Capítulo 8

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Irina

Ante mi insistencia al fin Fared fue al cuarto a ver si se deshacía de la rata, pero al parecer no la encontramos. 

—¡No, no te vayas, tenés que matarla! —grito nerviosa.

—Ese animal no está, suficiente con que me fijé —se queja.

—Pero puede estar lista para atacarme cuando menos lo espere.

—Es una rata —expresa como si yo estuviera diciendo estupideces.

—Jacky lo resolvería, se quedaría a esperar. —Hago puchero—. Hasta Esmetriah, que es mala, me hubiera mandado un guardia a vigilar.

Frunce el ceño.

—Las personas te consienten porque eres una niña escandalosa, pero yo no soy como ellos, yo no me voy a apiadar ni enternecer con tu estupidez inocente.

—¡Te voy a acusar! —Lo señalo—. ¡Jacky te pondrá en tu lugar!

Se ríe.

—No me amenaces. —Se acerca hasta mí intimidante y retrocedo—. Yo puedo hacer peores advertencias que las tuyas, niña. —Saca de su ropa el collar de Rebecca y me agarra un escalofrío—. ¿Sabes lo que significa, verdad?

—No lastimarás a Rebecca, no está cerca. —Trago saliva.

—¿De verdad quieres tentar a la suerte? Entiéndelo de una vez, deberías estar muy lejos de mí. Ríndete y lárgate ahora, es tu oportunidad de volver con tus amiguitos, para que nadie salga herido.

—No lo haré. —Mis ojos se humedecen, me continúa mirando enojado, así que me cubro la cara—. Eres malo...

Lágrimas mojan mi rostro, pero no voy a dejar que las vea, porque no me voy a rendir.

Se forma un silencio.

Me estremezco cuando siento su mano sobre mi cabeza.

—No llores...

—Ay, soy malísima ocultando. —Hago puchero.

—Baja esas manos —me pide.

Despacio desciendo mis dedos pero no sin antes refregarme los ojos, veo que ya ha guardado el collar.

—¿Qué? Eres cruel —digo con tristeza.

—Mira lo que hiciste, así no puedo mantener una promesa —exclama frustrado—. Entiende que no me puedes pedir amabilidad, no soy así... —Desciende sus dedos desde mi cabeza para recorrer mi cabello hasta las puntas suavemente—. Necesito que mantengas distancia —parece que ruega—. Tú no entiendes lo malo que puedo llegar a ser.

—Eso no es cierto, liberaste a tu gente, intentas cumplir una promesa y además ayudas con la maldición, hay bondad en ti. —Sonrío pero nerviosa.

Entrecierra los ojos, así que me sobresalto, rápido suelta mi pelo, su mano está tensa.

—Solo soy un hombre de palabra, maldita seas, Irina, no todo el mundo es buena gente, ¡entiéndelo de una vez! —me grita y me asusto—. Ya me voy —Se va directo hasta la puerta, pero de detiene—. Ahí está tu maldita rata.

—¡Ah! —grito cuando la agarra y me tapo los ojos cuando la estruja—. ¡Ay no!

Puedo oír el chillido del animal en todo el cuarto.

Fared bufa, lo oigo caminar, abrir la ventana, entonces bajo las manos y veo que lanza a la rata lejos.

—¡¿Qué haces?! —grito otra vez.

—Evito generarte un trauma, yo que sé. —Se va rápido y oigo un portazo bien fuerte.

¿Qué le pasa?

Reacciono y corro a la ventana, así rápido la cierro por las dudas, que a ese bicho se le dé por volver, pero con el susto que le dio Fared no creo que regrese.

Belleza del Cielo #3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora