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Voy caminando junto a ella. Su sonrisa radiante, que me dirige a mí, me hace sentir reconfortado, cómodo; aquí y ahora es el único lugar donde quiero estar. No sé exactamente a dónde vamos. Salimos de una especie de estacionamiento, que en teoría es el estacionamiento de la escuela, aunque se ve muy diferente, y de ahí nos vamos caminando juntos hasta una especie de campo, que conforme caminamos se va convirtiendo en bosque; un bosque que inevitablemente me evoca el recuerdo de los bosques de Canadá, con un montón de árboles de maple.

Sam se queda mirándome, de frente, y acentúa su sonrisa. Yo le respondo el gesto, también inmóvil. Entonces, ella se acercas mí y me abraza fuertemente; un abrazo sincero, que dura varios segundos, y que hace que vuelva a sentirme vivo después de todo este tiempo.

-Te quiero mucho, Julian. -Dice ella.

Entre lo cómodo que me siento, no puedo evitar sentir ese cosquilleo inexplicable, pero no por eso menos agradable, en el estómago, que se extiende hasta mi pecho, y me saca una sonrisa involuntaria.

-Yo también te quiero mucho. -Le respondo.

-Le doy lentamente un beso en la cabeza, a lo que ella reacciona abrazándome más fuerte.

Se separa de mí, me mira unos segundos más, y se aleja un poco para contemplar el bosque. Después vuelve a voltearse hacia mí. Yo, motivado por su reacción positiva, camino hacia ella para estar cerca. Pero, al tratar de hacerlo, algo me impide seguir avanzando, por más que quiera. Es una barrera invisible, que se siente impenetrable al tacto, pero inexistente para la vista. Comienzo a preocuparme.

De un momento a otro, su expresión se vuelve muy seria.

-Me voy a regresar a Canada, Julian. No puedes hacer nada para cambiarlo.

Vuelvo a tratar de acercarme a ella, pero una vez más, es en vano. Sigo intentándolo e intentándolo, cada vez más desesperado. Hasta que llega un momento en el que ya no sólo soy incapaz de cruzar esa barrera; ahora tampoco puedo moverme yo mismo. Trato de gritarle, pero ni si quiera eso puedo. Mi cuerpo está completamente paralizado. Creo que ni si quiera puedo voltear la mirada, aunque la verdad no lo intento.

-No sé por qué me estoy alejando tanto. -Continúa diciéndome, viéndome de frente, pero yo aún luchando porque mi cuerpo reaccione. -Pero la verdad, no estoy segura de si quiero volver.

Mis oídos comienzan a aturdirse por el sonido de mi corazón latiendo fuertemente y mi agitada respiración, junto con un extraño sonido ajeno a mí, proveniente de fuera, aunque no estoy seguro de qué sea.

-No me siento cómoda contigo. Me siento extraña respecto a ti, no sé... Todo lo que haces es para hacerme ver como una tonta.

Estoy cada vez más aturdido, y me siento cada vez más desesperado. ¿¡Qué rayos está pasando?! ¿¡Por qué no puedo moverme?! ¿¡Qué es este lugar maldito?! ¿¡En dónde diablos estoy?! ¿¡Por qué no puedo moverme?!

-Despierta, Julian. No puedes cambiar el mundo.

Se da media vuelta y comienza a alejarse frente a mí. Pero yo sigo siendo en capaz de moverme, incapaz de detenerla. Trato de gritarle aún, pero sigue siendo en vano. Sólo me queda verla lentamente alejarse frente a mí, sin poder hacer nada. Estoy cada vez más desesperado, más aturdido; mientras más trato de reaccionar menos parece que va a reaccionar mi cuerpo. Trato de gritar, trato de correr, pero simplemente no puedo... Sólo puedo segur escuchando y sintiendo mi corazón latir cada vez más fuerte y rápido, y mi respiración agitarse cada vez más. Mi cuerpo comienza a sentirse como una prisión, como la prisión de mi espíritu. Aunque, aún así, puedo sentir gotas de sudor deslizándose por todo mi cuerpo; de alguna manera, estoy moviéndome bruscamente en algún otro lado, pero yo aquí, no puedo hacerlo; apenas y puedo sentirlo. Sólo puedo limitarme a seguir viendo cómo Sam se aleja de mí, sin mirar atrás, y yo impotente de hacer algo...

La Esencia de la VidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora