CAPÍTULO IX: LAS ÚLTIMAS HORAS

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—¿Has oído la nueva noticia? —Murmuró una de las chicas que estaba delante de ella en la cola para pedir la comida del día. Elora trataba de poner la oreja siempre que podía, disimulando y procurando que no volviesen a interceptarla y amenazarla como la última vez. —Por lo visto Leik ha sido aniquilado por uno de los nuevos... ese tal, Brett.

—¿Leik? ¿El que parecía un toro enfadado? —Respondió la otra compañera casi alegrándose por ello. —Se lo merece por acosador y por imbécil... —La otra asintió. —¿Oye y quién es Brett?

La cola finalizó más pronto de lo esperado y el encargado de servir las bandejas llamó a Elora casi a gritos, que estaba embobada y con la atención puesta totalmente en la conversación.

Ésta cogió la bandeja disculpándose con rapidez, percibiendo las miradas de reojo de sus compañeras y acudiendo a la mesa donde se encontraba Ares tras cruzar medio comedor. Aunque esta vez no estaba tan abarrotado como el otro día cuando se sentó junto a Brett, el alboroto que siempre se formaba era bastante molesto. Tomó asiento justo enfrente de su compañero.

—¿Qué tal ha ido hoy? —Preguntó Elora poniendo una sonrisa firme en Ares, que levantó la cabeza tras verla y le devolvió la sonrisa en forma de saludo.

—Bien... mañana a las nueve de la mañana tengo la primera prueba... —Aseguró inquieto jugando con los guisantes del plato con el tenedor.

—¿En qué sala será? —Preguntó inocentemente la joven.

—No será en ninguna sala... —Respondió con seriedad. —Será en una de las plantas de la cúpula. No lo sé con seguridad...

Elora notó un extraño pesar y preocupación en su voz apagada, la incertidumbre lo estaba matando. Ella le tomó la mano con delicadeza y ambos se observaron fijamente por unos instantes. Un torrente de recuerdos claros y nítidos de la noche anterior con él en los baños, desnudos y llenos de sudor surcó su cabeza de pronto y le hizo esbozar una ligera sonrisa.

—Todo irá bien. Se te da bien moverte, demuéstrales a todos lo que vales. —Aseguró ésta con una risa tonta tratando de calmarlo. Este apretó su mano y clavó sus ojos miel en los labios de la chica.

—Lo de anoche... estuvo genial —Espetó Ares con cierto brillo en la mirada al observarla. —Me gustaría repetirlo cuando esto acabe, si quieres...

Brett apareció inmediatamente en medio de los dos y tomó asiento al costado de Ares saludando con un movimiento de cabeza. Llevaba la ropa todavía sudada y olía a rayos. Ares se alejó suavemente de él deslizándose por el banquillo. Elora pudo darse cuenta, y algo en su intuición le decía que incluso Brett se había percatado del aroma nauseabundo que desprendía.

—¡Por el amor de dios Brett! —Exclamó con mirada de soslayo. —Creí haberte enseñado el primer día donde estaban las duchas. —Esbozó sin cortarse un pelo.

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