Capítulo 28

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La joven sacerdotisa miraba atentamente el amanecer, los cálidos rayos de sol comenzaban a infiltrarse lentamente por los frondosos árboles. Suspiró tranquilamente cuando la calidez del la mañana la alcanzo.

Ya habían pasado tres días, y en esos días estuvo mejor que nunca. Sesshomaru y ella habían hecho el amor todos los días, y no podía evitar sonrojarse al pensar en eso. Sin embargo, había algo que preocupaba a la joven azabache, y es que sus poderes aún no regresaban. Kagome comenzaba a creer que quizás había perdido sus poderes de sacerdotisa, y eso le aterraba. Cerró los ojos y se concentró, tratando de buscar en su interior la energía espiritual que siempre la acompañaba, pero no encontró nada.

- Maldición - se quejó la pelinegra.

En ese estado no podría ser de mucha ayuda al youkai que se encontraba dentro de la cabaña. Bufó con molestia para después ingresar a ver al peliplata.

- Sesshomaru ¿te encuentras bien? - preguntó la pelinegra al ver a su amado con una de sus manos en su cabeza.

- Miko - la llamó. Se incorporó y se acercó para abrazarla. Este acto sorprendió mucho a la azabache, puesto que era ella la que siempre se acercaba a él para hacerle una muestra de cariño.

- ¿Pasó algo? - preguntó un poco preocupada por él.

- Un estúpido sueño - se quejó el ojidorado.

Kagome soltó una risita.

- Si lo dices de esa forma, entonces era una pesadilla.

- Hmp... Eso no es relevante - contestó separándose de ella para colocarse su haori.

- Bien, como digas - respondió ella aún sonriente.

- Kagome - la llamó nuevamente sin mirarla.

- ¿Si?

- Tus poderes... - volteó a verla - Aún no regresan, puedo sentirlo.

La pelinegra bajó la cabeza angustiada, y cualquier signo de felicidad desapareció de su hermoso rostro.

- Sí, algo está mal...

- Temo que sea por la marca que puse en ti. A decir verdad nunca he escuchado de la unión de una miko y un youkai, y mucho menos si se podía poner una marca, Pero yo pude ponerla en ti. Creo que es a causa de mi energía demoníaca el porque tus poderes sagrados no regresan.

- También lo pensé, pero aún no podemos asegurar nada - contestó ella triste.

El peliplata se acercó a ella y levantó su mentón para mirar los oscuros ojos marrones de la mujer.

- No te preocupes, encontraremos la solución. Iremos donde un viejo conocido.

- ¿Viejo conocido? - preguntó ella confundida?

- Ya lo verás...

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El lord del Este se encontraba furioso, sus ojos estaban oscuros y su ceño notablemente fruncido. Maldijo a Saya por su incompetencia. La joven pelirroja llevaba más de 2 días sin aparecer con la miko. Estaba desesperado.

- ¡Maldita seas Saya! - grito golpeando la pared de su estudio.

Si su subordinada tenía razón, Sesshomaru ya había encontrado la cura para su maldición, y eso no le era para nada favorable.

Por otro lado, el Lord del Oeste había asesinado a gran parte de su personal y guardias, ya no tenía a nadie para mandar a hacer el trabajo sucio, excepto Saya. Sin embargo, así como se veía, se le veía imposible que ella fuese a cumplir con su trabajo. Tomó su armadura, dispuesto a ir a encarar al peliplata, debía cerciorarse de que la miko se encontraba con él. Iba a ser muy arriesgado pero ya no tenía mucho que perder.

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