Rodolfo sentía como su teléfono vibraba en su bolsillo, por lo que tuvo que interrumpir a Eduardo, se puso de pie y guardó su móvil en el cajón de su escritorio, regresó al sofá y miró a Edu mientras se volvía a disculpar.
—Lamento la interrupción, es mi hijo —dijo —¿En qué estábamos?
—En realidad yo no estaba hablando nada —respondió Eduardo asintiendo —¿Tiene un hijo?
—Joven, igual que tú.
—Creí que... usted era más joven, ¿Qué edad tiene?
—32 —dijo Rodolfo —Dime que parezco de 25, por favor, ya que lloro todas las noches por culpa de las arrugas que están comenzando a aparecer en mis mejillas —Eduardo rió con sinceridad y suspiró aliviado.
—Bueno... creo que ya he estado la hora acá, ¿Cree que podría irme? Se me hace algo tarde y aún tengo un compromiso esta noche.
—Una última cosa.
—Si, me estoy tomando el medicamento, lo prometo.
—No, yo...
—El diario, estoy pensando en volver a escribir, pero ahora no siento que...
—¿Quieres dejarme terminar mi pregunta? Por favor —Rodolfo rodeó la mirada, para Edu fue algo gracioso, por lo que asintió mientras presionaba sus labios ahogando una carcajada —Levanta tu mano derecha, ¿No eres zurdo, cierto?
—Asmático y zurdo, lo que me faltaba en mi vida.
—Vale, lo entiendo, no eres zurdo, levanta tu mano derecha —Eduardo lo hizo mientras se sintió un poco tonto al obedecer —Esta es la mano más importante para ti, es prácticamente con lo que haces todas las cosas que son vitales, como escribir, sostener la comida para comerla, el vaso de agua que tomas todas las mañanas, o incluso es la mano que posee los dedos que muerdes cuando estás nervioso.
—Una oda a la mano derecha, interesante.
—Mi punto es, señor apresurado —A Rodolfo le encantaba el sarcasmo de Eduardo, porque significaba que el chico no se guardaba sus pensamientos con él —Quiero que hagas un ejercicio, y me hables de eso la próxima vez que tú y yo nos veamos; quiero que a cada dedo le pongas un nombre, y le digas te quiero.
—Que absurdo, ¿Es en serio? Es lo más raro que...
—Un dedo puede ser tu Madre, otro tu hermano... quizás otro tu Padre, no lo sé, solo digo, que escojas cinco personas en tu vida y les digas que los quieres, solo cinco, un dedo para cada persona.
—Déjeme ver si entiendo —Eduardo miró su mano y pensó en que personas podía hablar —Quiere que escoja cinco personas en mi vida, les diga que les quiero y todo contado por los dedos de mi mano derecha.
—Bueno... has eliminado un poco mi metáfora...
—Si, por que daba asco.
—Puedes irte Eduardo, pero no olvides este ejercicio —Eduardo asintió algo agotado de solo pensar en cinco personas que quizás no existen en su vida, se despidió del psicólogo y salió de la habitación.
Tomó asiento en su camioneta, miró su mano derecha y pensó que sería una estupidez estarle diciendo a personas que los quería solo porque sí, era algo tonto que no haría.
En la Universidad aún tenía una clase pendiente, así que Edu condujo hasta allí, se estacionó y caminó apresurado al salón de clases, tomó algunos libros de su bolso y Josefina le hizo compañía.
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Solo Tú
Novela JuvenilEduardo es un chico que puede sonreír o asentir durante todo el tiempo sin problema, pero cuando la puerta de su habitación se cierra, una oscuridad pinta las paredes de su cuarto, Edu vive soportando un secreto que lo destruye y lo aleja de la feli...
