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Continúo mi caminata sin rumbo, esta vez entusiasmado. No sé a dónde llegaré, pero sí sé por dónde me iré: por la misma dirección que ella siguió cuando la vi irse.

Recorro una considerablemente grande extensión del bosque, topándome con cosas cada vez más increíbles. Pero sigo sin prestarles mucha atención, ya no por estar hundido en mis pensamientos fatalistas, sino porque la idea de encontrar a esa chica ha pasado a ocupar mi mente en su totalidad. Por más enormes cascadas que veo, flores de tipos que jamás imaginé que pudieran existir, colores luminiscentes que jamás había visto en la naturaleza, y hasta fascinantes montañas que parecieran estar flotando, mi mente sigue más impresionado por la imagen celestial de aquel ser. Lo único que obligadamente logra captar mi atención, es un hermoso río, bastante extenso y caudaloso, con el que me topo de frente en mi camino. Sus aguas brillan en medio de la oscuridad, como es el caso de muchos de los ríos aquí. Pero éste tiene una peculiaridad: no es de un sólo color. A lo largo de su cauce, hay ciertas partes que no sólo se ven más caudalosas, rocosas o empinadas que otras, sino que también presentan una luminiscencia de un color distinto en el agua. Además, está rodeado de un montón de árboles, bastante parecidos a maples, también con luminiscencia de colores. Probablemente sea porque se alimentan del agua subterránea de los manantiales que conforman este río tan peculiar. Muchos de esos árboles están tan pegados al río, que sus hojas caen directamente sobre él, para ser llevadas rápidamente por la corriente, creando un hermoso halo de luz aún más brillante a su alrededor en el agua cada vez que caen.

Me detuve ante él sólo porque se interpuso en mi camino. Y es bastante bonito, he de admitirlo. No había visto ninguno como éste en todo lo que he recorrido. Pero sigo con la inquietud de seguir buscando a aquella chica.

Volteo a los lados, después de contemplarlo un rato, tratando de buscar una manera de rodearlo, o de pasar por encima de él sin correr el riesgo de ser llevado por la corriente. Pero no encuentro la manera. No alcanzo a ver ni el final ni ninguna desviación de la corriente; sólo se ve su continuidad, cada vez más y más lejos, con un montón de árboles alrededor, que entre su propia luminiscencia colorida y la que refleja el río, crea el efecto de un hermoso túnel natural de hojas, cayendo frecuentemente sobre el río.

Desvío el trayecto que llevaba para continuar río abajo, esperando que eventualmente llegue a una zona donde pueda cruzar al otro lado. Y sí, después de unos minutos de trotar por ahí, encuentro una zona del río con un montón de piedras juntas que sobresalen del agua. Paso sobre ellas, con cuidado de no resbalarme. Cuando finalmente llego al otro lado, continúo mi trayecto con la misma dirección que llevaba antes.

Camino, troto, corro... Sigo avanzando durante un tiempo indeterminado, sin rumbo fijo, esperando encontrarla. No me detengo a pesar de que me siento cada vez más cansado; la adrenalina que me produce la idea de encontrarla de nuevo puede más que mi desgaste físico.

Pero, de repente, me veo obligado a detenerme, ante un extraño acantilado, un misterioso pozo natural de enormes dimensiones. Miro hacia abajo. Parece no tener fondo. Lo único que se alcanza a ver, es una luminiscencia, principalmente blanca, aún más intensa que cualquier otra presente por aquí; tanto, que alcanza a deslumbrare los ojos; además de un montón de vapores iluminados por esa misma luz, flotando por ahí, algunos de ellos mostrando tener color propio. De su interior se emite un extraño sonido de vacío, una frecuencia constante sin tono. Una extraña sensación, que no sé exactamente cómo describir, comienza a invadirme mientras admiro dicho pozo, aún tratando de dimensionar qué tan profundo será su fondo, o si tan si quiera tiene uno. Había visto cosas impresionantes durante todo mi recorrido que no había visto antes, ni si quiera ya estando aquí. Pero esto es completamente diferente a todo lo demás. Miro a lo lejos. Así como no se ve el fondo, tampoco alcanzo a percibir la orilla del otro lado; sólo se ve vapor fosforescente, desvaneciéndose con la distancia... Es como si se tratara del final de este mundo, su límite. La extraña sensación que me produce comienza a tener una vaga descripción: es miedo, miedo a la eternidad, a la infinidad...

La Esencia de la VidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora