¡Sumérgete en el fascinante mundo de Fhender y déjate llevar por una aventura inolvidable!
En esta apasionante novela, conocerás a Milton, un joven huérfano que se embarcará en un viaje lleno de misterios y descubrimientos asombrosos. A medida que d...
Algunas horas más tarde, aparecía Zies con todo el pelo entre trenzas y golpeaba la puerta de los hombres. Con solo unos golpecitos, la puerta se abrió y develó a los muchachos durmiendo muy plácidamente. Había ropa desordenada por el piso y Bori a diferencia de Germanus, se encontraba tapado hasta la cabeza. No era una época de frío, sino simplemente una manía que este había cogido. Luego de deleitarse con la imagen, comenzó a golpear más y más fuerte la puerta ya abierta y a forzar su garganta. Pasaron algunos segundos hasta que Germanus entendió que los estaban despertando, y entre dormido comenzó a hablar.
—Bori... Nos quedamos dormidos —frotándose la cara y dirigiendo su atención al ruido que había en la habitación—. ¿Quién? ... ¿Zies?
—Me mandaron a buscarlos —decía adentrándose—. Vamos rápido —tirándole la ropa encima a Germanus y observando su torso denudo.
—¿Te quedarás a ver cómo nos cambiamos o qué? —hablaba Bori mientras estiraba sus brazos.
—Eso quisieran —sin dejar de mirar a Germanus—. Los espero afuera ¡vamos!
Luego de un intercambio de miradas entre los hombres, comenzaron a vestirse. La mujer esperaba afuera, cuando de la habitación de al lado salían Oriana y Aphela. Zies sonrió abiertamente y con su mano dio a entender que no diría nada. Pocos segundos después y cortando el silencio incómodo que se había generado, aparecieron Bori y Germanus. Así fue, que los cinco se dirigieron al jardín. Los pasillos que conectaban las distintas habitaciones tenían un techo semicircular, y estaban adornados con ciertos colgantes de velas. El techo tenía, al igual que las paredes, dibujos relacionados con la naturaleza. Había ventanas muy bien ubicadas para controlar la luz; que al igual que las puertas, eran de madera. Todo en el pasillo, conservaba el estilo de los primeros diseñadores, que había sido, traer el bosque al mismísimo castillo. En aquellos tiempos el suelo de tierra, era controlado regularmente para mantener su nivel y que no se generen desigualdades innecesarias. Ahora caminar por allí, requería de cierto cuidado, ya que existían imperfecciones como pozos y elevaciones.
Antes de llegar al jardín, los jóvenes pasaron por una parte del pasillo que se encontraba abierta. Tenía un marco, como si en algún momento hubiese habido una puerta; pero ahora solo quedaba la apertura. Se trataba de un patio, un lugar común, en donde se encontraban casi todos los Vahianer compartiendo el momento. Habían llevado mesas, sillas y hasta parecían estar bebiendo. Sin duda, ese era el banquete que los esperaba luego de la reunión. Metros después, voltearon hacia la derecha y al abrir una puerta, la luz natural los invadió. Se trataba de un lugar pequeño, descubierto, en el cual esperaban sentados Aneg y Orwen. Sobre la mesa había dos jarras y cinco copas. En la antigüedad aquel lugar, había sido el jardín personal del rey y la reina; cubierto de verde y aves que iban y venían. En este momento, lo verde estaba marchito y no había ningún otro ser vivo más que ellos. Cada uno tomó una silla, mientras que Orwen comenzaba a servir las copas con vino.
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—Como se tardaron eh... —bromeaba este mientras extendía una copa a Germanus.
—Creo que hace años no dormía en un colchón —respondía mientras daba un sorbo.
—Debo pedirles disculpas ya que fue idea mía la de reunirnos con tal velocidad —hablaba Aneg—. Pero necesito saber, que fue lo que pasó con el muchacho. Fhender. Es decir, venía con nosotros. ¿Ustedes saben algo?
Oriana recorrió el rostro de sus compañeros intentando atinar quien respondería, pero al ver que ninguno tomaba las riendas dijo:
—Se quedó en el bosque, entrenando... Cree que de esa forma podrá ayudarnos más; y no sé qué opinan ustedes, pero yo lo apoyo.
Aneg hizo un gesto como para hablar pero inmediatamente tapó su boca, recalculando sus palabras. Mientras lo hacía, Orwen aprovechaba para hablar:
—Me junté con cada capitán Vahianer y estimamos que nuestro ejército cuenta con quince mil soldados —mirando el suelo—. No es un gran número pero...
—¿No es un gran número? —interrumpía Germanus—. Es un pésimo número —enojándose al hablar—. ¿Solo quince mil nos apoyarán?
—Hay alguna posibilidad de que vengan más —decía Aneg intentando tranquilizar—. Pero no serán muchos... Haremos que valga —apoyando una mano en el hombro de este.
—¿Cuál es el plan? —preguntaba firme Oriana—. ¿Cómo detenemos a Taniel?
—Bajamos la orden de que todos los soldados tengan las insignias de las que Ar nos habló; así por lo menos tendremos un punto a nuestro favor a la hora de enfrentarnos a él —explicaba Orwen mientras volvía a servir su copa—. Mañana nos juntaremos nuevamente con los capitanes y asesores de guerra para evaluar nuestras mejores posibilidades —cambiando su tono para no sonar brusco—. Ustedes no tienen rango, pero aun así sus ideas y aportes serán bienvenidos.
—Más allá de eso —tomaba la palabra la comandante—. El motivo por el cual los convoqué es para asignarles las funciones que tendrán a partir de mañana... Bori, los arqueros estarán a cargo de Teilan; a partir de mañana trabajarás con él para conocer la posición y los objetivos que tendrán en la guerra —cambiando su mirada de foco—. Oriana, Aphela y Orwen permanecerán junto a las filas montadas y desmontadas fuera del fuerte. Alrand, Baklo y yo los comandaremos; el objetivo es simple: proteger la puerta y mantenerse firmes. Por último, Zies y Germanus junto al llamado "equipo rápido", se encargarán de activar las trampas y de proteger el fuerte de un ataque interno.
—¿Ataque interno? —intervenía Germanus sin interrumpir—. ¿No ayudaremos en el campo de batalla? —indignado.
—Nuestra posición —hablaba Orwen intentando tranquilizarlo—. Es muy débil. Estamos expuestos por los cuatro frentes. Posiblemente Taniel divida sus fuerzas y combine su ataque de varias maneras; si eso ocurre, podrían colarse por el fuerte y romper nuestras defensas desde adentro.
Germanus permanecía en silencio, pensativo. Quería estar fuera del fuerte, defendiendo la puerta, pero entendía lo que sucedía.
—Sigo sin entender como detendremos a Taniel —decía Bori preocupado.
—Hay algo que Ar me dijo y que espero que nuestro amigo Fhender aprenda —respondía Aneg—. Un Mythier por más bueno que sea, se cansa. No puede atacarnos y defenderse a la misma vez —estirando sus manos—. Si decide concentrar su mente en defender a su ejército, no podrá concentrarse en atacarnos; jugaremos con eso.
—Lo hacés sonar tan fácil —reía Germanus.
—Nunca —cambiando su tono de voz—. Enfrentar a un Mythier nunca debe ser considerado fácil; solo digo que estaremos preparados... Por eso es importante que cada uno de ustedes a partir de mañana comience a trabajar con su sector para que llegada la hora, estemos lo mejor parados posible —cambiando el tono de su voz—. Ahora vamos, tenemos un banquete por disfrutar.
Nota de Autor:
Nos acercamos al final
NicoAGarcía
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