Eduardo soltaba un par de lágrimas mientras se mantenía acostado en el sofá del comedor, con la cabeza apoyada en la falda de su Madre, ella le acariciaba su cabello con lentitud y trataba de encontrar palabras para calmarlo, pero no podía.
La puerta de entrada se abrió y Jonathan dejó su bolso a un lado, Eduardo se puso de pie y le abrazó con mucha fuerza, escondiendo su cabeza en el hombro del mayor.
—¿Ha ido muy mal? —preguntó él asustado.
—Mas o menos —dijo la mujer presionando sus labios —El doctor ha dicho que... o lo ha llamado... —la mujer tomó la carpeta celeste que estaba sobre la mesa —Hipertrofia en el ventrículo izquierdo —ella aún no sabía bien que significaba aquello, pero eso estaba escrito en los resultados del examen de Eduardo.
—La otra vez era la medicina, pero ahora esto es peor —dijo Edu alejándose de su Padre mientras sus lágrimas seguían saliendo —Estoy más enfermo de lo que creí que estaba.
—¿Qué? ¡No! Claro que no —Su Padre le volvió a abrazar —es solo una tonta enfermedad por tener tanto amor guardado en tu corazón —sonrió —Ahora, ¿Cuáles son los tratamientos?
—En su mayoría son muy parecidos a los del asma, con un medicamento especial —respondió Sarah —Si Eduardo siente dolor en el pecho, cansancio extremo o desmayos, mareos... debemos ir al doctor, cualquier cosa que ocurra es importante chequearla.
—Nunca más vas a esconder un dolor así ¿De acuerdo? —Su Padre le miró a los ojos —Por favor, ¿Me lo prometes?
—Supongo.
—Nada de supongo, prométemelo Eduardo.
—Si Papá, lo prometo —el chico limpió sus mejillas —Voy a... ir a mi cuarto, me quiero recostar ¿Me llaman para cenar?
—Claro —dijo él —Y tranquilo ¿Si? Todo va a estar bien siempre, solo debes cuidarte y tu Madre y yo estamos también para eso, vas a cumplir 30 años algún día y seguiremos allí como si tuvieras 8 ¿Vale?
—De acuerdo —rió Eduardo, sonriendo de forma sincera y luego subiendo las escaleras para tomar asiento en su cama, el chico llamó a Lautaro para avisarle que tal había salido todo con el doctor, pero al igual que anoche, el teléfono del rubio sonaba apagado.
Sintiéndose preocupado, le marcó al móvil de Galia, la chica tardó un poco en responder pero atendió la llamada saludando con amabilidad y cariño.
—Holi Edu, ¿Cómo estás?
—Eh... bien —dijo mordiendo su labio inferior —Oye, estoy llamando a Lautaro desde anoche y no me responde ¿Has hablado con él? Estaba teniendo problemas con su Padre y me preocupa un poco.
—De hecho lo llamé ayer ya que Collin quería que le diera las buenas noches como siempre, pero no me respondió, voy a marcarle a sus Padres y fingiré estupidez, te llamo, dame cinco minutos —Eduardo aceptó y colgó, pero Galia tardó más de lo que esperaba en regresar el llamado.
Mientras Eduardo bajaba las escaleras después de que su Madre le pidiera que se acercara a cenar, él comía de mala gana y su móvil comenzó a sonar, sin importarle mucho la regla de no usar teléfono mientras se come, respondió:
—¿Hola?
—Edu sus Padres me... me han dicho que Lautaro se fue ayer de casa, he llamado a Mckay pero tampoco me responde.
—¿Qué? Pero... ¿Y dónde está?
—No sé Eduardo, me estoy comenzando a preocupar —Edu miró a su Padre, sintiendo en su pecho que algo andaba muy mal.
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Solo Tú
Teen FictionEduardo es un chico que puede sonreír o asentir durante todo el tiempo sin problema, pero cuando la puerta de su habitación se cierra, una oscuridad pinta las paredes de su cuarto, Edu vive soportando un secreto que lo destruye y lo aleja de la feli...
