La vida de Dave Callen ha dado un giro inesperado desde que Erebus, una organización de asesinos subvencionada por el estado norteamericano, decidió brindarle una oportunidad de redención a cambio de un alto precio: su propia identidad.
Por el camin...
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—¿Esta noche? —Preguntó Elora absolutamente alucinada. —Dios mío, ya me cuesta creer que Erebus esté metido en asuntos turbios de drogas, aunque tampoco me extraña en exceso, pero que el propio Markus te haya escogido a ti para hacerlo... eso sí es increíble. —Suspiró mirando a Dave con algo de tristeza. —No puedo imaginarme la carga y la presión que debes de sentir ahora mismo sobre tus espaldas.
Dave, que se encontraba sentado sobre la colcha de su cama mirando al suelo. Ya estaba vestido con la ropa deportiva para el entrenamiento de esa mañana.
—Bueno... todo eso si es que vuelvo con vida y Red no pretende deshacerse de mí. —Advirtió preocupado. Elora se acercó a él y depositó su mano sobre el hombro de su amigo.
—Oye, si Red quisiera matarte lo habría hecho ya. Nada lo detiene. —Aseguró observando a Dave con cara de cordero degollado. Tenía razón, pensó Dave —Si no, mira lo que ha ocurrido con Ares y con muchos otros... —La voz le tembló momentáneamente al pronunciar su nombre. —Además, has dicho que ayer parecía simpático contigo.
—Eso no importa, aun así, no me fio de él, Elora... —Aseguró con los ojos entrecerrados. —Sé que oculta cosas, y no me gusta ni un pelo que sepa cosas que yo no. Y el hecho de que fuese más simpático que de normal también me hace sospechar.
—Y haces bien desconfiando de él... pero esta vez estás entre la espada y la... —La puerta de la habitación se abrió de repente acaparando la atención de ambos amigos.
Una chica de constitución ancha y fuerte, rubia, con el pelo ondulado a la altura de la mandíbula y bastante descuidado, con ojos claros y mandíbula gruesa llena de pecas había abierto la puerta de la habitación. Iba vestida con harapos como un auténtico espantapájaros, embutida en un vestido roto, grisáceo y sucio, llena de arañazos por sus brazos y piernas descubiertas y las mejillas y ojos llorosos e hinchados con algún que otro hematoma.
—Hola... mi nombre es Myra. —Añadió mostrando su voz con aparente vergüenza. Era una voz grave y clara, pero a la vez muy dulce, pensó Dave. Tenía acento de otro país muy diferente de EEUU, quizá era rusa, o tal vez finlandesa por ese cabello rubio y esos ojos claros tan característicos. —Creo que esta es la habitación donde m-me quedaré... soy nueva aquí. —Tartamudeó.
Dave le dirigió una sonrisa que camufló rápidamente al ver la reacción de Elora, que puso los brazos en jarras indignada mientras la apuntaba con mirada despectiva.
—¡¿Qué?! —Exclamó ante la atenta mirada de la pobre Myra y abriendo los ojos. —¡No puedo creer que hayan sustituido a Ares con esa facilidad y frialdad después de haberlo matado ellos mismos! —Gritó furiosa observando a la cámara de la habitación que la estaba enfocando. —¡Sois unos cabrones sin escrúpulos! Ni siquiera sois capaces de dejar pasar unas semanas, como si aquí no hubiera muerto nadie ni esa cama hubiese pertenecido a un chico hasta hace cuatro noches. —Continuó negando con la cabeza con los ojos vidriosos, aunque sin lágrimas.