Este capítulo contiene sexo explícito, sé que a muchos no les desagrada la idea, pero si hay alguna persona que por casualidad no guste de este tipo de lectura: Antes de la escena sexual encontrarán este emoji/simbolo/ajá (🔞) y también al final. Así pueden seguir leyendo sin problemas e incomodidades, pero debo advertir que no es solo sexo; también contiene pensamientos de Jeca sobre sí misma y Adam. Sin más, espero que lo disfruten, pues lo escribí buscando que más de uno se identifique y sobre todo intentando hacerlo lo más realista posible.
Jeca
Saliendo del trabajo fui a casa Adam con la llave de repuesto, me imaginaba que quizá él estaría con alguien. Entendía que estaba haciendo algo terrible, pero ya me había hartado de pensar y quería estar segura por mí misma. La vergüenza que me llevé no fue comparada con el golpe mental al darme cuenta que él de verdad estaba enfermo.
Llegó después que yo, entró directo al baño a limpiarse la nariz y salió despreocupado, de ahí iba a su habitación, cuando le hablé frenó de golpe, dio un respingo y por su cara podría jurar que cualquier molestia por la gripe desapareció.
—Jeca, ¿qué haces aquí? Es muy tarde. Me diste un susto, ya te iba a golpear.
—Perdón, quería saber cómo estabas.
—Me hubieras marcado... Estoy enfermo, solo quiero ir a acostarme. Tengo mocos, tengo dolor, me lloran los ojos, me siento mal, no tengo abrazos, nadie me da amor —enumeró acercándose para que lo abrazara. Me hizo sentir mucha ternura y tristeza verlo así—. No quiero que te contagies.
—No me importa, sirve así contagio a Marco y se aleja de mí —pronuncié sin dejar de abrazarlo.
—¿Te acosa?
—A veces.
—¿Quieres que le dé un susto?
—No hace falta, hasta ahora solo han sido chistes de doble sentido. Ya le dije que si se atreve si quiera acercarse sin motivos laborales le ibas a partir la cara.
—Y lo haré. Tú eres mi nena —aseguró en tono mimoso mientras acomodaba su cabeza en mi cuello.
—Ve a dormir —pedí—. Y ten tus llaves, no sé porque las conservo aún —admití sacando el juego de la bolsa de mi pantalón.
—Quedátelas, por si algún día necesito un repuesto—. No sacó la cabeza de su escondite, pero su voz se advertía más seria. Adam sabía que no había motivo para que yo haya entrado a su casa así. Supongo que prefirió creer que lo hice sin malas intenciones.
—¿Te acompaño a casa? —preguntó viéndome a la cara y acariciando mi cabello.
—No, debes descansar, estaré bien. Te avisaré cuando llegue.
—¿Estás loca? No te dejaré irte sola. Te quedas o te llevo, no hay más.
—¿Puedo quedarme? —Me miró extrañado.
—Eso no se pregunta. Vamos a arriba, necesito tomar mi medicina porque ya me harte de estar mocoso —sonrió sorbiendo por la nariz. Yo puse cara de asco.
Subimos a su habitación, Adam sacó un cofre de madera como de unos cincuenta centímetros; al abrirlo dejó al descubierto múltiples cajas de medicamentos.
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Solo una razón
General FictionAdam es un vendedor y adicto a las drogas que se ve envuelto en un dilema cuando Jeca, una adolescente que él conoció años atrás, le pide ayuda con un encargo peculiar. ••••• Dos personas que viven y ven la vida de forma o...
