Fared
Esta mujer me molesta, me tiene cansado. Miro el techo de la habitación de Ditia, mientras ella de aferra a mí en su cama. Siento que el colchón se hunde y tengo a la princesa sentada a horcajadas sobre mí.
—No te ves alegre —opina y toca despacio la cicatriz en mi rostro—. ¿Dónde está tu característica sonrisa? —expresa con un poco de burla.
Se cree superior.
Sonrío dejándole en claro que no lo es.
—Ambos sabemos porque estoy haciendo esto. —La tomo de la cintura.
Frunce el ceño.
—Eres mi esclavo.
Me río.
—Sí, claro —digo con sarcasmo.
Se acerca a mi rostro.
—Esto no es como la última vez que viniste, no llegaste como general con inmunidad del Reino de los Desiertos, no hay ningún papel que te proteja ahora.
—¿Por qué quieres tenerme? —pregunto tranquilo—. Sabes que soy un desequilibrado, podría romperte la cara en este mismo momento.
—Mira quién habla. —Toma mi barbilla—. ¿Esa cicatriz es para siempre? —consulta—. Digo, eres un metamórfico, ¿no? Deberías poder sacártela.
—Soy un híbrido, va a desaparecer, pero no a mi antojo. Si tanto te desagrada mi cara, deja de desearme y problema resuelto.
Se apoya sobre mis pectorales, poniendo sus manos delante y posando su cabeza allí, nunca deja de mirarme.
—Tontito, sabes perfectamente que si pasa eso, terminarás fuera de este reino, no conseguirás lo que buscas y hasta quizás mueras, a ti te conviene mantenerme contenta. —Revolotea las pestañas—. Además, me encanta todo tu arsenal. —Se muerde el labio inferior y se moviliza por mi torso desnudo, dejando besos allí—. Todo ese cuerpo trabajado es todo mío.
—No es momento. —Le tironeo del cabello cuando baja más de la cuenta.
—¿Qué? —Se relame los labios—. ¿No te gusta que te dominen? Cierto, tú eres como un animal, quieres ser el macho alfa.
—No digas bobadas.
La empujo, apartándola de mí, entonces me levanto de la cama, así que ella se ríe, manteniéndose recostada y regocijándose de mi actitud.
—¿Acaso no es verdad? —se burla—. Tienes garras como un animal y tus ojos también cambian, ¿no?
La ignoro, agarro mi yukata que estaba en el suelo, entonces me comienzo a vestir.
—¿Te avergüenzas de ese lado tuyo? —insiste en su tono burlón—. ¿Es porque no puedes cambiar por completo a ese animal o porque te parece raro? —indaga.
—Déjame en paz —digo a regañadientes.
—¿Por qué? ¿Vas a golpearme?
—De hecho...
No termino la frase que me giro y la agarro del cuello, se lo presiono estando furioso. Su cara comienza a cambiar de color, pero para mi suerte los guardias entran, entonces me separan de ella.
Ditia se cae de la cama y tose seguidas veces, me observa con odio pero luego sonríe.
—Lo admito, me pasé, te perdonaré esta vez. —Sonríe mientras se levanta.
—Prefiero el calabozo.
Se ríe.
—Qué gracioso.
Me suelto del guardia y me acerco hasta ella sonriente.
—Te lo dije, soy desequilibrado, vas a terminar mal —le aclaro con total tranquilidad.
Se agarra de mi cuello y revolotea las pestañas de manera traviesa.
—Esto solo me enciende más, estoy segura de que puedo domar a la bestia. —Se muerde el labio inferior.
—No existe mujer que haga eso.
—Te puedo obligar —dice con malicia.
—Soy un hombre que ha sido torturado muchas veces, no creo que lo logres.
—Ya veremos.
—Su alteza —dice el guardia interfiriendo en nuestra conversación—. El baile es en unas horas, su hermano me pidió que le avisara, será mejor que comience a prepararse.
—De acuerdo, consíganle algo a él también. —Me señala—. Quiero verlo vestido todo elegante.
Ruedo los ojos.
«Qué insoportable». Pienso.
Tengo cosas más importantes que hacer que esa fiestita ridícula. Es definitivo, esa fiesta me va a estorbar. Me he pasado todos estos días intentando averiguar sobre el sacerdote y nada. Solo espero que Irina sí haya conseguido algo, lo que sea.
Han pasado días desde que no nos cruzamos, lo prefiero así, pero mis sentimientos ya se habían acostumbrado a verla seguido.
Maldita sea, me duele de solo extrañar su pequeña presencia.
ESTÁS LEYENDO
Belleza del Cielo #3
Fantasy"Una promesa, una última respuesta". Saga Bellezas. *Por Viviana Valeria V.
