La baja temperatura era notable esa madrugada, pero ella en ningún momento sintió frío. Su cuerpo estaba firmemente abrazado por el ojiazul. Se sintió plena y en completa paz.
El amanecer estaba a la vuelta de la esquina, así que con lentitud se incorporó y separó de aquel cálido abrazo. Miró al hombre con ternura, y no pudo evitar besar su cabeza con suavidad.
Sintió una ligera incomodidad en su entrepierna, prueba de que ya era una mujer. Sonrió sin poder creerlo. Sesshomaru la había hecho suya. Hace unos meses atrás nunca habría imaginado que iba a perder su virginidad con ese demonio. Pero el destino hizo lo suyo, y ahora estaba perdidamente enamorada de ese terco youkai.
Frunció el ceño al sentir un punzante dolor en su cuello. Con sus dedos recorrió dicho lugar y a través de su tacto pudo reconocer los agujeros que habían dejado los filosos colmillos del Inuyoukai. Recordó entonces que él la había mordido, pero no sabía el porqué.
Ignorando las molestias que sentía, se levantó totalmente. Busco sus prendas de sacerdotisa y no dudó en colocárselas, puesto que una corriente de aire había entrado por la ventana y le había hecho temblar. El sol prontamente comenzó a hacer su acto de aparición. Iluminando cada cosa en su camino. Kagome suspiró con tranquilidad cuando los rayos de sol que entraban por la ventana la alcanzaron, el frío poco a poco comenzaba a desaparecer.
Sintió entonces una energía demoníaca, y volteó a ver al ahora youkai.
Sesshomaru comenzaba a despertar lentamente. Había sentido su pulso youkai volver a su cuerpo y eso lo alivió, pero no encontró a la joven mujer a su lado. Se incorporó con rapidez, pero se tranquilizó al ver a la humana cerca de la ventana viéndolo con una suave sonrisa.
- Buenos días, Sesshomaru - saludó ella acercándose.
- ¿Te encuentras bien? - preguntó el atrayendo a la mujer a sus brazos.
- Duele un poco, pero es tolerable. No te preocupes, con un buen baño pasará - respondió ella.
El youkai asintió y luego posó su mirada sobre la marca que había dejado en su cuello. Con sus dedos acarició el lugar, y ella dio un respingo. La marca no tenía buen aspecto, el cuello de la joven estaba algo inflamado e irritado.
- ¿Te duele?
- Si, bastante a decir verdad. No entiendo porque me mordiste - dijo ella haciendo un mohín.
- Es la ley youkai.
- ¿Ley youkai? ¿a qué te refieres?
- Cuando un youkai se une a una hembra debe hacerle una marca. Esa marca demuestra que eres solo mía, Kagome.
- ¿Y era necesario morderme? - preguntó tocándose el cuello.
- Sí, he depositado mi esencia en ti, ahora cualquier youkai que vea esta marca o te huela, sabrá que eres mía.
- Entonces, es como si estuviéramos casados... - dijo con las mejillas rojas.
- Para los humanos podría considerarse así - confirmó él.
- Entiendo. ¿Pero es normal que duela tanto?
- Lo es, pero tranquila, te ayudaré con el dolor - dijo acercándose a su cuello.
- ¡Sesshomaru! - lo llamó exaltada cuando sintió la lengua masculina recorrer su cuello. Un corriente de dolor y placer la recorrió, y no pudo evitar estremecerse. El peliplata, por otro lado, se encontraba fascinado de sentir su olor en la mujer, además de que el sabor de su piel era simplemente exquisito.
Luego de unos minutos de esa dulce tortura, el youkai dejó su cometido, y observó ahora como poco a poco comenzaba a aparecer una Luna menguante en el cuello de su mujer.
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Destino
FanfictionUna maldición acecha al gran youkai Sesshomaru, quien resignado va en busca de la única mujer que lo podría ayudar. Una nueva aventura comienza, donde el peliplateado y cierta azabache tendrán que viajar juntos. Los sentimientos de cada uno saldrán...
