Y así, después de tantas desgracias, una tras otra; después de sentirme cada día peor que el anterior, llega la última semana de clases. Logré sobrevivir al que probablemente se ha convertido en una de las etapas más caóticas de mi vida.
Recién acabamos de entregar nuestro proyecto; sí, ese en el que trabajé con Sam. Terminó siendo bastante exitoso, el profesor nos felicitó mucho por el buen trabajo que hicimos, e incluso nos dio un reconocimiento por ser de los tres mejores de todas sus clases. Ahora sí puedo decir que el mérito también es mío: me motivé a trabajar muy arduamente después de lo que pasó con la entrega del primer avance. Pero no por haber tenido éxito quiere decir que fue fácil trabajar juntos. Nuestra convivencia ha sido muy difícil estos últimos días, y más desde lo que sucedió con Marco. Últimamente ya ni si quiera me siento con todos ellos en mis horas libres, ya ni si quiera por Sam. Todo lo que trabajamos en equipo, fue prácticamente sin comunicación, haciendo cada quien lo que le tocaba, y rellenando en nuestros tiempos libres lo que no estaba asignado a nadie.
Los veo a todos ellos reunidos cerca de la salida, platicando. Es el último día de clases, supongo que tienen muchas cosas de qué hablar. Entre las ocasionales palabras que llego a escuchar entre su murmullo, alcanzo a inferir que están haciendo planes para verse en las vacaciones. Y yo aquí, apartado de todos ellos, viéndolos desde el balcón del pasillo de arriba, tratando de que no noten que estoy ahí; indiferente, pero no por eso menos triste.
"Nacemos solos y morimos solos, nacemos solos y morimos solos, nacemos solos y morimos solos..."
Esa frase se ha estado repitiendo en mi mente todos los días desde aquella plática que tuve con Daira, en un intento vano por reconfortarme en mi soledad, por convencerme de que el dolor es lo mejor que puede estar pasándome. Pero luego me pregunto: ¿por qué todos ellos, a pesar de también haber cometido errores, no sufren lo que yo? ¿Qué es lo que hice mal? He sido incapaz de encontrar una respuesta concreta a esa pregunta todo este tiempo. He optado mejor por pensar que, tal vez, el destino es el verdadero culpable, quien me tenía deparado desde un principio quedarme solo y experimentar todo este sufrimiento. Da igual; de todas formas, es innegable lo que está pasando.
Después de un rato, todos los que solían estar a mi vista, debajo del pasillo, se dispersan y se van. Van a su libertad, salen de la escuela para no regresar en un largo periodo de mes y medio, literalmente hasta el próximo año. Me quedo unos segundos más, recargado en la barda del pasillo, reflexivo. Y tras un suspiro, me alejo de ahí, caminando cabizbajo, lentamente. A pesar de que últimamente ya no he sentido emociones, puedo decir que en este momento me siento triste. Pero ya no salen más lágrimas de mis ojos; a pesar de que muchas veces sé que lo ha ameritado, es como si me hubiera vuelto inmune a ellas.
En medio de mi inmersión mientras camino en el pasillo, me topo con alguien que me hace inmediatamente salir de mi trance y voltear rápidamente: Sam. Pensé que ya se había ido también... Justo cuando volteo, ella está mirando hacia el frente, por lo que inevitablemente cruzamos miradas. Se nota en su expresión que busca la forma de evadirme, y que se está arrepintiendo de haberse venido por este pasillo; o tal vez sólo es mi paranoia. Pero yo no trato de evitarla; yo permanezco mirándola a los ojos.
Levanta la mano para saludarme y dibuja en su rostro una pequeña sonrisa ladeada. La saludo de vuelta, algo confundido; no esperaba que me saludara siquiera, pero no puedo evitar sentir algo tras ese gesto; son sentimientos encontrados, algo que se siente bien y al mismo tiempo no; es algo entre culpabilidad y reconfortamiento. Quizás sea un buen momento para tratar de entablar una conversación con ella, y creo saber exactamente lo que tengo qué decir. Me cuesta trabajo empezar, tengo cierto miedo de hablarle.
-Sam... -Suspiro, y hago una pausa.
Ella me mira, indiferente.
-Perdón. Perdón por como me he comportado en estos días. Sé que he sido un imbécil. No tienes qué perdonarme si no quieres. Yo sólo quiero que sepas que no es que no me importe todo lo que he provocado. Me es imposible retractarme y regresar el tiempo para no hacer todo lo que hice, pero quiero que sepas que en el presente me siento mal por todo eso.
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La Esencia de la Vida
SpiritualUna familia que me quiere mucho, con buen nivel económico, la oportunidad de estudiar en las mejores escuelas del país donde vivo, y muchos amigos. ¿Qué más podía pedir? La estabilidad rodeaba todos los aspectos de mi vida. Estaba acostumbrado a que...