Adam es un vendedor y adicto a las drogas que se ve envuelto en un dilema cuando Jeca, una adolescente que él conoció años atrás, le pide ayuda con un encargo peculiar.
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Dos personas que viven y ven la vida de forma o...
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Canción: Tristura de Shinoflow
Jeca
—¿Jeca?
—¿Malcom? Qué sorpresa —balbuceé temerosa, pensé en ponerme de pie para irme, pero él se adelantó y se sentó a mi lado dándome un abrazo.
Olía a perfume de hombre. Noté sus rizos más largos casi cubriéndole las orejas, pero todo lo demás en él parecía igual.
—Yo vivo a unas cuadras de aquí, tú no, así que la sorpresa es para mí. ¿Cómo has estado? Tenía tiempo sin verte. —Se acomodó a mi lado con una sonrisa que se veía muy realista y algo se oprimió dentro de mí.
No sabía qué pensar. Por una parte su felicidad parecía sincera y Malcom me demostró ser una persona agradable; pero por otro lado, ya dudaba de cualquier sonrisa.
—Sí, no nos veíamos desde... Estoy bien, gracias... ¿Tú qué tal? —Se formó un silencio incómodo que fue reemplazado a los pocos segundos por la voz del rubio.
—Bien, un poco estresado por la escuela y otros temas, pero ahí vamos... Te ves diferente, ¿qué te hiciste?
—Me corté el cabello, lo teñí, llevo otra ropa más formal —enumeré, «Y pienso matarme pronto» pensé.
—Oh, es verdad. Antes tu cabello estaba como por acá. —Señaló su cintura—. Ahora lo tienes por aquí. —Puso su mano unos centímetros bajo los hombros. Como si no recordara yo misma mi apariencia anterior.
—Sí... Bueno, gusto en verte, yo tengo que...
—No me digas que te vas, no lo acepto —exclamó tomando mi brazo para que me quedara.
—Tengo que hacer un depósito.
—¿Entonces por qué estás acá sentada? Vamos, yo te acompaño.
—No es necesario.
—No pasa nada, Jeca. Si te incomoda hacerme caminar, te lo perdono si me compras unas papas y un refresco.
—No.
—Entonces solo las papas. Anda, vamos que mi ama' va a llegar y se va a emputar porque se me olvidó tender la ropa de la lavadora.
—Malcom, eres... —No terminé la oración porque no se me ocurrió nada lo suficiente fuerte y a la vez no tan ofensivo.
Empezamos a caminar, yo me quedé callada buscando en mi mente un pretexto para que él se fuera, porque lo del depósito fue una mentira de un plan fallido de escape.
Mi celular sonó dentro del bolso, lo tomé para darme cuenta que era Damián; pensé en regresar al trabajo, pero al segundo colgué regañándome a mí misma por siquiera tenerlo en mente. Puse el móvil en silencio para evitar sus llamadas.
—¿Vamos a ir al oxxo a depositar? —preguntó de pronto el rubio.
—No... verás, el dinero era para mi hermano, pero me acaba de marcar, que siempre no le deposite.