Capítulo 21

2.8K 289 35
                                        

Un nuevo día había llegado. Los cálidos rayos del sol comenzaron a infiltrarse lentamente por los frondosos árboles, y los animalitos salían feliz de sus hogares por un nuevo día. La noche había sido extremadamente fría, por lo que ambos humanos trataron de mantener la fogata hasta el amanecer, pero el cansancio pudo con sus cuerpos, y unas horas después solo quedaban las cenizas donde una vez hubo una cálida llama.

Kagome despertó cuando la luz del sol llegó hasta su rostro. Se incorporó con pereza, y con el cuerpo entumecido. 

Al estar completamente de pie, estiró sus brazos sobre su cabeza, y sintió el crujir de algunos huesos acomodándose.

- Esa si que fue una mala noche... - se quejó la azabache.

Miró con recelo a su compañero, él estaba rodeado por su gran estola, y se veía muy cómodo ahí.

- Al menos alguien pudo dormir bien - dijo para sí misma.

Tomó su arco decidida a buscar comida, pues ya sentía su estómago protestar por la falta de alimentos.

Se internó en el bosque en busca de algún animal al que pudiese cazar, pero para su mala suerte, solo se topó con serpientes unos cuantos bichos. Bufó con molestia, ya tenía mucha hambre.

Unos minutos más, observó entre los árboles lo que parecía ser aguas termales. Con felicidad corrió para comprobarlo y al llegar se sintió aliviada al descubrir el pequeño lugar. 

- Oh... el agua está perfecta - suspiró cuando la tocó.

Para su desgracia, ahí no podía cazar ni encontrar algo para comer, pero sí podría darse un merecido baño.

- Bueno, solo un poco y ya después voy a cazar - dijo mientras comenzaba a sacarse su ropa.

Cuando la última prenda cayó, se introdujo con lentitud en las tranquilas aguas, y un pequeño gemido de satisfacción salió de sus labios. Realmente necesitaba un baño así.

Dejó reposar su espalda en una roca y cerró los ojos con lentitud. Aquello era muy relajante.

En su cabeza no dejaba de pensar en el ritual y si el peliplata lograría encontrar a Takeshi. Si el sello funciona, Sesshomaru tendría más tiempo para deshacerse de la maldición, pero al final no serviría de nada si no logra encontrar al youkai que controla el elemento del agua.

Suspiró con pesar, ya no sabía cuantas veces había pensado en lo mismo, ya comenzaba a sentirse enojada consigo misma por darle tantas vueltas al asunto. Ella tenía que confiar, ella ayudaría al Lord a conseguir su propósito, por lo que no era necesario preocuparse tanto.

Se incorporó con suavidad y dejó su torso al descubierto. El agua caía con rapidez de su largo cabello azabache y su piel a la luz del sol parecía increíblemente suave y blanca.

Llevó una de sus pequeñas manos a su hombro derecho, donde hace poco había tenido una profunda herida. En ese momento solo se podía apreciar una fina línea estropeando su piel, pero eso no era relevante para la chica, sino como se había curado. Reconoció para sí misma la efectividad de la saliva del Inu, aunque en ese momento fue muy vergonzoso.

- Con que aquí estabas, mujer - dijo una voz a su espalda.

- ¡Sesshomaru! - gritó exaltada cuando volteó a verlo.

- Vaya, si que te gusta exhibirte, miko - se burló él.

La pelinegra cubrió sus pechos con sus brazos y se introdujo de nuevo al agua, mientras sentía sus mejillas arder de la verguenza.

- ¿Por qué viniste? - preguntó la chica sin verlo.

- Cuando desperté no estabas, y como no tengo mis poderes no podía sentirte - explicó.

DestinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora