Adam:
Estábamos sentados en el sillón, solo acariciándonos entre besos, disfrutando de nuestro reencuentro, hasta que tocaron la puerta. Me paré con pesar, era un cliente. Le pedí que me esperara afuera en lo que iba por su mercancía, no fue mucho tiempo lo que estuvo ahí antes de poder regresar a tomar mi lugar con Jeca, pero ella ya estaba de pie lista para irse.
—¿Vas a ir a tu casa?
—Sí. No le avisé a mi mamá que vendría y no traje ropa tampoco.
—No, nena, no te vayas. Yo mañana te llevo temprano a casa, además tu mamá ni cuenta se da.
—No sé, es que...
—No te he visto en mucho tiempo, quédate. —Ella ladeó la cabeza y sonrió.
—Bueno.
Volvió a sentarse, tomé lugar a su lado, la envolví en mis brazos mientras le daba besos en la coronilla, ella empezó a soltar algunas carcajadas. Nos volvimos a besar antes de que yo me pusiera de pie para buscar mi hitter y fumar marihuana. Abrí la puerta del patio, le hice una señal a Jeca para que se quedara cerca de mí. La notaba distante.
—No quieres cenar otra cosa, ¿te pido algo? —inquirí. Ella estaba sentada en una silla con un brazo recargado en la mesa y sobre este descansando su cabeza.
—No gracias, comí porquerías en el ciber, así que no tengo hambre.
—¿Qué tienes, nena? Te noto rara.
—Nada. Tu casa está hecha un desastre. —Cambio de tema soltando una risa burlona.
—Sí, cuando descanse la voy a limpiar —aseguré dando otra calada—. ¿Cómo estás?
—Bien... ¿Sabes? Estaba pensando sobre la primera vez que vine a buscarte. Tú no me gustabas nada, Adam, y ahora estoy muy enganchada a ti —soltó de pronto. Sonreí al escucharla, dejé el hitter sobre la mesa y me senté frente a Jeca.
—Tú no me caías bien. O sea, me parecías histérica, no sé. Recuerdo que llegué a pensar: A esta mujer le hace falta una buena cogida y una fumada. Pero luego caía en cuenta de que tenías muchos problemas en casa y de que eras una nena, así que me apenaba de mi forma de pensar.
—¡Que malo! —chilló—. ¿Recuerdas cuando empezaste a sentir cosas por mí? Porque yo no sé en qué momento empecé a pensar: "Quiero a ese hombre, lo necesito en mi vida".
—Mmh, tampoco me acuerdo. Pero la verdad siempre me has parecido muy bonita, por tu color de piel, tu cuerpo, tu carita. Tienes unos labios como de muñequita, no son gruesos, pero tampoco como tortilla, son muy tiernos y sensuales a la vez —declaré sintiendo como me ponía rojo. Jeca soltó una carcajada y se lanzó abrazarme. Se sentó en mis piernas mientras me daba besos.
—¿Te confieso algo? Cuando viniste por primera vez y que me ofreciste sexo a cambio de las pastillas. Cuando te fuiste, llegué a pensar en aceptar tu oferta y cogerte hasta aburrirme, luego no darte nada por mensa. —Jeca abrió la boca con indignación—... Pero, me di cuenta que no podía ser tan mierda, que tenía que ayudarte. Quizá desde el primer momento me gustaste y yo no me di cuenta. No sé, no fue la mejor forma de conocernos, tampoco nuestro camino ha sido sencillo, pero no me arrepiento de nada porque contigo me siento diferente.
—Tampoco me arrepiento de nada. Digo, de no ser por ti, quién sabe qué sería de mí. Me das la fuerza que me falta —murmuró.
—Te extrañé. Mi almohada huele a ti, dormí triste y excitado —soltamos una carcajada que acabó en un beso tranquilo.
Empecé a recorrer su cuerpo con mis manos, me excitaba mucho tenerla sobre mí. Ella llevaba unos leggins negros y una blusa larga del mismo color. Estaba cambiando su forma de vestir, se veía más femenina. Me atrapaba como insecto en una telaraña, y yo quería ser devorado.
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Solo una razón
Fiksi UmumAdam es un vendedor y adicto a las drogas que se ve envuelto en un dilema cuando Jeca, una adolescente que él conoció años atrás, le pide ayuda con un encargo peculiar. ••••• Dos personas que viven y ven la vida de forma o...
