14) Corromper P2

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Adam

Tenía algunos meses queriendo buscar empleo, pero pasó lo de la farmacia y tuve que aplazar mis planes. Jeca me daba la confianza suficiente para dejarla de guardia o algo así, mientras cumplía mi jornada, entonces llegó el momento de retomar mi objetivo.

Jessica fue a buscarme para saber si quería trabajar de mesero en donde ella; por supuesto dije que sí. Necesitaba dinero extra, aunque el negocio de vendedor iba bien no me atrevía a meter más inversión, aparte en la zona había mucha competencia y eso se traducía a problemas tarde o temprano.

Ganaba lo suficiente para vivir, pero necesitaba más para vivir mejor... Aparte así estaría más alejado de Jeca, quería ayudarla, pero no podía relacionarme con ella de otra forma y esos últimos días me era difícil verla sin terminar inspeccionando su cuerpo. Era como un platillo que siempre estuvo en el menú, pero no noté; de pronto todas las otras comidas se volvieron aburridas y empezaba a sentir mucho antojo.

En mi tonto afán de cuidarla la lastimé declarando que no era mi amiga. Por supuesto que mentí, ya le tomaba aprecio, pero no podía dejar un espacio abierto entre ella y las drogas. No lo necesitaba, a veces la droga y la depresión hacen una combinación fatal, si a eso le sumas un par de tipos esperando la oportunidad de tener sexo, se forma un terrible "Caso Anette".

Era evidente que Jeca no sabía nada de Anette, así que me tocó ser el malo, tuve que herirla. Si ella estaba lejos de mí, estaría lejos de los problemas que acarreaba mi presencia. Pero me dolió ver su cara después de mis palabras, sabía que esperaba una disculpa, y yo no le di más que una despedida.

Esa misma semana mi vida se volvió un desastre. Todo se me fue de las manos cuando salí a hacerme los análisis de orina. Me fui temprano, aún no se asomaba el sol. Aproveché los resultados para ir a comprar el medicamento y visitar a algunos conocidos que vivían por aquellos lados. Me pasé todo el día fuera, cuando volví me encontré con la desagradable noticia de que habían entrado a mi casa.

Los vecinos juraron no haber oído, ni visto nada raro. Era normal, ellos me detestaban y en mi casa era común que los adictos entraran y salieran a toda hora. Me tocó buscar responsables por cuenta propia, por fortuna conocer gente y caerles bien a las personas adecuadas me ayudó a dar con ellos en la madrugada. Pude recuperar la mayor parte de mis pertenencias, pero el dinero y las dosis que tenía listas para vender, no.

Estaba en aprietos económicos, tuve que surtirme con el poco dinero que me quedó. No quise pedir prestado, pues eso aumentaba los riesgos a la hora de vender y pagar. Tenía mucho que no me sentía igual de presionado, incluso me vi en la necesidad de limitar mi consumo, porque deberle a la persona que me vendía era tener un pie dentro de una fosa clandestina en medio de un rancho.

No recordaba cuándo fue la última vez que me metí en problemas así. Esa era la desventaja de trabajar en casa, los compradores que consumían contigo eran los mismos que buscaban chingarte a sabiendas que tenías en tu poder su calma. Tenía que ser frío, estar siempre pendiente de quién entraba y salía, y estar seguro de que nadie se quedara en casa más de lo debido, sin mencionar que eso también acarreaba más dificultades. Los adictos son complicados, parecían estar relajados, idos, pero siempre había que estar alerta.

"Baila bien y no te enredes" esa frase resumía mi vida: Haz las cosas con cuidado y no te involucres con nadie.

Jessica fue la salvación a mis problemas. Me arregló la entrevista y a decir verdad era puro protocolo, pues el trabajo estaba casi asegurado por ser ella la que me recomendaba. La cita fue el viernes de esa misma semana. Estaba emocionado, aunque preocupado por mi casa. Pato y Carlos me aseguraron que no habría represalias por ir a recuperar mis cosas, pues hubo más golpes que palabras. Yo les creía, ellos tenían más poder. Aunque en los negocios todo es incierto.

Solo una razónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora