Toda la clase tuve que estar aguantándome verlos platicar muy cercanos. Esto no se puede quedar sin una explicación, y estoy dispuesto a pedirla sin tener que recurrir otra vez a una discusión.
Terminando esa clase, yo tengo hora libre. Tanto Sam como Marco tienen todavía otra clase, pero marco la tiene hasta el otro lado del edificio, por lo que se va antes, dejándonos un rato a solas a Sam y a mí.
Este es el momento indicado.
-¿Y ese milagro que otra vez andas tan platicadora con Marco? -Trato de sonar lo más natural posible, sin parecer molesto.
-Ah, pues lo pensé durante la semana pasada. No quería estar peleada con él de por vida, así que me reconcilié con él, pero sólo como amigos. Realmente no quiero volver a andar con él.
No, tú no, ¿pero él? A mí me huele raro.
-Hm, ya veo...
Pienso en todas las cosas que podría decirle, pero no encuentro ninguna con la que no vea un peligro inminente de volver a iniciar una discusión. Acabo de arreglar las cosas con ella hace unas horas, y evitaré cualquier cosa que pueda atentar contra esa fragilidad, aunque tenga que aparentar. Es como cuando te acaban de quitar el yeso de un hueso roto: a pesar de que ya está curado, sigue frágil, y se tarda un tiempo en recuperar su resistencia y su movilidad originales. Y, aún así, no puedo evitar sentir... Sentir... ¿Cuál es la palabra para esto? Celos...
-Bueno, ya me tengo que ir a mi clase, Julian. -Me interrumpe de mis pensamientos. -Nos vemos.
-Sí, está bien. -Me sobresalto un poco. -Nos vemos.
Nos despedimos y se va.
Me voy a sentar a una de las mesas del patio a esperar a que llegue mi siguiente clase. Me dispongo a hacer tarea, cuando en eso llega Daniel a sentarse conmigo. Está bien, hoy estoy muy zen como para tratar de evadirlo. Aunque, aún así, cuando llega finjo estar tan concentrado que no lo vi, nada más para obligarlo a que él sea quien rompa el hielo, sé que le cuesta trabajo.
-Hola Julian. -Dice, inseguro, como siempre.
-Hola Dani.
Se queda mirándome, pero aunque me percato de ello, no lo volteo a ver hasta después de un rato, cuando comienzo a sentirme incómodo.
Me sonríe y levanta las cejas.
-¿Cómo estás?
-Bien. -Le respondo cortante.
-¿Ya te sientes mejor?
-Sí, ya. En la mañana hablé con Sam. Parece ser que ya arreglamos todo. De hecho nos quedamos platicando las tres horas seguidas y todo eso. Todo muy bien. -Debería estar diciendo esto más emocionado, pero Marco me arruinó el día.
-Qué bueno. -Dice él.
-Aunque... -Hago una pausa, mientras decido si le digo o no. ¿Qué más da? -También me enteré de algo que... Que me intriga un poco...
-¿De qué?
-Hoy Marco llegó, con Sam. Y estuvieron hablando durante toda la siguiente clase... ¿Por qué se volvieron a hablar tanto? ¿Tú sabías de esto?
-No, realmente no... Bueno, sabía que ya no estaban peleados, pero no que estuvieran hablando tanto otra vez.
Ay, ajá con eso de que no sabía. Que no se escude. Y aunque fuera cierto que sólo sabía eso, ¿igual por qué no me lo dijo? Maldito Daniel.
-Sí... No lo sé, me alerta un poco este asunto... Me hace sentir la necesidad de apresurarme para confesarle a Sam lo que siento por ella, pero sé que bajo ninguna circunstancia no sería bueno apresurarlo. -Hago una pausa. -¿Tú sabes si andan, o algo así? -Mi voz se vuelve más nerviosa.
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La Esencia de la Vida
SpiritualeUna familia que me quiere mucho, con buen nivel económico, la oportunidad de estudiar en las mejores escuelas del país donde vivo, y muchos amigos. ¿Qué más podía pedir? La estabilidad rodeaba todos los aspectos de mi vida. Estaba acostumbrado a que...