Capítulo 29

2.7K 277 7
                                        

El tenso ambiente se podía sentir a millas. La energía demoníaca de ambos Lords se peleaban para aplastar a su contrincante. Kagome, unos metros atrás observaba con preocupación dicha situación. Si bien Sesshomaru había recuperado sus poderes, nada podía asegurar que no tendría problemas en la batalla. Miró atenta la espalda del hombre que amaba, moría por ir a ayudarlo, pero en el estado en el que se encontraba solo sería un estorbo para él.

- Quién diría que el Gran Lord del Oeste tomaría por compañera a una simple humana - se burló Hotaro.

- Eso no te incumbe - contestó el peliplata con obvio enojo.

- La verdad es que me sorprende, tú mismo decías aborrecer a los humanos... Ahora mírate, protegiendo a uno, y más que eso te, haz emparejado con la raza que por siglos has despreciado.

- Kagome no es cualquier humana - demandó el ojidorado.

- Sí, lo puedo ver... - contestó viendo a la joven de forma perversa. Sin embargo no duró ni dos segundos en mantener la mirada ya que una espada se interpuso en su medio.

Sesshomaru no dudó en desenvainar a Bakusaiga y atacar al otro Lord, liderado por los celos que comenzaba a sentir. ¡Nadie más que él podía mirar a la miko de esa forma! "¡Inaceptable!" gritó su bestia interior.

- ¡Vamos Sesshomaru! solo la estaba observando - contestó luego ser casi cortado por la espada del otro Lord.

- No te atrevas a posar tus ojos sobre ella - amenazó el Inuyoukai.

- Creí que podíamos negociar de una manera pacífica, pero al parecer estaba equivocado.

El peliplata entrecerro sus ojos tratando de calmar su enojo. Quería descuartizar al Lord del Este con sus propias manos, pero no podía, al menos no por ahora.

- Volveré Pronto, Lord Sesshomaru - se despidió comenzando a levitar - y no vendré solo... 

El peliplata gruñó ante lo dicho, pero lo dejó ir. Envainó su espada y camino hasta la preocupada sacerdotisa. Sería absurdo decir que no estaba furioso, porque sí lo estaba. El maldito de Hotaro se había atrevido de reclamar a Kagome ante su presencia y eso jamás se lo perdonaría. Sin embargo, debía ser paciente, puesto que si peleaba con el Lord del Este podrían entrar en una posible guerra, y las alianzas de cada punto cardinal se verían obligadas a participar. Aquello no era nada conveniente...

- Sesshomaru - lo llamó su mujer, pero él no fue capaz de mirarla.

- Hoy continuaremos, no podemos perder más tiempo - concluyó.

La joven azabache lo observó confundida mientras el emprendía paso. Sintió una leve punzada de dolor en su pecho, y una gran molestia por su tosca actitud. Decidió seguirlo sin responderle, si él iba a comportarse de esa manera, ella también lo haría.


.


.


.



Su increíble cabellera rojiza se movía al son de su elegante caminar. Su aura, antes repleta de odio y poder demoníaco la habían dejado, dando paso al color natural de su poder; violáceo claro. Caminaba aparentemente sin rumbo, parecía más que nada alejarse del lugar que iba dejando atrás. Había tomado una decisión, y era comenzar esta vez de cero. La joven azabache tenía mucho que ver en su nueva iniciativa, puesto que gracias a ella pudo comprender que lo que estaba haciendo, en el fondo, no era lo que ella quería. También sabía de ante mano que aquello que había hecho significaba una muerte segura, puesto que su amo no permitía tal acto de traición. Sin embargo, ya poco le importaba, habían sido muchos años de servicio; de golpes y amenazas, pero eso ya se había acabado. Lamentaba no tener las suficientes fuerzas para enfrentarse a él para decirle lo que pensaba, pero no era estúpida, sabía que en cuento volviera a pisar las tierras del Este, él mismo la mataría.

Ver a la joven pelinegra abrazada a ese youkai le hizo pensar en muchas cosas. Ella nunca había escuchado de una pareja similar. Los youkais y sacerdotisas habían nacido para destruirse el uno al otro, aunque bueno, ella misma era una excepción, puesto que había trabajado para un demonio. Pero era extraño ver como esa miko y ese ser podían congeniar tan bien... Incluso amarse.

Amor... Que palabra tan ajena para ella, había crecido en un lugar donde desde el principio la habían rechazado, en donde siempre había estado sola. Nunca había sentido algo como aquel sentimiento. Sencillamente no sabía lo que significaba, ni mucho menos como se sentía.

Suspiró fuertemente al sentirse una tonta por pensar en eso.

- Que estupidez... - susurró para sí misma.

- ¡Detente ahí! ¡demonio! - Gritó una voz a unos cuantos metros de ella.

- ¡¿A quién le has dicho demonio maldito infeliz?! - gritó una segunda voz.

Saya se acercó curiosa por tanto berrinche. Afueras de una pequeña aldea se encontraba una buena cantidad de hombres rodeando a un muchacho de rojas vestimentas. Frunció el ceño al ver tal injusticia, eran muchos para uno solo.

- Disculpe ¿puedo preguntar qué pasó aquí? - le preguntó a un viejo hombre que miraba la escena desde unos pocos metros.

- Al parecer un demonio ha entrado a nuestra aldea - respondió el hombre sin mirarla.

- ¿Un demonio? - era extraño, no sentía nada de energía demoníaca.

- ¡Ya déjenme en paz! ¡debo irme! - gritó nuevamente aquel joven abriendo paso entre la multitud. Esta vez, Saya lo pudo apreciar mejor.

.


.


.


.


Unas cuantas horas habían pasado desde que emprendieron rumbo, horas en las que ninguno había hablado. Sesshomaru guiaba desde adelante, con su elegante caminar. Nunca nadie pensaría que se encontraba molesto, ya que en su rostro no se reflejaba nada de dicha emoción. Kagome, caminaba igual de molesta que él, le molestaba su estúpida actitud. ¡Ni siquiera sabía porqué estaba molesto! moría por preguntárselo pero el poco orgullo que le quedaba se lo impedía.

Levantó la vista y lo observó detalladamente. Su hermosa y larga cabellera color plata se movía ligeramente de acuerdo a cada movimiento que él hacía. Su espalda era ancha y fuerte. Su piel era pálida y exquisitamente suave... Todo de Sesshomaru le advertía peligro, poder y belleza. ¿Para qué negarlo? El ojidorado era un adonis, el hombre más apuesto que había visto en toda su vida, incluso mucho más que Inuyasha.

Inuyasha... ¿Qué sería de él y sus amigos? se preguntaba internamente de cómo reaccionaría su amigo hanyou al enterarse de que se había convertido en la mujer de Sesshomaru. Casi podía imaginar su rostro acongojado y sus cejas iniciar un exagerado tic. Soltó una leve risa al pensarlo. Inuyasha había sido, y es un pilar fundamental en su vida. Con él conoció el significado del amor, del dolor y de la amistad. Lamentaba que su historia con la antigua sacerdotisa no hubiera funcionado, el destino fue muy cruel con ambos. Le pedía a los dioses que su querido semi-demonio encontrara nuevamente el amor, y que esta vez, su historia fuera repleta de amor y felicidad.

Se concentró nuevamente en su apuesto youkai, decidió entonces acercarse y tomar su mano. Sin embargo, aquello no lo vio venir, y no tuvo tiempo de reaccionar. Cayó pesadamente hacia su costado y al momento escuchó su nombre ser llamado por el dueño de corazón. Sintió su cuerpo pesado y la marca en su cuello ardía a horrores, ¿acaso eso que acababa de sentir era la manifestación de su poder sagrado? estaba segura que sí, puesto que podía sentir el youki de Sesshomaru aferrarse a su cuerpo y marca. 

- ¡Kagome! - gritó el nombre de su mujer cuando volteó a verla en el suelo. Había estado tan concentrado en sus propios pensamientos que no notó el estado de su joven humana. La miko se retorcía de dolor, su cuerpo ardía y su marca parecía muy inestable. La tomó entre sus fuertes brazos y corrió para encontrar algún riachuelo para poder bajar la temperatura de la chica. 

- Tienes que resistir, Kagome - susurró preocupadamente el Lord.


.


.

Continuará...

DestinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora