Advertencia: Antes de leer esta parte, asegurate haber digerido bien la anterior, pues los eventos anteriores y los nuevos, pueden dejarte sobrecargado.
Jeca
Al día siguiente, me levanté muy temprano para ir a la escuela sin que mi madre se diera cuenta. La realidad era que había estado ausentándome para seguir a Alicia, tenía muchas faltas y estaba por irme a exámen extraordinario en la mayoría de clases, de hecho en otras estaba reprobada. No me interesaba, sabía que tenía que afectarme, pero no.
Faltaban horas para entrar, ni siquiera salía el sol. Revisé mi celular, tenía llamadas perdidas de un número desconocido y foráneo, probablemente para intentar hacerme cambiar de compañía. También tenía llamadas perdidas de Adam y algunos mensajes buscando razón de mí. Suspiré, y en vez de ir a tomar el camión, fui a su casa.
Toqué varias veces, el abrió extrañado, sin camisa y medio dormido.
—¿Qué haces aquí? ¿No pudiste dormir? —preguntó frotándose el ojo derecho.
—No podía más. —Él me abrazó, me tomó de la mano, invitándome a pasar.
Me senté mientras Adam preparaba algo de desayunar. Me gustaba mucho verlo, parecía siempre relajado, seguro de su entorno, paciente. Me gustaba él.
—¿Vas a ir a la escuela? —inquirió pasándome el plato sin notar que estaba absorta.
—Sí, pero aún es temprano —asintió con la cabeza, luego ambos comimos en silencio.
Terminamos el desayuno, yo lavé los platos. Adam esperó a que terminara para hurgar en su refrigerador y lanzarme una barra de chocolate. Nos sentamos en el sillón a comerla, él se tumbó y recargó la cabeza en mis piernas.
—Que buena vista tengo desde aquí —soltó riendo, yo lo miré divertida.
—Cállate, sucio.
—Me alegra verte sonreír. —Se incorporó, luego me abrazó otra vez.
—Me gusta estar contigo —dije, acariciando su cabeza. La calidez de su cuerpo me causaba ternura.
—Me gustas tú —respondió.
Me miró a los ojos como pidiendo permiso, permiso que hace mucho le había concedido. Puso su mano a un costado de mi cara, lo hizo con tanta cautela que me transmitió sus nervios. Empecé a sentir que me faltaba el aire, Adam soltó un suspiro pesado, luego sin más terminó de acercarse. Cerré los ojos, sentí sus labios contra los míos. Había una fiesta en mi interior, todo se aceleró por dentro y al mismo tiempo los segundos se volvían más lentos con ese acto.
Abrí los labios para profundizar el beso, sentir la lengua de Adam era algo excitante en muchos aspectos, pero no ese tipo de excitación que te hace querer arrancarte la ropa, no; Era algo delicado, rico, reconfortante; algo que invadía tus sentidos y a la par los alteraba.
Se separó de mí con lentitud, puso su cara en mi cuello y yo me quedé acariciando su espalda. A pesar de estar sentada sabía que me temblaban las rodillas. El corazón de Adam latía tan fuerte que podía sentirlo pegado a mí.
—Tu corazón... —observé en un hilo de voz. El silencio se cortó de forma tan abrupta y casi con el el ambiente. Me sentí extraña al hablar, como si hubiera hecho algo tonto.
—Ya te dije, así se pone cuando estás cerca.
Sonreí aún en la misma posición, pero luego me embargó la incertidumbre: ¿Merecía de verdad estar feliz? ¿Eso había sido un comienzo o solo un juego más de Adam? ¿Era algo serio o después de lo que hice con Frank, me veía como una cualquiera? ¿Era una cualquiera? ¿Merecía algún tipo de respeto?
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Solo una razón
General FictionAdam es un vendedor y adicto a las drogas que se ve envuelto en un dilema cuando Jeca, una adolescente que él conoció años atrás, le pide ayuda con un encargo peculiar. ••••• Dos personas que viven y ven la vida de forma o...
