Aprobar los exámenes bimestrales con buenas calificaciones es la única preocupación de Nadia, una risueña adolescente con notas desastrosas. Convencida de que debe hacer algo al respecto, acepta el consejo de sus profesores y busca ayuda de la perso...
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Ella.
La única persona cuya presencia me genera una inquietud que no me esperaba se encuentra ahora frente a nosotros mirándonos como si fuéramos Romeo y Julieta reencarnados en este siglo. Es decir, con una expresión entre fascinada y sorprendida. Yo estoy todo lo contrario, verla ha sido para mí lo más cercano a sufrir un paro cardiaco de una micra de segundo. Exactamente así, sin exagerar. A pesar de que en su rostro hay una gran sonrisa plasmada a causa de nosotros, no puedo evitar sentir cierta desconfianza hacia ella. No porque me haya hecho algo o porque su presencia haya significado un obstáculo en mi relación con el sabelotodo, sino porque sé lo que ella significa para él, para Raph. Esta chica con la que nos acabamos de encontrar precisamente hoy que es nuestra primera cita es, además de eso, su primer amor. También su primera novia; es, en resumidas cuentas, su primera vez en casi todo.
No sé cuál sea mi expresión en este momento, pero opto por transformarla en una sonrisa parsimoniosa. A fin de cuentas, no tengo nada en su contra. Confío en Raph; él me ha demostrado que es feliz a mi lado y se podría decir que me ha abierto su corazón. No tengo por qué dejarme llevar por mis propias inseguridades sin fundamento. Debo discernir bien si se trata del sabelotodo.
—Jamás pensé encontrarlos aquí —comenta, acercándose un poco más hacia donde estamos después de haber comprobado que, en efecto, somos nosotros—. Vine de compras con mi mamá, pero al parecer me descuidó un segundo.
Después de ese comentario suelta una pequeña carcajada. Su mirada recae en Raph, quien hasta el momento no ha abierto la boca. Él parece notarlo, pues sus ojos se desplazan hasta donde ella se encuentra con la intención de comentar algo.
—Sabía que la señora Penny no te dejaría venir sola.
—La conoces tan bien. —Ella rueda los ojos como fastidiada antes de dirigirse al sabelotodo con tono confidente—. Como cuando le pedimos permiso para visitar a mi papá, tampoco nos quiso dejar ir solos, ¿te acuerdas?
Raph asiente.
—Seguro debe estar preocupada, no debiste alejarte.
—Quería saber lo que era la libertad; normalmente no me deja salir si es que no está ella o la señora que me cuida.
De pronto siento como si hubiera quedado fuera de su conversación, lo cual en parte no me molesta ya que yo no sabría qué comentar acerca de lo que están hablando, puesto que a Ella y a su situación apenas la conozco. Aun así, algo en mi interior me hace sentir un tanto decepcionada. Esta se suponía que iba a ser una noche solo de nosotros dos. Que Raph iba a recordar nuestra primera cita como un momento que pasó solo conmigo. No se siente bonito saber ahora que tu novio recordará su primera cita contigo porque su exnovia se apareció en ella también. Me siento tan frustrada que quisiera desaparecer. Todo esto hasta que Raph busca mi mano y la rodea con la suya. Mi pulso salta sin poder hacer nada al respecto. Por supuesto que este acto no pasa desapercibido a ojos de la rubia que nos observa; sin embargo, no percibo en su rostro alguna expresión de dolor, molestia o algo por el estilo. Es más, nos mira divertida.