Se había ido. Daphne me lanzó la bomba y se marchó, sin darme la chance de preguntarle a qué se refería. Quería pensar que era un mal entendido, pero su actitud dolida me indicaba lo contrario.
Salí de la sala de clases cabizbajo por todo lo ocurrido y me encontré con un par de zapatos que, sin conocerlos, sabía a quien pertenecían.
–¿Ahora si hablarás conmigo?
La voz de Theodore era calmada, como si ya no quisiera presionarme. ¿Qué más tenía que perder? Aparentemente nada de lo que había vivido en mi adolescencia se estaba repitiendo acá, así que nada de mi futuro probablemente sería igual.
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Había perdido todo.
Familia incluida.
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–No tengo nada mejor que hacer –respondí, encogiéndome de hombros, realmente desanimado.
Él asintió y con un ademán me invitó a seguirlo, así que lo hice, por inercia. Caminamos en silencio por el castillo hasta llegar al invernadero, que estaba vacío dado que hoy no había clase de Herbología. Corrió una mandrágora y se sentó encima de una mesa. Imité su acción y quedé al frente, esperando que escupiera sus palabras. Él era el interesado en hablar conmigo, yo no.
–Lamento haberte abordado sin anestesia anoche –me dijo, comenzando a balancear sus pies de forma lenta–, pero me sorprendió mucho verte. Tú no perteneces aquí.
Lo taladré con la mirada, impaciente. No estaba del mejor ánimo y realmente no tenía ganas de escuchar las rarezas de Nott. Sus palabras sólo debían ser una casualidad. Era imposible que supiera que en realidad yo no pertenecía ahí.
–No sé a qué te refieres –respondí indiferente.
–Lo sabes perfectamente, Draco.
–No me creerías –aseguré.
Él me sonrió de una forma extraña, entre cómplice y macabra.
–¿Sabes? –suspiró, mientras hacía crujir los dedos–. Tengo un don peculiar, heredado de mi madre. Puedo ver y sentir las vibraciones de las personas. Cada cual propaga ondas particulares con su mera existencia, pero siempre dentro de un mismo rango –lo miré confundido, pero él continuó como si nada–. Sin embargo, tú de pronto dejaste de vibrar y comenzaste a oscilar. Justo después de que te golpeó la bludger.
Me reí con ganas.
–¿Acaso vibrar y oscilar no son sinónimos?
–Lo son, pero no es lo mismo técnicamente. Difiere la amplitud. Además, en la vibración hay intercambio entre energía cinética y potencial elástica. La tuya es gravitatoria.
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Jodido loco.
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–Me atrapaste. Vengo del futuro –le solté repentinamente de forma jocosa, pues a pesar de estar diciendo mi verdad, era improbable que me creyera.
Ahora fue Theodore quien carcajeó.
–Buen intento. No eres del futuro, al menos, no de este. Dime, ¿de dónde vienes?
Sentí mis músculos faciales contraerse. Esta conversación ya no me estaba gustando y no pretendía continuar con ella. Nott tenía que estar en un manicomio, no en Hogwarts.
–¿Disculpa? –sisee ceñudo–. Ya te dije de donde vengo. Si no me quieres creer es tu puto problema. Ahora déjame en paz.
Me bajé de la mesa y le di la espalda, pero antes de poder salir del invernadero, él tomó mi hombro para detenerme.
–Yo sí vengo del futuro, y no por ello dejé de vibrar.
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¿Cómo dices qué dijiste?
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–Me estás jodiendo.
–¿Lo estoy?
Giré lentamente hasta quedar frente a él. Su cercanía violaba todo mi espacio personal, pero parecía que él no se daba cuenta de ello o le importaba una verga.
–Habla –demandé, quitándome su agarre de encima con un manotazo– y retrocede, mira que no le hago a los hombres.
Theodore me levantó una ceja divertido y retrocedió con las manos en alto, para luego llevarlas a sus bolsillos. Sus ojos entre avellana y verde brillaban y me daban escalofríos, notando por primera vez que su mirada no parecía la de un colegial.
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Santísima mierda.
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–¿Qué edad tienes en realidad? –solté antes de que retomara la palabra.
–Treinta y dos –contestó, visiblemente satisfecho de que le creyera–. ¿Y tú?
–Cuarenta.
Cambié el peso de mi cuerpo a la otra pierna y me crucé de brazos.
–¿Cómo llegaste acá? –preguntó, desviando la mirada a sus zapatos.
–Por accidente –solté escuetamente–. ¿Y tú?
Theodore elevó la vista, observándome de una manera que hizo que el alma se escabullera de mi cuerpo. Era como si un dementor hubiera aparecido a sus espaldas, ya que parecía que la tristeza y la desolación lo habían desbordado, dejando solo una cáscara vacía.
–A propósito –confesó, y el color de su voz me estremeció–. Tenía que cambiar lo que había pasado.
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Alter Ego
FanfictionCualquiera desearía tener una segunda oportunidad para enmendar sus errores, pero Draco Malfoy no era "cualquiera", no cuando cualquier cambio en el pasado podía quitarle su preciado presente. Sin embargo allí estaba, por su propia culpa, tratando...
