Capítulo 36

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Irina

En frente de aquel gran portón, mi cabello se mueve con tanto viento. El cielo está tan nublado que se pueden escuchar muy fuertes los truenos, retumban. Frunzo el ceño, entonces aquella ventisca rompe con fuerza las puertas, las cuales salen disparadas a cualquier parte.

Avanzo mientros los guardias se acercan y salen volando. La llegada del líder del Reino de las Sombras me detiene, solo porque necesito preguntarle.

—¿Usted tiene que ver con lo que ocurrió en la guarida del sacerdote? ¿Sabe dónde está? —Miro a Fared que viene corriendo detrás de mí, él cual se frena cuando me alcanza—. Se supone que es el que sabe sobre la maldición, ¿no?

—Sí pero... —El rubio me observa preocupado—. Debes detenerte, te desmayarás.

—No por ahora —le contesto fría y luego vuelvo a hablarle a Zionitt—. ¿Lo sabes o no? —insisto.

—Conozco todo lo que ocurre en mi Reino. —El rey me observa inmutable—. El sacerdote está muerto, lo mató ese demonio, en nombre de nuestro dios.

—Él... —Lo recuerdo de esa ilusión.

—No logró pasar, el ritual no se concretó, pero puedo asegurarte que ya no se te hará nada, palabra de monarca. —Me mira fijamente y acto seguido me hace una reverencia—. Diosa, él está a mitad de camino gracias a usted, se le agradece de verdad, y en nombre de mis siervos, me disculpo por sus malas acciones.

—¿A mitad de camino? —Lo miro confundida.

—Sí, entre el mundo de los vivos y de los muertos.

—Cierto, este es su plan.

—Él quería mantener la maldición intacta —agrega Fared.

—Sus razones tendrá —opina el Rey—. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar las decisiones divinas? Nadie.

—¿Y para atacarme? —digo molesta y se escucha un fuerte trueno—. ¿Esa decisión no aplica en su argumento?

—¡Su majestad! —grita un guardia preocupado por su monarca.

El viento se detiene cuando veo a Alisther llegar y ponerse delante de su hermano.

—Irina —me pide el príncipe—. No lo hagas.

—Alisther, yo... —Me pongo nerviosa y mi cabello comienza a cambiar, volviendo a ser en una velocidad lenta de color castaño—. No pretendía...

—Te entiendo —me interrumpe y me regala una sonrisa, luego vuelve a ponerse serio—. Escucha, supe todo hace muy poco, ni me imagino por lo que debes estar pasando, pero sé que eres una buena persona y seguro se puede arreglar de otra manera.

Mis ojos se humedecen.

—Es que...

—Está bien. —Me sonríe y luego mira a su hermano, volviendo a su seriedad—. ¿Ya se acabó toda esta locura? Espero que sí —le réplica.

—Claro —le responde Zionitt—. Yo le pedí disculpas personalmente, aunque no sé qué más podrían desear de mí.

—En primer lugar —intercede Fared y da unos pasos al frente—, quisiera que ahora que está todo aclarado, pues ustedes ya saben quiénes son ellas, así que quiero se me reconozca como el protector de las diosas y no un esclavo. En segunda instancia, necesito una reunión con su majestad, debe contarme a solas la muerte del sacerdote y en qué se relaciona el siervo de su dios, ese demonio, Logan ¿Puede ser?

—Estoy de acuerdo. —Asiente el líder y ambos caminan en una misma dirección.

—¡Fared! —lo llamo cuando pasa por mi lado y se detiene—. Yo debería ser quien esté averiguando. —Hago puchero.

—Tú... —Me mira y luego a Alisther—. Ven aquí, principito. —Hace una seña con su dedo para que se acerque y no muy convencido se aproxima.

—¿Sucede algo? —pregunta el Rey dejando de avanzar.

—No, solo que... —Fared toma mis manos y las de Alisther, entonces las junta—. Hacen una linda pareja, se podrían hasta casar. Como "casi" hermano de Irina, yo aprobaría este enlace —se refiere a que nos criamos juntos.

Me suelto y lo miro de mala manera.

—¡¡No arruines mi confesión!! —le grito indignada.

Mis mejillas arden y percibo el picor en mi garganta. Siento que voy a llorar de nuevo, pero no quito la mirada dirigida hacia él.

Fared sonríe.

Qué descaro.

—Ya estaba arruinada desde hace rato —se burla.

—¿Por qué eres así? —expreso estando indignada otra vez.

—¿Así cómo? ¿Un monstruo? Es normal, siempre lo he sido, eso ya lo sé.

Niego moviendo la cabeza.

—Yo no quise expresarme así, no me entendiste.

—Tranquila, todos lo piensan, es muy común —lo dice tan tranquilo y sonriente que da una fea sensación. Gira su vista hacia Alisther—. Principito, te doy mi bendición —dice de una manera tan hipócrita que asquea.

El príncipe se queda callado y soy yo la que sigue contestando.

—No mientas y deja esta estupidez.

—¿Por qué no me crees? —Vuelve a mirarme—. ¿Es por qué intenté follarte una vez? —expresa sin tacto y me estremezco—. Se lo hago a muchas mujeres, el sexo no significa nada para mí, solo ibas a ser otra de ellas.

—¡Te odio! —Levanto los puños y se me escapan algunas lágrimas—. ¡No digas eso!

—Gracias, esperaba que lo aclararas.

—No es cierto... —Lloriqueo.

—Te estás pasando —interfiere Alisther.

—Principito. —Se le acerca, lo rodea con el brazo y le da dos golpecitos en la clavícula—. Más te vale que le pongas empeño, la niña escandalosa es puro fuego. Tú la ves así de tímida, pero en realidad es otro cantar, muy candente.

Alisther se aparta de él y lo observa enfadado.

—Pienso que no es correcto hablar de la honra de una señorita de esa manera. —Se indigna.

—Cierto, es solo que... como soy alguien que le gusta meterse entre las sábanas de las mujeres de otros hombres, solo aconsejaba que la mantengas satisfecha.

—¡General! —lo llama Zionitt—. Deje a mi hermano en paz, las cosas de pareja se arreglan entre la pareja, no hay terceros. —El Rey mira a Alisther—. Será mejor que vuelvas a tu cuarto. —Luego me observa a mí—. Señorita —me saluda con una reverencia.

Veo como Fared y el líder del Reino de las Sombras se retiran, entonces se forma un silencio incómodo entre Alisther y yo, al quedarnos a solas.

Belleza del Cielo #3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora