22. Mierda Country

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Día 10: Pretemporada

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Día 10: Pretemporada.

La muerte causada a una persona por otra es llamada homicidio. La muerte causada a un vecino de habitación extremadamente latoso, ruidoso e imbécil debería ser llamada misericordia. Solidaridad. Un favor a la humanidad.

A grandes zancadas fui hasta la puerta siguiente y golpeé con mi puño, la puerta que no era de madera doble o particularmente robusta - como las paredes- resonó el golpe.

— Apaga tu mierda country.

Pero él no respondió, más adelante la puerta de Dave se abrió unos centímetros pero inmediatamente se cerró de un portazo, como si temiera mi furia. Cobarde.

— ¡Méndez, bastardo miserable!

Entonces abrí la puerta para encontrar a Méndez tendido boca abajo en la cama, el idiota estaba durmiendo mientras por toda la habitación se escuchaba el inicio de Need you now por décimo octava vez consecutiva. Rugiendo busqué alrededor de la habitación por donde provenía la música, pero además de que la habitación era un maldito desastre con ropa, libros y quien sabe qué cosas en cada superficie disponible el bastardo debió esconder el parlante luego de nuestro último encuentro.

Fui hasta el costado de la cama y apenas con mínimo esfuerzo levanté el colchón con todo y el bastardo dormido en él. Méndez rodó hasta el suelo en una maraña de sábanas, ropa sudorosa y el colchón de tamaño individual.

— ¿Qué? ¿Qué pasa? — su cabeza de cabello rubio oscuro obscenamente sucio surgió entre el desmadre, parpadeó hacia mí — ¿Forbes?

— Apaga tu mierda country — cuando él no se movió lo suficientemente rápido le lancé un puñado de sábanas que lo terminó de espabilar — Apaga tu maldita mierda country si no quieres que te parta las malditas piernas.

— Valgame Dios, Forbes. ¿Perteneces a la mafia? — él se levantó al segundo esfuerzo y rápidamente sacó su teléfono del bolsillo del vaquero que usaba. ¿Quién demonios duerme con vaqueros? Entonces la música se detuvo y casi podía escuchar a cada persona en un kilómetro a la redonda exhalar de alivio — Y no es country.

Lo miré fijamente, a todo su cuerpo de metro setenta y cinco con noventa kilos, dejándole muy claro que podría usarlo de mondadientes si se me antojaba. Y que malditamente Lady Antebellum si era country en cada una de sus dieciocho versiones.

— Tienes razón. Totalmente country — asintió rápidamente levantando sus manos como si temiera que me lanzara encima de él en cualquier momento.

No hoy, pero si un día. Y sería mi pequeño apoyo al progreso de la humanidad.

Por el momento...

— Vístete, vamos a salir a correr — le tiré una chaqueta abullonada lanzada sobre una silla de cualquier firma. Él me miró horrorizado — Y no estoy preguntando, es un hecho.

El Quarterback Y YoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora