— Hola.
Mi voz, en la neblina del sueño, era un susurro confuso. No era habitual que Alyah, la única persona que conservaba mi número privado, llamara.
— Alisse, Ivan... Ivan est... está muerto.
El llanto de Alyah atravesó el auricular, perforando mi inconsciente con una punzada helada. La palabra se estrelló contra mi pecho como un proyectil. Sentí el pulso de mi corazón acelerarse, un tamborileo violento y desordenado que se hacía más fuerte, más constante, intentando despertar a mi cerebro antes de que la verdad lo devastara por completo.
Me desperté de golpe, ahogada, con la garganta seca y la piel empapada en sudor frío. La cabina del avión estaba en silencio, solo se escuchaba el murmullo de los motores al desacelerar. Habíamos aterrizado en Chicago.
Cada vez que ese recuerdo, esa corta e inconexa llamada, invadía mis noches, el sabor metálico de la culpa subía por mi garganta. Culpable por la distancia, por no haber estado allí para cubrir su espalda, por no haber anticipado el peligro que se cernía sobre él. Ivan era más que un amigo; éramos la única familia que nos elegimos mutuamente, almas gemelas ligadas por un negocio familiar que ambos detestábamos, pero que nos había dado todo.
Ahora, él yacía muerto, asesinado en su propio departamento por la mano de un malnacido. La policía no tenía más que migajas, pero yo no necesitaba la burocracia para saber la verdad. Yo lo vengaría. Me juré que su vida no sería una estadística olvidada en el frío asfalto de Chicago. Lo haría pagar, cueste lo que me cueste.
Salgo del Aeropuerto Internacional O'Hare, dejando atrás el aire acondicionado estéril. La realidad de Chicago me golpeó: un aire denso, cargado de humedad fría y la promesa de peligro. La ciudad se alza ante mí, una mole de acero y cristal imponente, un escenario perfecto para la venganza y la traición.
Arrastrando mis dos maletas, detengo al primer taxi disponible. El conductor, un hombre de mediana edad con ojos cansados, me mira con una mezcla de curiosidad y cautela.
— Señor, lléveme a esta dirección —le entrego un papel doblado.
Él lo desplega, sus cejas se fruncen mientras lee la calle en una zona que no invita a la visita.
— Señorita, ¿está segura de ir a este lugar? — pregunta, devolviéndome una mirada de advertencia.
— Sí.
— ¿Sabe usted que ese es uno de los barrios más peligrosos del sur de Chicago? Es una zona caliente, especialmente de noche.
Asiento levemente, pero mi corazón, aún golpeado por el recuerdo de Ivan, sintió una satisfacción oscura. Bien. Es exactamente donde debo estar.
— Lo sé —respondo, mi voz era un tono bajo y firme que no admitía réplica
El conductor, entendiendo que su pasajera no es la típica turista, no hace más preguntas. Se pone en marcha, y yo me hundi en el asiento de cuero, lista para enfrentarme a mi nuevo destino.
Una hora y media más tarde, el taxi se detiend. El contraste es brutal. Estámos en medio de un barrio decadente, donde la chapa de los coches esta oxidada y las fachadas de los edificios muestran las cicatrices del tiempo y la violencia. Sin embargo, en medio de ese paisaje áspero, se alza la casa de mi tía Mel: una estructura moderna, de líneas sencillas pero inconfundiblemente costosa. Una fortaleza disfrazada de sencillez.
Pago al conductor, quien rápidamente deposita mis maletas y se aleja con una velocidad que el tráfico casi nunca permitía. Mel sí que tiene gustos peculiares. Y una comprensión inusual de cómo ocultar el lujo en medio de la miseria.
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Cuidado con Roy Blacked [#1 ADV]
Novela JuvenilChicago no perdona, y Alisse Grey tampoco. Tras el brutal asesinato de Ivan, su mejor amig, Alisse tiene un solo propósito: cazar al responsable. Las pistas apuntan a la pandilla más letal de la ciudad, y específicamente a su ejecutor principal. Ali...
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