Capítulo 37

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Fared

Me reúno con el líder del Reino de las sombras en la sala donde parece ser que administra todo su trabajo. Miro a los guardias que están a los lados de la puerta abierta, les sonrío cuando me observan de mala manera y avanzo para sentarme en la silla de enfrente del escritorio que tiene el rey. Él se sienta en una que parece un trono y se pone a escribir con una pluma sobre el papel de la mesa.

—Entonces Logan mató al sacerdote —comienzo—. ¿Por qué no se deshicieron de él? Digo, asesinó al que más sabia del culto.

—Pues... —Zionitt no deja de mirar sus papeles—. Él conocía más que el propio sacerdote, era hora de cambiar el séquito. —Me entrega un documento—. Mostrando esto ya nadie te tratará como un esclavo, ni si quiera mi hermana, ya me encargué de informarle. —Continúa con su papeleo.

—Gracias. —Guardo la hoja—. Ahora ese demonio está muerto, ¿cómo la remplazarán? Con este cambio tan brusco, no será nada bueno.

—Que el culto se encargue. —Al fin me observa—. De todos modos el dios de las tinieblas, ya está en camino, se ha logrado lo que en siglos no parecía posible.

—Ya veo. —Hago una pausa—. ¿Tienes alguna idea de por qué no quiere deshacerse de la maldición?

—No, la respuesta solo la tiene él.

Me inclino para levantarme, entonces empiezo a irme.

—Entiendo, gracias por su comprensión y buen trato, su hospitalidad es muy importante ahora.

Sueno bastante hipócrita, pero en calidad de general, cuando hacía tratados, también me notaba así. Fingir amabilidad es algo que me irrita demasiado. A pesar de que soy bueno actuando de esta manera, a veces me gustaría matarlos a todos.

No controlo cuando me convierto en una bestia y tampoco cuando mi mente desea asesinar.

No puedo cambiar a mi antojo, no puedo pensar como quiero, es tan frustrante.

Ese niño pequeño que se encuentra en el fondo de mi ser solo quiere dejar de llorar y perderse para nunca regresar.

—Ah, general —expresa el Rey y me detengo antes de llegar a la puerta.

Me giro para mirarlo.

—¿Sí?

—¿Hablaba en serio sobre la unión de mi hermano y la diosa del cielo?

Sonrío.

—Por supuesto, se nota que es buena persona. —Todo lo contrario a mí—. Se puede confiar en él, lo vi con mis propios ojos. —Eso es sincero aunque suene hipócrita con mi tono de voz.

Es que lo odio.

—¿Puedo tomar en serio su sugerencia entonces? —consulta.

—Solo si Irina quiere —digo firme.

Asiente y me retiro.

Fuera de la sala me encuentro con esa mirada desafiante y con sus brazos cruzados en desaprobación.

Toda una guerrera.

Sonrío.

—Jacky.

—¿Qué crees que estás haciendo? —expresa indignada, la gran Belleza del Desierto.

—Escuchando conversaciones ajenas, tan natural en ti —me burlo.

—¿El Rey nos tiene de invitados y tú ofreces a Irina en matrimonio? —Alza las manos—. ¡¿Qué te pasa?!

—Ya no la atacarán más, Alisther es un buen chico, ¿qué más quieres que te diga? —me burlo.

—Deja tu cara de hipócrita, a mí no me engañas.

—Creo que mi rostro de engañoso es más de Wash, ¿no? —Me río.

—¡Sé perfectamente que te gusta Irina! —dice directo y frunzo el ceño.

—No te metas en terrenos peligrosos o te va a ir mal —amenazo.

—Pero es verdad, ¿no? A mí no me engañas, Wash. —Pone las manos en su cintura—. He estado mucho tiempo contigo como para no saberlo.

—No creas que somos amigos.

—No, peor, fuimos novios. —Enarca una ceja.

Me carcajeo.

—¿Y eso te hace conocerme?

—Cuando estabas borracho sí —se burla.

Ruedo los ojos.

—¿Y eso qué?

—Niña escandalosa —utiliza el apodo con el que a veces llamo a Irina y sonríe con malicia—. ¿Crees que no la has nombrado cuando te encontrabas ebrio?

—Sigue insistiendo y te golpearé tan fuerte que habrás deseado no haber nacido —amenazo fríamente.

—¡¿Por qué no lo admites?!

—Si admitiría eso tendría que morir. —Se queda muda cuando digo aquello y avanzo por su lado para luego agregar—: Todavía no puedo fallecer, tengo que encargarme de una maldición. —Me detengo y me giro a mirarla—. Intento que tenga una buena vida y están interrumpiendo mi misión.

Se da la vuelta también, de manera muy brusca, para observarme directo.

—¿Morir? ¿Por qué no vivir? ¿Por qué no estar incluido en esta vida?

—Porque la vida no me dio esa oportunidad y simplemente lo acepté, lo acepté hace mucho tiempo. No puedes cambiar mis pensamientos de un día para el otro, Jacky, así no funciona.

Belleza del Cielo #3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora