Capítulo 16: La espera (parte II)

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La entrada tenía unos tres metros de alto, y de ancho la capacidad como para que cuatro personas puedan atravesarla a la vez. La apertura, al igual que su cierre, se manejaba con un sistema de cadenas que manejaban quienes estuviesen a cargo de dicha tarea.
En líneas generales, todas las entradas solían ser iguales; pero eso no era lo que preocupaba a la guerrera. El verdadero problema, era la ubicación del fuerte. Ya que se encontraba expuesto a un ataque por cualquier frente. Norte, sur, este u oeste; las filas de Taniel podrían atacar por cualquier lado.
Dos torres se extendían algunos metros luego de la puerta, a sus costados. En tiempos anteriores, dichas torres habían estado unidas por murallas con la puerta; pero ahora solo quedaban las torres, que a juzgar por la apariencia, se derrumbarían en cualquier momento.

Algunos Vahianer comenzaban a entrar por la puerta, luego de algunos gritos de bienvenida; mientras que otros, se encargaban de llevar a los gapers a un corral que se encontraba bordeando la muralla.
Al irse encontrando con otros Vahianer, estrechaban sus manos, se abrazaban y otros pocos se besaban. Cada uno de aquellos rebeldes, tenía su historia y sus motivos para estar felices de reencontrarse con amigos, familiares, amores o simplemente conocidos. Había sido un viaje largo, en el que muchos habían sacrificado innumerables cosas. Esa noche, iba a ser una noche de fiesta; luego, se prepararían para lo peor.
Mientras observaban las estructuras internas del fuerte, Germanus tomó por sorpresa a Oriana dándole un fuerte abrazo; abrazo al cual luego de algunos segundos se sumaría Bori.
Por dentro, el fuerte tenía escaleras, algunas de material y otras de madera. Estas últimas, habían sido agregadas ya que muchas de las estructuras originales habían sido destruidas en enfrentamientos anteriores.
Estas escaleras, por distintos pasillos, algunos techados otros al aire libre, llevaban a distintas partes de la muralla. Esta se extendía al menos unos dos metros más por sobre la entrada exceptuando ciertas torres, que mantenían una altura superior.
De unos escalones, descendían a toda velocidad Aphela y Orwen yendo al encuentro de Oriana, Bori y Germanus y aunque en tiempos pasados, las cosas con Orwen no habían sido del todo calmas; ahora se encontraban entre abrazos y apretones.

—Vengan —hablaba Aphela mientras cargaba el equipaje de Oriana—. Los guiaremos hacia las habitaciones.

«¿Habitaciones?» se preguntaba Bori, «¿Cuántas deben haber para toda esta cantidad de personas?»

—Además... pronto vendrá la noche, y nos encontrará con un gran banquete —palmeando el hombro de Germanus—. ¿Dónde está el chico? —cambiando su tono, Orwen intentaba recordar pero sin conseguirlo.

—Fhender —respondía Bori—. Él no nos acompañó —mirándose con el resto de sus compañeros para ver hasta donde contar—. Pero vendrá, seguro que vendrá.

Algunos Vahianer se presentaban y guiaban a los rebeldes hacia distintos lugares, otros, simplemente comenzaban por su cuenta a recorrer el fuerte.
El lugar en el que se encontraban Oriana y el resto de sus compañeros, era destechado, y contaba con algunos agujeros que simulaban puertas. Estas conducían a diferentes lugares. En cada sitio, en todo pasillo, hombres y mujeres iban y venían llevando y trayendo cosas.
Con el tiempo, los Vahianer recién llegados, entendieron que el lugar contaba con algunas trampas que podían utilizar a su favor llegado el momento.

—En un tiempo —decía Orwen—. Este lugar había sido un gran castillo —abriendo una puerta—. No hay habitaciones para todos los rebeldes, la mayoría tendrá que acampar en algún lugar común. Pero creo que una buena manera de demostrar mi arrepentimiento es cederles mi habitación —sonriendo amablemente—. Tengo que irme, Aphela —mirando a la mujer—. Cuando estén listos, los espero en el jardín.

La habitación tenía tres camas y un baño. Las paredes se encontraban intactas y todavía permanecían cuadros con extraños paisajes.
Germanus fue el primero en arrojarse sobre una de las camas, mientras que Bori se sorprendía de lo lujosa que era el lugar en el que estaban.
Aphela, quien no dejaba de observar a la guerrera, dejaba sus cosas sobre una esquina y con una pícara sonrisa, atravesaba la puerta. Oriana, aprovechando la distracción de aquellos hombres, perseguía a la mujer, hasta perderse en la habitación siguiente.


NicoAGarcía

NicoAGarcía

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Fhender: La rebelión de los Vahianer ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora