-Bien, me siento bastante bien. A pesar de que sé que éste es mi último semestre en la universidad, me siento como si estuviera empezando una etapa completamente nueva. De hecho, he de decir que hace mucho que no me sentía así de bien.
-Te ves bien. -Me dice Daira, sentada del otro lado de su escritorio.
-Sí, bueno... Creo que se nota. Hace mucho que no sentía tanta paz interior.
-¿A qué se lo atribuyes?
Me quedo pensando.
-Creo que es el hecho de que desde que desperté del coma, lo que para mí es desde que empecé el año, algo cambió en mí... Dejé de tratar de retenerlo todo y de forzar las cosas a que se dieran como yo quería, y empecé a dejarlo fluir todo... Todo... Me empecé a dar cuenta de que cuando dejas que todo fluya, cuando dejas de aferrarte, sorprendentemente comienzas a sentirte mucho mejor con lo que te pasa. Incluso, comienzan a pasar las cosas como tú quisieras cuando dejas de forzarlas. Es curioso, pero cierto.
-Entiendo. Se siente mucha libertad al entrar en ese flow natural y te dejas llevar con él, como parte de él.
-Exactamente...
-Y dime... ¿Qué tanto ha cambiado el Julian que acababa de entrar a la universidad con respecto al que está a punto de salir?
-Pfff, muchísimo. Me siento como una persona completamente nueva. Yo reconozco que antes era una persona sumamente arrogante y soberbia. Si bien es cierto que habían acciones de los demás que a veces me incitaban a ser así, y su indiferencia me llegó a lastimar mucho, hoy sé que en realidad la persona que más me lastimaba, que más me estancaba, era yo mismo.
-¿Y por qué le dabas tanta importancia a lo que te decían los demás?
-No es que le diera importancia, en realidad nunca me importó. Bueno, no con todos... El problema era cómo reaccionaba yo. Me escudaba en mi arrogancia para decir que yo era fuerte, cuando en realidad mi manera de comportarme sólo demostraba lo contrario.
-Muy seguido te alejabas de los demás por creer que sólo tú tenías la razón...
-Sí, lo sé, y lo reconozco.
-Hacer eso era lo que en muchas ocasiones te terminaba lastimando.
-Sí, pero ya no lo hago.
Se hace un pequeño silencio.
-¿Hay algo de lo que te arrepientas de haber hecho en toda esta etapa de tu universidad?
-Sí... Probablemente sea el no haber hecho tantas cosas que pude hacer; el no haber aprovechado al máximo todos los momentos, todo por esa misma arrogancia que me impedía disfrutar de ellos, que me tenía hundiéndome en mi propia mente, convenciéndome de que los demás eran los únicos culpables de mi desgracia cuando en realidad yo era el único que se provocaba sentirse así.
-Todavía el semestre pasado tuviste problemas con eso...
-Sí, pero ya no. -Sonrío.
Se hace otro silencio.
-¿Y qué consideras que haya sido el punto de quiebre para que hicieras ese cambio tan drástico empezando este año?
Sonrío al recordar todo lo que viví en aquella tierra sin nombre. ¿Cómo le explico que fue esa la razón?
-El accidente. -Le digo finalmente. -Al despertar del coma, al saberme haber estado tan cerca de morir, y al haberme dado cuenta con la reacción de mi familia, y más recientemente de mis amigos, me di cuenta que en verdad hay motivos que me hacen tener un propósito para seguir vivo. -Hago una pausa para pensar. -Los que nos quedamos, es para contarlo... Con esa frase resumiría todo eso.
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La Esencia de la Vida
SpiritualUna familia que me quiere mucho, con buen nivel económico, la oportunidad de estudiar en las mejores escuelas del país donde vivo, y muchos amigos. ¿Qué más podía pedir? La estabilidad rodeaba todos los aspectos de mi vida. Estaba acostumbrado a que...