La vida de Dave Callen ha dado un giro inesperado desde que Erebus, una organización de asesinos subvencionada por el estado norteamericano, decidió brindarle una oportunidad de redención a cambio de un alto precio: su propia identidad.
Por el camin...
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Los tres ascendieron por el elevador, hasta llegar a la planta de sótano más superficial. Dave conocía bien aquellos pasillos y el portón de madera de la sala a la que se dirigían acompañado del cartel en latín cuyo significado le desveló Red unas semanas antes: «Los escritos permanecen, las palabras vuelan».
Era la sala donde despertó el primer día, aquella en la que conoció a Red. Los tres atravesaron el gran portón de madera con la cabeza de lobo tallada en la parte superior y Dave volvió a observar la gran biblioteca con el mismo asombro con el que la observó la primera vez que la vio. Era magistral, casi palaciega.
Lilith avanzó por delante de ellos y tomó asiento en la gran mesa presidencial del centro sobre la alfombra turca.
—Caronte, cielo, muéstranos la información más reciente. —Murmuró ésta en voz alta. Dave la miró como si hubiese enloquecido y Red no pudo contener una risa breve.
—¿Quién demonios es Caronte? Estamos solos en... —Matizó Dave confuso sin llegar a completar la frase. Lilith revoleó los ojos y lo ignoró.
—Preparando los últimos datos sobre la operación "Sabotaje". —Respondió una voz robótica proveniente de algún lugar de la sala.
De pronto la inmensa pantalla de altísima definición que estaba al fondo de la sala se encendió de imprevisto mostrando diversos datos ilegibles mientras Dave y Red tomaban asiento al lado de la chica.
—Caronte, últimamente estoy un poco miope, te agradecería que nos lo mostrases más de cerca. —Volvió a decir Lilith cerrando los párpados y provocando la sonrisa de ambos chicos. Dave no entendía muy bien lo que ocurría.
La mesa sobre la que estaban los 3 comenzó a abrirse y a introducir la madera hacia el interior, liberando una enorme pantalla LED de las entrañas que ascendió y sustituyó la superficie por un auténtico mapa digital y datos e información de todo tipo.
—Mucho mejor, gracias, robot de pacotilla. —Expresó Lilith asqueada levantándose de la silla y señalando un punto costero del mapa de Nueva York mientras cogía aire para explicar. —Mirad, aquí es donde supuestamente estará el camión con la mercancía, descansando en el puerto de Long Island. El barco con todo el producto ha llegado esta mañana desde La Habana, pero el camión no partirá hasta esta noche con destino a los almacenes de Díaz.
—¿Y Díaz es...? —Preguntó Dave sin llegar a terminar la frase. Lilith suspiró y lo observó fijamente dudando de si Dave lo preguntaba en serio.
—Bueno, lo llamamos Díaz porque es el cabecilla, pero se trata de toda una coalición de aficionados de la droga con bastantes contactos que lo ayudan a mantener todo esto y a importar el producto. —Explicó Red. —Antes lo llevaba un empresario mucho más especializado, pero lo asesinamos, así que ahora Díaz ha pasado a estar al cargo.
—Sí, cielo. Son como las cucarachas, esos indeseables se duplican cuando los aplastas. —Matizó Lilith seria y emperifollándose el pelo.
—¿Y cuál es el plan? —Preguntó Dave tratando de meterse en el asunto y conocer bien los objetivos.