Aprobar los exámenes bimestrales con buenas calificaciones es la única preocupación de Nadia, una risueña adolescente con notas desastrosas. Convencida de que debe hacer algo al respecto, acepta el consejo de sus profesores y busca ayuda de la perso...
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Camino en compañía de Boward hasta el comedor y rápidamente nos enlistamos en la fila del almuerzo.
—Mira a esa rubia de allá.
Stephen señala con la mirada hacia una estudiante de otra sección que se encuentra sentada en una mesa del comedor retocando su maquillaje con la vista puesta en un espejo que sostiene con la mano derecha; yo me giro solo para que no diga luego que no le hago caso, ya que siempre suelo ignorarlo cuando se trata de contemplar chicas o de admirarlas. Y él lo sabe bien. No me interesa mirar a ninguna. Después de escanearla y de haberla estudiado durante unos segundos, él se encarga de categorizarla en una escala del 1 al 10, otorgándole un 7.
Desde hace días ha estado tratando de buscar en cualquier chica algo que lo haga distraerse de lo que sea que esté pasando por su cabeza, pero no una distracción que consista en llevar una "relación", sino más bien, un estímulo agradadable a su vista que lo haga olvidarse de algo. O de alguien, quién sabe. Ese extraño comportamiento en él no ha hecho más que molestar de cierta forma a Sabrina, quien ha pedido una explicación ante el repentino interés de Stephen por fijarse en toda chica que se le presente delante, cuando antes no había sido así; además, pidió que le dijera el motivo de dicho comportamiento. Comportamiento que, cabe mencionar, extrañamente comenzó cuando intercambió su lugar con Hussel, sentándose con Alessandra Turner. Es por esa razón que nuestra mejor amiga de hace años, no está ahora con nosotros.
—Vamos, tienes que admitir que estaba muy linda.
—Es la décimo octava vez que te escucho decir lo mismo de una chica diferente en todo el día —respondo, mientras esperamos en la fila para recibir nuestros alimentos—. Sabes que si quieres hablar de algo, puedes decírmelo.
—¿A qué te refieres?
—He oído cosas sobre Turner y tú.
Él niega con la cabeza al oírme, pero sé perfectamente que algo oculta. Su rostro cambia de expresión, de una divertida a una seria.
—Lo que sea que hayas oído, no es cierto. Nos odiamos, ella a mí por quitarle esta pulsera —Me muestra la misma que lleva puesta en su muñeca—, y yo a ella por robar mi diario. Es todo. Oh, por cierto, robo que fue gracias a tu querida Nadia.
—No empieces.
No sé desde cuando ha cultivado la idea de molestarme con Hussel, pero lo cierto es que se ha vuelto costumbre en él. Y la verdad es que no me hace tanta gracia. Al parecer, se ha confundido de hermano. Solo eso explicaría esa idea tan errada. Después de mi firme respuesta, se hace silencio entre los dos. No me molesto en sacar otro tema de conversación, sino que centro mi mirada en las mesas del comedor, tratando de buscar una vacía en la que podamos sentarnos cuando nos entreguen nuestra comida. La fila avanza despacio, aunque ya estamos cerca de ser atendidos.