CAPÍTULO VI: REPUTACIÓN

146 25 10
                                        

Elora y Ares ya habían abandonado la habitación y se habían dirigido a sus respectivos puestos de entrenamiento hacía unos minutos

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Elora y Ares ya habían abandonado la habitación y se habían dirigido a sus respectivos puestos de entrenamiento hacía unos minutos. Ya habían comprobado que no iban a coincidir en ninguno de los casos, ya que Elora debía estar en la sala Beta y Ares en la Psi.

Dave se había quedado solo en el pequeño cuarto mirándose al espejo que había dentro del armario incrustado mientras bostezaba. El uniforme le sentaba como un guante, aunque más que un uniforme era un chándal casual compuesto por una camiseta blanca de tirantes básica, una chaqueta negra muy cómoda y unos pantalones deportivos ajustados del mismo color. Ambos tenían un extraño logotipo blanco en el pecho: una especie de cabeza trazada con líneas gruesas con dos grandes cuernos y en la frente de ésta una E hexagonal regular con 6 puntas exteriores. Debajo, en la zona de la barbilla del icono demoníaco había un triángulo invertido con un extraño e inexpresivo ojo negro totalmente abierto.

Se miro de arriba abajo, trató de arreglarse un poco el pelo tan desastroso que tenía y observó el reloj del cajón. Faltaban 5 minutos para las ocho.

Tras abandonar la habitación se dirigió con paso acelerado a la sala Alfa, la cual Elora le había mostrado no muy detalladamente el día anterior. Mientras caminaba por los pasillos metalizados observaba a la gente entrar y salir de sus habitaciones con celeridad, caminaban tan nerviosas como él se encontraba en aquel instante y con semblantes serios por los corredores. Eso, en cierto modo, tranquilizó un poco a Dave, probablemente le hacía sentir cierto sentimiento colectivo y una nostalgia indescriptible, por alguna razón aquel ambiente le recordaba vagamente a su época en el instituto, un tiempo en el que su madre todavía vivía.

Esta noche había vuelto a tener un mal sueño con ella, como de costumbre. Ella se introducía entre la multitud de la gente en una avenida y se esfumaba por completo como gas en una fuga a punto de reventar. Se había despertado en medio de la oscuridad empapado de sudor en una habitación totalmente desconocida junto a dos extraños que apenas conocía y con los que había entablado conversación por primera vez hacía tan solo unas horas. Todo le estaba resultando tan confuso y desconcertante allí dentro que no sabía hasta qué punto podría soportarlo sin volverse loco por completo. La rutina nos hace débiles pero estables, la incertidumbre y el caos nos hacen fuertes, pero nos convierte en monstruos, si es que sobrevives en el intento.

Llegado al final del camino, permaneció frente a la puerta roja y llamativa con un cartel metálico en el costado que rezaba: Sala de entrenamiento Alfa. Red se encontraba ya en la entrada apoyado sobre la pared, con los brazos cruzados y una pierna sobre el muro observando a Dave con un rostro neutro.

—Ya era hora, novato. —Murmuró posando su mano sobre un panel táctil que había al costado del portón que reaccionó con sus huellas y se abrió de inmediato. Dave entró tras él con detenimiento.

—Llámame Brett. —Sugirió Dave percibiendo una mala mirada de reojo por parte de Red que resultó perturbadora y maquiavélica como un diablo, pero ardiente como el mismísimo infierno.

REDDonde viven las historias. Descúbrelo ahora