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Mis sentidos van recuperándose, tal y como cuando reinicias el sistema operativo de la computadora. Poco a poco voy volviendo a sentir mi cuerpo; a sentir mi respiración; a darme cuenta de que después de todo sigo vivo. Me tardo un poco más en poder abrir los ojos y empezar a moverme. Pero después de un rato de estar tendido, mis ojos van abriéndose poco a poco para observar lo que hay a mi alrededor, que al principio se ve borroso. Me levanto lentamente, todavía algo aturdido. Estoy tendido en el pasto, y alrededor de mí hay muchas plantas. No tengo ni idea de hasta dónde fuimos a dar, pero no escucho ni una sola señal humana. Sigue estando oscuro, ¿será que me recuperé muy rápido o que ya me quedé aquí más de un día?

Todas las suposiciones que dan vueltas en mi mente comienzan a hacerme sentir preocupado. Recuerdo el accidente, con claridad: recuerdo habernos volcado y haber visto mi vida pasar conforme nos acercábamos para impactar el suelo, y sé que el único recuerdo que tengo después de eso es estar despertando aquí, unos minutos después. Normalmente, después de ese tipo de experiencias despiertas de la misma manera que yo, pero en la camilla de un hospital, rodeado de aparatos conectados a ti; o incluso en tu cuarto, cubierto con sábanas y siendo vigilado por alguien a quien le importas. Me extraña seguir aquí...

Pero, ahora que lo pienso, milagrosamente no tengo ni un solo rasguño: sólo un pequeño golpe del lado derecho cabeza, que me duele ligeramente; y un rasguño en el lado izquierdo del pecho, que alcanzó a rasgar mi playera. De ahí, además de lo aturdido que aún me siento, estoy intacto. Según yo estuvo bastante aparatoso el accidente como para que me haya tratado así... En fin.

Comienzo a reaccionar cuerdo, mi razón al fin va despertando del aturdimiento: no fui el único que estuvo ahí, Germán y Daniel también iban en el coche. Rápidamente, me apresuro a buscarlos. Pero... ¿En dónde diablos está el maldito coche? Ni si quiera veo pedazos de él por aquí. Comienzo a recorrer mi alrededor, tratando de buscarlo; es posible que haya salido volando algo lejos de él, pero no creo que tanto como para no encontrarlo en un radio de aproximadamente cinco metros. Sigo sin verlo. Maldición, ¿dónde están? Me estoy preocupando cada vez más. No veo rastro ni del coche, ni de ninguno de los dos.

Busco en mis bolsillos mi celular, para poder llamarle a alguien, o aunque sea localizarlos... Con saber dónde estoy está bien. Pero no lo encuentro en ninguno de mis bolsillos. No recuerdo si lo dejé en casa de Germán antes de subirme al coche. O tal vez se me cayó en el accidente. Como sea, no lo tengo conmigo, y eso es malo.

De repente, la realidad me abofetea. Caímos por un risco... Era una pendiente bastante empinada... ¿Dónde diablos está la pendiente? Aquí está todo plano.

Corro, desesperado, tratando de encontrar aunque sea la carretera; pero por más que avanzo, no tengo éxito. Con lo único que me topo, es con naturaleza cada vez más extraña para mí...

Me detengo un momento, agitado, angustiado, para observar detenidamente mi entorno. Hay muchos árboles y plantas, pero con formas y colores que jamás había visto, algunos incluso tienen fluorescencia. El pasto sobre el que estoy parado es de igual manera fluorescente, y parece iluminarse más cuando lo presionas, como lo hace creando una silueta color celeste alrededor de mis pies. Y el cielo... Está tan estrellado, que a pesar de ser de noche alcanza a iluminar perfectamente todo, junto con la extraña fluorescencia de mi alrededor. Pero yo... Yo sigo igual, con la misma ropa. Maldita sea... ¿¡Dónde carajos estoy?!

Por algún motivo que aún desconozco por completo, este lugar tiene algo de familiar para mí a pesar de todo. Tal vez se parezca a alguna película de ciencia ficción que haya visto, a lo que me haya evocado la descripción del ambiente de algún libro que haya leído; o que haya visto este lugar en algún sueño lúcido, con eso que no los frecuento -sarcásticamente-... No lo sé. Pero, sea lo que sea, no sé cómo demonios llegué aquí, y me preocupa. Probablemente alguien ya se habrá preocupado por mí y me estará buscando: mis padres seguro lo harán. Pero, si este lugar es real, me preocupa la idea de que aunque me busquen nadie pueda encontrarme aquí...

La Esencia de la VidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora