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11 años atrás...

-¡Eres un idiota! -Mi voz retumba en las paredes de la cafetería vacía de la escuela. -Todo salió mal gracias a tus estupideces, ¡como siempre! Lo lograste una vez más, ¡gracias! Gracias por arruinar un aspecto más de mi vida que solía importarme.

-Julian, cálmate, por favor. Mira, reconozco que la decisión que tomé no fue la mejor; lo sé. Y lo siento, de verdad lo siento. Sé que no soy perfecto, pero a decir verdad, tú también eres un ser humano, y por lo tanto no eres nadie para decir que jamás cometes errores. Además, te recuerdo que fue trabajo en equipo. Era responsabilidad de todos cuidar de nuestro experimento ese día, y si no pasamos a internacionales, fue, en realidad, descuido de todos nosotros, no sólo mío...

-Por favor, Iván, ¡ya deja de escudarte con los demás! Hasta parece que tu concepto de "equipo" es sólo andar de virus, aprovechándote y echando a perder el trabajo de otros con tal de no quedarte sin calificación...

La ira comienza a invadir a Iván, haciéndolo agitar bruscamente las manos y balbucear antes de responder.

-Claro, siempre soy yo... -Azota las manos en sus costados. -Cualquier persona está mal con tal de que no seas tú. Desde los 8 años que te conozco siempre ha sido lo mismo... Ya deja de pensar sólo en ti, ¿quieres?

-¿Y qué quieres que haga cuando veo que no te funciona el cerebro ni para seguir instrucciones? No tendría la necesidad de hacer eso si hicieras bien tu trabajo.

-Ah, pero ahora sí es "mí" trabajo, ¿no? ¿Sabes qué? No sé qué hago discutiendo con alguien que sé que me da créditos sólo por mis errores, sabiendo que si hubiéramos pasado a internacionales te hubieras empeñado en restregarle a todo el mundo que el proyecto era meramente tuyo...

Iván agarra sus cosas con furia y se aparta con pasos firmes y acelerados.

-¿A dónde vas? -Le grito enojado.

-A donde sea, sólo quiero largarme de aquí. -Dice dándome la espalda mientras sigue avanzando hacia la puerta. -Sigue siendo la persona perfecta que presumes ser, porque a partir de ahora, no tendrás que lidiar con mi "estorbosa" presencia jamás.

Azota violentamente la puerta. Yo aparto la mirada de él y emito un gruñido con la intención inconsciente de desahogarme. Permanezco parado en el mismo lugar, escuchando los ocasionales truenos provenientes del cielo nublado afuera de la vacía y cada vez más oscura cafetería, mientras aprieto los puños y las mandíbulas, aún dejándome invadir por el coraje que la discusión de hace unos momentos me generó.

Entonces, repentinamente, mi ira pasa rápidamente a ser temor tras escuchar un fuerte impacto con sonido metálico afuera, que difirió por completo del sonido de los truenos que anuncian la llegada de una tormenta. Mi sangre comienza rápidamente a helarse en miedo a pesar de haber hervido en furia hace unos instantes. Me dirijo hacia la puerta para salir de la cafetería. Algo en mi interior me dice que sé qué es lo que acaba de pasar, pero por más que trato de clarificarlo, no puedo; mis emociones nublan mi razón cada vez más. Escucho vagamente, a lo lejos, una voz, pero tampoco está claro qué me dice. Y entre tantas emociones que invaden mi mente, ni si quiera me pongo a pensar de quién puede ser esa voz, sabiendo que la cafetería está vacía hasta donde yo sé...

Salgo de la cafetería para encontrarme repentinamente en plena calle, frente aquella espantosa escena que intuía que iba a presenciar desde antes, pero no sabía explicarla: el cuerpo de Iván, que acaba de ser arrollado por un trailer que se dio inmediatamente a la fuga, o tal vez simplemente ni se percató de que el bache que pasó era en realidad mi amigo... Me quedo petrificado, incapaz de apartar la mirada de aquel cuerpo, mutilado, con las vísceras de fuera, convertido en cadáver, debajo del cual crece cada vez más un charco de sangre. Un temor inexplicablemente intenso comienza a abrumarme, cada vez más presente.

La Esencia de la VidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora