Capítulo 17 (parte XIII)

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Todavía los ciudadanos del nuevo Tuk'Hum no habían estrenado sus espadas, cuando lo que sucedía a sus costados los hacía frenarse llenos de sorpresa. Unas pocas filas de Taniel habían volteado, estando preparados para combatir a aquellos que parecían quererse sumar al combate. Pero encontrándose casi a la distancia de un brazo, ningún bando demostraba querer dar el primer paso.
Las flechas habían dejado de caer, por órdenes de Teilan; quien creía entender lo que Fhender quería hacer. Volando por los extremos de donde se gestaba la batalla, este no solo atraía la atención por los chillidos que realizaba, sino también por lo que en la tierra sucedía. Primero voló por el extremo izquierdo, a gran velocidad, atrayendo las miradas y creando un cordón elevado de tierra. Luego hizo lo mismo, pero con el lado derecho. De esta forma, consiguió tener el núcleo de la guerra, delimitado. Mientras esto sucedía, los soldados Vahianer, al igual que los reales, permanecían dubitantes acerca de cómo continuaría su enfrentamiento.
El joven no esperaba que dejasen de luchar en ese mismo momento, pero en su cabeza, el plan estaba saliendo a la perfección. Habiendo conseguido la atención de muchos, y aprovechando que en las filas traseras el combate se había detenido; era el momento de presentarse. Los cordones montañosos que había creado, ligeramente superaban los hombros de las personas allí presentes. Y fue sobre esa altura, que luego de un destello el joven apareció. Estando de pie, sintió como una a una, las miradas comenzaban a ponerse sobre él y sin saber si por miedo, o simplemente para tomar un respiro, algunos soldados reales elevaban sus espadas, haciendo cesar el ataque de sus tropas.
Aneg y Baklo, alzaron sus voces ordenando que los Vahianers hiciesen lo mismo. Luego retrocedieron algunos pasos, sin dejar de mirar al enemigo. En ese momento Fhender entendió, que la finalización o no de aquella guerra, dependía ahora mismo de él. Por lo que luego de respirar hondo algunas veces, y observar panorámicamente el campo de batalla, habló.

—¡Me dirijo a quien tenga el poder de frenar este ataque! —comenzó usando su voz lo más alto que podía—. ¡Miles son los soldados, de ambos ejércitos, que ya no podrán ver a sus familias! ¡Los ciudadanos del nuevo Tuk'Hum están ahora de nuestro lado; tenemos arqueros y soldados dispuestos a dar la vida en esta guerra! ¡Por favor, considérenlo!

Algunos instantes, el joven creyó haber hablado al aire, ya que no veía respuesta. Pero pasados algunos segundos más, uno de los pocos soldados que aún permanecía en gaper, dio unos pasos hacia adelante. Tenía su espada apuntando al cielo y no corría su vista del frente.

—¡Jamás nos rendiremos ante los salvajes y repulsivos Vahianers! —gritando a toda voz mientras apuntaba al frente con su espada, haciendo que sus tropas volviesen al ataque—. ¡A matar, acaben con todos!

Fhender apretaba su puño izquierdo, intentando contener la furia que le producía la situación. Al parecer, para aquel comandante era más ingrato rendirse que ver morir a todos sus soldados.
El joven permaneció con algunos segundos de bloqueo. Había confiado seriamente en que ese podría haber sido el final de la guerra; pero la respuesta arrogante que recibía, le demostraba cuando equivocado había estado.
Sin tiempo que perder y siguiendo las palabras de Rus, voló hacia donde estaban los ciudadanos, y comenzó a pelear a la par de estos. Tanto tiempo de preparación, y de diversos entrenamientos, le otorgaban cierta seguridad en el campo de batalla. Así y todo, recordaba siempre que Oriana le decía, que en un enfrentamiento, hace falta solo un mal pestañeo para perder la vida. Pero ni siquiera se trataba de un enfrenamiento, Fhender estaba haciendo lo que a ningún Mythier le era aconsejable: luchar en corazón de la guerra.
Mantenía su cabeza dividida en esquivar las espadas que intentaban herirlo, contrarrestar con su báculo y cubrir a los ciudadanos lo más que podía. Estos, como había supuesto Fhender, no tenían gran habilidad ni destreza en combate. Aun así, no temían blandir una espada, ni tampoco enfrenarse a ella. La situación cargaba al joven de responsabilidad. Mientras arremetía con su báculo, usaba sus poderes para evitar que sus compañeros saliesen lastimados.
Una que otra flecha, caía en auxilio derribando algún enemigo. Como ahora los dos bandos volvían a estar entremezclados, los arqueros solo disparaban cuando estuviesen seguros de no lastimar a ningún aliado.
Mientras Fhender se encontraba esquivando unas espadas que danzaban cerca de su rostro, comenzó a ver que algunos enemigos eran empujados, y luego de escuchar un fuerte gemido, entendió que se trataba de su animal. A gran velocidad avanzó, llevándose con sus afilados colmillos un soldado, y para cuando el joven se quitaba de encima a los guerreros que lo atacaban, se reunió con su compañera. Le alegró ver que se encontraba bien, había perdido algunas placas de su armadura, y las que tenía habían recibido algunos impactos; pero ella estaba sin un rasguño.
El encuentro duró poco, ya que antes de que siquiera pueda acariciarla, esta saltaba por su espalda defendiéndolo de un enemigo que se acercaba. En ese momento, el joven hizo que una roca chocase contra un soldado, salvando de esa manera a un ciudadano que ni cuenta se había dado. Fue en ese momento que notó, que muchas de las tropas de Taniel, soltaban sus espadas, y arrodillados, se tumbaban sobre el suelo. Tiempo más tarde, Fhender entendería, que quienes hacían eso, estaban dejando atrás la batalla. Se estaban rindiendo.
Como si fuese una reacción contagiosa, cada vez más y más soldados, se tumbaban sobre el suelo pidiendo clemencia. Al ver esto, los Vahianers alzaban su voz y luchaban aún con más entusiasmo con los que parecían no quererse detener.
La distancia entre el joven y los Vahianers cada vez era menor. Entre gritos y oleadas de espadas comenzaban a acercarse, reduciendo así, el espacio con el que el enemigo contaba.
En un intento de mirar más allá de su cercanía, el joven alcanzó a ver a Oriana y a Germanus que luchaban casi estando espalda con espalda. Le fue inevitable formar una sonrisa en su rostro al verlos. Su animal saltaba de un lado a otro derribando a los soldados, cuando Fhender intentó mirar detrás de su espalda, buscando a Rus. Pero para su sorpresa, estaba demasiado metido en el campo de batalla, y desde su lugar, no alzaba a observar. Volviendo a girar, logró esquivar una espada que con suma firmeza bajaba en busca de su cabeza. Moviendo de un lado a otro su báculo, reconoció a su agresor. Se trataba del mismo que había negado la paz propuesta por el joven.

Fhender: La rebelión de los Vahianer ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora