39) Decidir P.2

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Advertencia: Capítulo extra largo (Más de 6 mil palabras). Se recomienda leer con calma.

 Se recomienda leer con calma

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Adam:

Me desperté antes de medio día, señal de que mi mente estaba muy inquieta porque faltaba menos para ver a Jeca. Casi no pude dormir esa noche, tenía mucha ansiedad, sumado que consumí menos para intentar estar más centrado. No funcionó después de levantarme, en menos de una hora tuve que meterme una dosis para poder empezar a limpiar.

Estaba ido, concentrado en acomodar dos meses de mi vida en un día. Me frustré al ver que ni siquiera podía recoger las cosas de mi cuarto. Cada minuto juntando basura del suelo, viendo la poca ropa que me quedaba, mis tenis sucios, todo me hacía darme cuenta de lo mal que iba y me dolía al punto de querer dejar la habitación igual porque no me sentía capaz de cambiar.

No lo entendía, no podía expresar lo que estaba sintiendo al saberme tan olvidado por mí mismo. Pude conservar a Jeca conmigo, pude ser una mejor persona, pude ganar la confianza de mi familia, pero no quise. No quise hacer nada y las consecuencias me tenían con los colmillos desgastados por el estrés; la mente hecha un nudo por pensar en estupideces cuando no podía dormir y el cuerpo consumido en piel y huesos pegados.

Me rendí en ese momento, otra vez. Dejé todo como estaba para regresar a la cama con la garganta adolorida ante sensación del nudo. Una parte de mí pedía seguir andando, otra me repetía que ya nada tenía caso, ¿a cuál se suponía que debía escuchar si ambas fases eran mías? ¿Había en realidad una respuesta correcta?

Cansado de casi todo, de pronto me puse de pie, me vestí con la ropa más decente que me quedaba y salí de casa sin meditarlo tanto. El sol me quemaba la piel, pero el aire estaba corriendo muy fresco. El clima era tan inestable como yo.

Seguía dando pasos por las calles del barrio, las personas me veían con asco, con miedo o desaprobación, era así desde la adolescencia, pero ese día me sentía vulnerable, solo agaché la cabeza y seguí mi camino así hasta llegar a la casa de Malcom. Sabía que era una mierda por buscarlo en el momento que peor me sentía, no tenía vergüenza, pero necesitaba compañía y él era la única persona en la podía apoyarme.

Toqué el portón de su casa, la puerta principal se abrió y a mi llamado acudió su hermana menor. Salió con una tablet en la mano, un pantalón de pijama celeste y una playera con un ratón estampando. La niña me miró casi con miedo.

—¿Está tu hermano? —pregunté. Ella puso cara de sorpresa apenas me escuchó.

—¿Adam? Sí, está adentro... Voy a buscarlo. ¡Malcom, te hablan! —gritó dando la vuelta para entrar.

Escuché una mini discusión y luego gritos de la niña, señal de que el idiota había hecho enojar a su hermana. No me equivoqué, el rubio apareció con la tablet en la mano soltando amenazas al aire.

Solo una razónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora