Capítulo 11

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Los días pasaron con tranquilidad tal y como había predicho el youkai, no se habían topado con ningún enemigo que representara una amenaza, solo algunos ilusos de bajo nivel que tuvieron la mala suerte de toparse con ellos.

Sesshomaru ya se encontraba totalmente recuperado, en cuanto volvió a ser youkai, su cuerpo sanó con rapidez. Su estancia como humano seguía siendo duradera, para su desgracia... Al amanecer seguía teniendo la apariencia de uno y no cambiaba hasta pasado el medio día, esto tenía algo molesto al ojidorado, ya que como humano no sería de utilidad al momento de luchar, tendría que depender de la joven sacerdotisa que lo acompañaba, y eso no le agradaba para nada. 

- ¿Te pasa algo? has estado muy pensativo durante todo el camino - preguntó la azabache a su lado.

- No es nada - respondió el youkai cortante.

Kagome frunció el ceño no creyendo en sus palabras. Le molestaba que el peliplateado no tuviera la confianza de hablarle de lo que le pase, pero vamos, estamos hablando de Sesshomaru, el tempano de hielo, considerado el youkai más poderoso de la época feudal; definitivamente solo en sueños el Inu confiaría en una humana, o al menos eso pensaba la chica.

Pese a todas las dudas que tenía la miko, decidió guardar silencio, ya faltaba poco para que llegaran al templo, y si tenían suerte encontrarían la cura y luego cada uno por su lado; esto irremediablemente entristeció a la joven humana, llevaba un poco más de un mes viajando junto al testarudo youkai y ya se había acostumbrado a estar con él.

Sesshomaru notó el cambio en el aura de la sacerdotisa, ella estaba triste y eso no le agradaba. Giró un poco su cabeza para observarla, y comprobó su estado de animo, ella caminaba con la vista al suelo, y sus ojos estaban opacos.

Detuvo su caminar, y la chica siguió avanzando, seguramente perdida en sus pensamientos.

- Miko - la llamó.

La nombrada se detuvo al escuchar al youkai y volteó a verlo confusa.

- ¿Qué es lo que te sucede? - preguntó él sin rodeos.

- ¿Qué te hace pensar que me sucede algo? - demandó ella.

- Tu aura cambió, no trates de engañarme mujer.

- ¿Por qué te importa saber lo que me pasa? cuando yo pregunto que te pasa a ti lo único que haces es ignorarme - cuestionó enojada.

- No es lo mismo - respondió él acercándose. 

- Claro que lo es, y no tengo porque responderte si tú también no lo haces cuando te pregunto - dijo ella alejándose.

El ojidorado arrugo el ceño evidentemente molesto, pero decidió no decir nada más, no iba a rogar para que ella le contara lo que le pasaba.

El resto del camino se mantuvieron en un absoluto silencio, la tensión se notaba en el aire, pero ninguno iba a dar su brazo a torcer, sobre todo Sesshomaru, quien pensaba que era absurda e infantil la actitud de la miko.

Ponto un pequeño templo pudo distinguirse a la distancia. Había mucha vegetación alrededor; árboles, riachuelos y flores de todo tipo. El lugar se notaba muy pulcro y se sentía un aire de pureza rodeándolo.

Ambos se detuvieron en la entrada, una gran puerta de madera los separaba del misterio de ese lugar.

Kagome empujó la puerta suavemente, y esta se abrió sin más preámbulos. Dentro del templo habían una infinidad de pergaminos, de todos los tamaños posibles, y perfectamente ordenados en estantes. Todo estaba cubierto de polvo, aparentemente sin cuidados. Seguramente nadie se preocupaba de ese lugar.

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