Capítulo 9

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Verónica aclaró su garganta para comenzar, Ken y yo estamos esperando a que comience porque esto es interesante. Ella siempre tiene algo que decir o sino se lo inventa.

— Bueno, no es que me guste presumir de mi vida pero haré una excepción con ustedes... —nos apuntó con una sonrisa. Siempre dice eso—. Luke me dijo que me quiere —fui la única que se emocionó.

No entiendo porque no están emocionados.

— ¡Grandioso! ¿Porqué no están feliz? Por fin el chico que quieres te quiere —eso sonó confundo y me lo quedé pensando.

— Si, es grandioso pero no cuando te dicen "te quiero solo para una noche" —dijo Ken estrechándose como un gato recién levantado.

Miré a Vero quien se escogió de hombros mientras asentía. Le debió de doler que le dijeran eso y solo sentí como mi piel se erizaba, no me gustaría que me dijeran eso.

Luke es un estúpido que no valora nada a su alrededor.

— Bueno, él se lo pierde. Vendrán hombres mejores—dije para levantarle el ánimo.

— Además, me quitó un peso de encima. Pero agradezco que me allá hablado claro —Verónica es esa clase de persona que supera fácil su vida amorosa.

— Por lo menos no te dejaron plantada —toda mi atención cayó sobre Ken, tiene su mirada perdida en un punto de la mesa—. Quedé con Manuel y nunca llegó y para el colmo cuando lo vi en los pasillos hizo como si no me conociera pero... como dice Vero "me quitó un peso de encima" —sonrió con aire de tristeza.

Después de un largo silencio Verónica agarró la mano de Ken y sonrió —Mírale el lado bueno, podemos hacer lo que queramos porque no hay nadie reventando nuestro teléfonos de llamadas y mensajes ridículos —los dos rompieron cómplices.

Solté una carcajada. No sé qué hacer sin ellos.

— Por cierto —Vero me miró con su ceño fruncido—,¿Cuando la señorita piensa ir a la uni? Te extrañamos demasiado, las horas se nos hacen eterna sin ti.

— No lo había pensado pero... esperemos que el lunes. Iré hablar con el director —ruego para que no me repruebe pero yo no tengo la culpa.

Quiero volver a retomar mi carrera como chef, mi madre siempre dijo que yo sería la mejor cocinera, ella se encargó de enseñarme lo que ella sabe y vaya que me enseñó mucho.

Comencé a tenerle amor a la cocina cuando la ayudé hacer el pastel para papá, creo que yo tenía mis 4 o 6, no estoy segura. Mi madre hizo que amara la cocina y la amo tanto por eso y miles de razones más.

Los extraños, quiero que los tres estén devuelta pero eso es algo imposible y tengo que viví con eso.

— Me encantaría quedarme otro rato con ustedes pero tengo una reunión familiar. Los invitaría pero son muy aburridas esas reuniones —nos pusimos de pie para abrazar a Vero.

— Te llamaré cómo pueda —dije sonriéndole.

— Hazlo —me respondió.

Después de que Verónica se fue Ken y yo recorrimos las calle, hablamos de la uni, de chicos, sus padres y fue porque le pregunté ya que él no quiere sacar el tema por mi.

Cuando llegué al departamento me dirigí al mueble y di un pequeño salto cuando vi a Henry dormí como un bebé.

¿Por qué duerme en el mueble cuando tiene una cama?

Quizás es más cómodo, ya que me he dormido algunas veces cuando no está Henry porque no me gustaría que se me salga la baba mientras duermo.

La cobija que tiene está tirada al piso y no dudé en arrodillarme y agarrarla para luego extenderla desde sus pies hasta su cuello. Pero cuando toqué su hombro sin querer mis bellos se erizaron y un escalofrío hizo que mi cuerpo temblara.

Es algo difícil de explicar.

No podía quitar mi vista de sus labios, de esas cejas oscuras y gordas, su respiración es tranquila. Todo en él es paz.

Mis dedos pican por tocar su cabello, quiero saber como se sientes entre mis dedos ¿serán tan suaves como se ven? Yo creo que si, pero el miedo es tanto que quiero entrar a mi habitación y encerrarme allí pero otra parte quiere quedarse.

Suspire hondo y enterré mi mano con cuidado en su cabello, se sienten tan bien entre mis dedos. Con mi dedo índice delineé su rostro, cada centímetro de sus rasgo los toqué con mis dedos y con el miedo de que despierte porque si lo hace será mi fin.

Sonrió cuando pasé mi dedo por las comisuras de sus labios, esos labios que se ven tan suaves a tan simple vista. Ahora me empiezo a cuestionar que hago tocándolo todavía, parezco una acosadora pero a veces no soy consciente de mis actos, es una excusa barata que nadie creerá.

Acaricié su mejilla sintiendo la pequeña barba, sonreí por las cosquillas que me provoca. Quería seguir pero creo que fue suficiente, no quiero que se despierte pero agradezco que tiene un sueño profundo.

Un susto fue el que me llevé cuando alejé mi mano para irme pero la suya la agarró, creo que me pilló.

En El Olvido ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora