Su corazón latía con rapidez, y sus manos no paraban de sudar. Sentía unas terribles ganas de vomitar, todo a causa del intenso nerviosismo que estaba sintiendo en esos momentos.
Saya sujetó con firmeza el cuerpo inerte de la joven sacerdotisa, debía darse prisa, o la chica moriría.
Entró abruptamente al castillo, llamando la atención de los guardias que lo protegían.
- ¡Necesito un curandero! ¡Rápido! - gritó la ojisangre.
Los guardias se miraron entre sí confundidos, pero accedieron a su orden, después de todo, aquella mujer era la mano derecha de su amo.
Con ayuda de un youkai, la pelirroja logró llevar a Kagome hasta una de las tantas habitaciones que tenía el palacio del Este, para luego recostarla con cuidado en un mullido futón.
- ¿Se encuentra el amo? - preguntó Saya con los nervios a flor de piel.
- No, salió al alba y avisó que no llegaría hasta mañana - respondió el youkai que la acompañaba.
Ella suspiró con alivio.
- Bien, escucha; esta miko es importante para nuestro amo, es por eso que la necesito con vida. Si ella llegase a morir, mi Lord se desquitaria conmigo y con varios de ustedes, así que necesito su ayuda.
- Comprendo, el curandero debe venir en camino, no tardará en llegar.
- Eso espero - susurró la ojisangre mirando a una pálida Kagome.
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- ¿Tienes algo que proteger? - preguntó aquella conocida voz.
Otra vez esa estúpida pregunta... - pensó el ojidorado
- Yo, Sesshomaru, no tengo a quién proteger. Esos sentimientos de proteger a alguien solo será la debilidad que verán los enemigos en uno, es algo completamente inútil y banal.
El mayor de los peliplata lo miró de reojo y suspiró.
- Por supuesto que sí lo tienes, Sesshomaru - afirmó, y alrededor de ellos fueron expuestos los recuerdos del menor, en los cuales se podía apreciar él junto a una hermosa mujer de cabello azabache.
- ¡Kagome! - grito el nombre de la chica.
- Ella sí merece tu protección, protégela - dijo mientras comenzaba a desaparecer.
- Espera padre dime a qué refieres con eso - se acercó a su progenitor.
- Debes despertar Sesshomaru, el tiempo se acaba...
- ¡Kagome! - gritó levantándose de golpe.
Se sentía desorientado y aturdido. Su cuerpo se sentía liviano, y definitivamente menos agotado. Su energía demoníaca había vuelto completamente, tanto que podía sentir a su bestia interna rugir en su conciencia.
Buscó a la miko con la mirada, pero le aterró no encontrarla. Se incorporó completamente del suelo y se fijo en el inmenso cráter donde estaba parado. No recordaba mucho lo que había pasado, pero si sabía que la miko había usado todo su reiki, pues aún lo podía sentir latente en el aire, más sin embargo la presencia de ella no. Comprendió entonces que aquel sueño que tuvo con su padre no fue una simple coincidencia, si no que trataba de ayudarlo.
Levitó unos metros y rugió con furia al sentir levemente el olor de cierta pelirroja.
- Esa mujer... - dijo con voz ronca.
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Destino
Hayran KurguUna maldición acecha al gran youkai Sesshomaru, quien resignado va en busca de la única mujer que lo podría ayudar. Una nueva aventura comienza, donde el peliplateado y cierta azabache tendrán que viajar juntos. Los sentimientos de cada uno saldrán...
