Jeca
Pasar la tarde con Adam fue una salida rápida a mis problemas con mamá, pero no fue una salida definitiva.
Regresé casi a las seis de la tarde, y ya me esperaba de malas por la resaca. Al parecer se me había puesto la cara de pera de box:
—¿Dónde te metiste? —cuestionó apenas pasé la puerta.
—Estaba haciendo un proyecto para la escuela.
—¿Ah, sí?
—Sí, de anatomía. —No pasaron ni dos segundos cuando sentí el golpe en la cara.
—¡No te estés burlando de mí! —vociferó. Tenía el cabello rubio desordenado, la falta de maquillaje delataba algunas pecas y arrugas en su piel blanca.
—¡No me estoy burlando, te digo la verdad! —respondí mientras me cubría el golpe con la mano. Sentía la cara arder.
—¡Callate, no me contestes! Vete a tu cuarto.
La obedecí sin más, el impacto me ganó. Estaba harta de la situación en mi casa, harta de ser golpeada, no sentía que me lo mereciera, sabía que había mentido, pero no hice nada malo de cualquier manera.
Me quedé en mi cuarto encerrada, oí a mi madre salir alrededor de las nueve de la noche, entonces aproveché para ir a bañarme y lavar mi uniforme.
Mientras cenaba observaba el billete de cincuenta pesos, era algo como mi primera paga y no me hacía feliz, al contrario, me faltaba mucho dinero para poder obtener las pastillas y las cosas no iban a mejorar pronto, tendría que seguir soportando peleas con mi madre y el "trabajo" con Adam que me hacía sentir aún más patética.
La idea de una muerte lenta o dolorosa me aterraba, pero la de seguir viviendo me atemorizaba igual. Mi cabeza era un lío, a veces quería morir y otras creía que podía seguir adelante. Me odiaba a mi misma, odiaba mi falta de decisión, estaba cansada y muy sola, sentada al borde del abismo, pero sin poder saltar. Mi único consuelo era dormir, sin embargo ya ni siquiera ese lujo podía darme.
Adam
Entre las cosas que Jeca sacó de la cómoda había un mp3 que según yo había perdido meses atrás. Me relajé escuchando música, luego llegó Janeth a interrumpir.
La invité a pasar. Me intentaba vender una secadora de cabello que no podía aceptar porque era algo que ni siquiera necesitaba, pero Janeth quería una dosis urgente. Al ver mi negativa se fue a "conseguir dinero". Yo me quedé viendo la caja de cosas en el piso, ni siquiera me había molestado en revisar que eran, iba a acomodar todo, pero pensé "Eso es trabajo para Jeca", así que le mandé mensaje.
Habían pasado horas desde que Janeth me había visitado, hasta olvidé que quedó en regresar. Volvió con más ansiedad y una cartera que no había que ser genio para saber que no era de ella, ni de ningún conocido.
—Apurate Adam, me ando pasando —masculló casi temblando.
—Ya, ya, aquí está —expliqué dándole las piedras—. No sé a quién le quitaste el dinero, pero debe estar llorando sangre, te irás bien surtida.
—Ni modo, a veces toca perder. —Rio mientras se apresuraba a sacar un pedazo de bombilla para fumarse las piedras trituradas. No me molestaba que se drogaran en mi casa, estaba acostumbrado a ello.
»¿Tú no vas a meterte nada? —preguntó Janeth antes de volver a su estado habitual: Totalmente fuera de sí.
—No, estoy esperando a alguien.
—¿Entonces es verdad que te andas dando a una niña?
—Ni es una niña, ni me la estoy dando. Simplemente viene a limpiar mi casa.
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Solo una razón
Художественная прозаAdam es un vendedor y adicto a las drogas que se ve envuelto en un dilema cuando Jeca, una adolescente que él conoció años atrás, le pide ayuda con un encargo peculiar. ••••• Dos personas que viven y ven la vida de forma o...
