Después de aquella conversación tan desagradable, Sebas salió por la puerta del bar por no continuar dando voces. Ya lo conocía y eso no había acabado ahí a pesar de que le dejé clara mi decisión. Por supuesto, no lo hizo sin antes despedirse de mi familia muy educadamente.
- ¡Adiós familia!
- ¡Adiós yerno!
- ¡Que tengas un buen día!
Mi abuelo ya se barruntaba que había algún problema, aunque mis padres y mis hermanos seguían en su ambiente festivo.
- Bueno hija, y ¿Cuándo será la boda?
- Mamá – bufé y volteé los ojos, cansada – no tenemos nada claro ni decidido, dejad las preguntas y las celebraciones porque tenemos que hablarlo todo bien, no hay nada seguro, os habéis adelantado...
- ¿Por qué estás así, Luisi? Deberías estar feliz – preguntó mi padre algo preocupado
- Porque Sebas me pidió matrimonio, pero yo aún no le he respondido. No sé si quiero casarme
- Claro que quieres casarte, Luisita – soltó mi madre – todas las mujeres quieren casarse y formar una familia
- Bueno pues yo no lo sé, mamá, yo no lo sé ¿vale?
Rompí a llorar de la rabia y me metí en la cocina. Ahora sí que el mundo se me vino encima. No me importaba romper toda mi vida con Sebas, ya era al fin y al cabo una muerte anunciada, pero la idea de decepcionar a mi familia me hundía y me hacía polvo. Y hasta ese momento no me había dado cuenta de hasta qué punto podría hacerles daño.
Al cabo del rato entró mi abuelo con prudencia.
- Charrita ¿se puede?
- Sí, abuelo, pase
- Mujer, no estés triste, una madre siempre sueña con ver a su hija en el altar, pero te apoyará si consigue entender que no te hace feliz
- Abuelo – le miré a los ojos – me hizo elegir y usted me dijo que...
Me abrazó sin dejarme terminar
- Aléjate de él, Luisi, no lo pienses más. No te hace feliz y eso se ve a la legua
- Ya, pero no es tan fácil, abuelo – dije entre sollozos – son muchos años, él ya es parte de la familia y... no quiero hacerle daño a nadie
- Tienes que pensar en ti, charrita, tú eres lo más importante
- Usted sabe que yo no soy así, que miro por mi familia antes qu e por mí, siempre
- Pues eso tiene que cambiar, pequeña ¿me oyes?
- Lo intentaré
- ¿Por qué no te tomas la tarde libre y te vas con tu amiga? – levantó las cejas – al menos cada vez que vuelves de estar con ella tienes otra cara, estás más feliz
- Pues se lo agradezco, porque hoy había quedado con ella para ir a sus ensayos al local de María
- Pues claro, disfruta y te despejas de todo esto ¿cómo está ella?
- Pues de las palizas está algo mejor, pero está bastante preocupada por mí, por mi relación con Sebas y como me puede perjudicar todo esto
- Esa chica merece la pena, no la dejes escapar. Una amiga así no se encuentra todos los días
- Lo sé, y lo voy a tener en cuenta siempre
- Bueno anda, termina esas tortillas y te vas a casa – dijo levantándose – yo me las apaño aquí esta tarde
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Ella. Luimelia.
FanfictionLas cuatro paredes del libertad 8 son testigos de canciones, ideas e historias que aún deben estar escondidas.
