifico silencio que se había generado—. No hagás trampa —mantenía sus ojos cerrados, pero liberaba una pequeña mueca de risa sobre la parte izquierda de su boca—. Tenés que tener los ojos cerrados para que funcione.
—Esto es muy difícil —respondía malhumorado. Le picaban las piernas por estar sentado sobre la tierra, el sol molestaba su vista y le generaba envidia que su hermano aprenda más rápido que él—. ¿No hay otra manera?
—Sólo hay una manera de conectarnos con nuestro Kaa'la según el libro y es así —sin perder su posición—. Perseverancia hermano... perseverancia.
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Pasaban las horas y el estómago de Oriana empezaba a pedir alimento. Tras sus llamados consiguió la atención de Rigal; pero no así la de Milton, que parecía no desenfocar su vista del árbol. Lo había tomado como algo personal, como un desafío. Quería lograr esa técnica, quería demostrar que valía para algo. Ante la insistencia de su maestro, contestó que no tenía hambre, que comería después. Bien sabía que era mentira, pero prefería no tener que explicar que era lo que le estaba sucediendo. Necesitaba que valga la pena. Necesitaba que el radical cambio de su vida, tenga un sentido. «Sentido —se quedaba inmóvil mirando el árbol». Intentaba no pensar en ello, pero las imágenes venían a su cabeza constantemente; por eso necesitaba que por primera vez, la suerte esté de su lado. Para que así, la muerte de sus seres queridos y la muerte del otro Milton, como él lo llamaba, tenga un sentido.
—Sí no comés —dando un puñetazo sobre el hombro del joven—. En tu próximo entrenamiento de armas, te partiré a la mitad —reía genuinamente mientras le ofrecía una manzana.
Aunque no quería admitirlo, el golpe a Milton le había dolido. Solía ser algo bruta Oriana, quizá así era la manera en la que demostraba cariño. Sin más opciones, y notando el crujir de su estómago, aceptó la manzana.
—Rigal cree —continuaba hablando mientras se sentaban al lado del árbol—. Que dominarás las técnicas antes de lo que pensamos —no lo vio pero supo que logro en Milton una sonrisa—. La verdad es que con la espada... no estás tan mal como podrías —lo codeaba.