Prólogo

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-Ven, te voy a contar una historia... -Le digo a mi sobrino, el pequeño Gerald, haciéndole una seña para que se siente junto a mí.

En realidad no se llama Gerald, se llama Gerardo. Le digo así de cariño porque es una versión más canadiense para decir su nombre. Y tampoco es mi sobrino, pero lo llamo como tal porque es el hijo de un viejo amigo y ex profesor mío, Donovan Elías Villalobos, quien se ha vuelto como si fuera de mi familia, junto con su esposa, Danae Zamudio.

El pequeño Gerald se acerca hacia mí y se recarga en ese mismo árbol de maple donde yo estoy recargado, al borde del monte. Permanece viéndome, expectante, esperándome calmado a que comience a relatar la historia que le prometí. Yo suspiro, tratando de mentalizarme para contar aquel relato basado en mi experiencia que, a pesar de que me gusta platicarlo, no se lo digo a mucha gente.

Medito unos instantes para conectarme con mi propia mente. Siento el fresco viento de otoño golpear suavemente mi piel y alborotar del mismo modo mi cabello. Los cálidos rayos del Sol frente a mí, a punto de meterse para darle paso a las estrellas, le hacen contraste a esa frescura del viento al acariciar sutilmente mi rostro y mis manos, que se encuentran recargadas en mis rodillas. Escucho varias hojas secas caerse con el paso del viento, y los pájaros alborotarse en las ramas de los árboles para refugiarse antes de que caiga la noche.

Entonces, en medio de mi meditación, una hoja del maple donde estamos recargados se cae suavemente frente a mí; roja, como es típico que estén en esta época del año, de esas que para mí conllevan un valor sentimental por representar un símbolo de mis orígenes: mi natal Canadá. Volteo hacia el horizonte directo a la puesta del Sol, justo en frente de donde cayó la hoja de maple. Una ligera sonrisa, generada por la paz interior que siento, se dibuja en mi rostro. Suspiro una vez más.

"Estoy listo..." Pienso. "Ha llegado el momento de transmitirle a mis sucesores todas aquellas enseñanzas que aprendí en mi viaje cuyo tiempo se llama juventud, pero cuyo espacio es una tierra sin nombre..."

La Esencia de la VidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora